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miércoles, 29 de julio de 2015

Perder para no perder



"Así  que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres"
 (Juan 8:36).


Mediante este texto de las Escrituras, el Señor nos da la siguiente expresión: Cuanto mayor pérdida suframos por amor al Señor, mayor es la libertad. Cuanto más retenemos aquello que nos pertenece –lo que pertenece a nuestra carne, a nuestra alma– mayor es la esclavitud.

En el conocimiento de Cristo Jesús como nuestra vida, Él nos enseña a renunciar a todo cuanto poseemos, incluso nuestra propia vida.

Cuando recibimos esta Palabra de renuncia, al principio el fardo se vuelve inmenso.

Porque todos nosotros estamos sujetos a muchas cosas, estamos ligados afectivamente a muchas personas, principalmente a familiares y amigos que tenemos en el mundo.


martes, 14 de julio de 2015

El Verdadero Pan de Vida



Todos sabemos cuán bueno es el pan, más cuando el panadero se esmera en su elaboración.

Por ello el pan artesanal siempre ocupará un lugar especial en el gusto de la gente, porque es amasado y decorado con las manos.

La Biblia dice que cuando el Señor Jesús estuvo en la Tierra, Él le dijo algo a los judíos que todavía retumba en los corazones que leen su deliciosa Palabra:

Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. (Juan 6:35).

Cuán bueno es gustar del pan sabroso de las panaderías, pero cuán glorioso es comer el Verdadero Pan de Vida.

El señor Jesús dice: Yo soy el pan de vida. Y es Dios quien nos lo está diciendo.

¿Sabe? A lo largo de los años nos suceden tantas cosas y vivimos tantas cosas y comemos tantas cosas diferentes.

Hemos pasado hambre, hemos pasado sed, hemos vivido en los desiertos y hemos extrañado la buena comida y la buena bebida.

miércoles, 8 de julio de 2015

Predestinación y llamamiento





Predestinación y Llamamiento


“Y a los que predestinó, a éstos también llamó”.
(Romanos 8: 30.)



Por Charles Spurgeon.


El gran libro de los decretos de Dios está sellado herméticamente para la curiosidad del hombre. El hombre vano quisiera ser sabio; quisiera romper los siete sellos de ese gran libro y leer los misterios de la eternidad. Pero eso no puede ser. No ha llegado todavía el tiempo para que el libro sea abierto y aun entonces los sellos no habrán de ser desatados por mano mortal, sino que se dirá: “El León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos”.


“Eterno Padre, ¿quién habrá de atisbar en Tu secreta voluntad?
Nadie sino el Cordero tomará el libro, Y abrirá cada sello”.


Nadie sino Él podrá desplegar ese registro sagrado y leerlo ante el mundo que habrá sido congregado. Entonces, ¿cómo podré saber si he sido predestinado por Dios para la vida  eterna o no? Es una pregunta en la que están en juego mis intereses eternos; ¿pertenezco a ese desdichado número de personas a las que se dejará para que vivan en pecado y cosechen la debida recompensa de su iniquidad, o pertenezco a esa buena compañía de seres que, aunque han pecado, serán lavados en la sangre de Cristo y recorrerán vestidos de blanco las  calles  de  oro  del  paraíso?  Mi  corazón  no  puede  descansar mientras esa  pregunta no  reciba  una  respuesta, pues  siento  una intensa ansiedad al respecto. Me preocupa infinitamente más mi destino  eterno  que   todos   los   asuntos  temporales.  Videntes  y profetas, si ustedes lo saben, díganmelo, oh, díganme si mi nombre está registrado en ese libro de la vida. ¿Soy yo uno de aquellos que están ordenados para vida eterna, o seré dejado para que siga mis propias concupiscencias y pasiones y para que destruya mi propia alma?  ¡Oh, amigo, existe una  respuesta para  tu pregunta! No es posible abrir el libro, pero Dios mismo ha publicado muchas de sus páginas. Él no ha publicado la página en la que figuran los nombres específicos de los redimidos, pero la página del sagrado decreto en la que consta el carácter de esos redimidos ha sido publicada en Su Palabra y te será proclamada en este día. El sagrado registro escrito por la mano de Dios es publicado hoy por doquier bajo el cielo, y el que tiene oído, oiga lo que el Espíritu le dice. Oh, mi querido oyente, yo no te conozco por tu nombre, ni la Palabra de Dios te identifica por tu nombre, pero puedes leerlo si te fijas en tu carácter, y si tú has sido hecho partícipe del llamamiento que se menciona en el texto, entonces puedes concluir que   estás, sin  ningún lugar a dudas, entre los predestinados: “A los que predestinó, a éstos llamó”. Y si eres llamado, se sigue como una inferencia natural que eres predestinado.

viernes, 3 de julio de 2015

Misericordia y no sacrificios





Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
(Mateo 9: 13)



Los hombres estamos siempre prestos para juzgarlo todo, pero estamos lejos de mirar con misericordia.

Jesús dijo que la lámpara del cuerpo son los ojos. Si nuestros ojos son buenos, todo nuestro cuerpo tendrá luz; pero si son malos, todo nuestro cuerpo será tenebroso (Mat. 6:22-23).

El juicio o la misericordia se dan de la manera como nosotros miramos: con ojos buenos o con ojos malos.

Jesús miraba siempre con misericordia, porque Él no vino al mundo para juzgar, sino para salvar lo que se había perdido: "Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él" (Juan 3:17).

Vamos a ver algunos pasajes, pero vemos en toda su peregrinación el mismo mirar de misericordia, el mismo testimonio de salvación.

¿Cuál sería nuestra actitud delante del pedido de María cuando dijo a Jesús que el vino de las bodas de Caná se había terminado?

¿No sería de reprobación?


No estás solo

  Yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron». – 1 Reyes 19:18. Remanente ...