La
vida de todo siervo de Dios está llena de luces y de sombras, de montes y de
valles.
Y no siempre son las luces y los montes los
que más resaltan en su experiencia y su recuerdo.
Especialmente cuando se mezcla algo de
cansancio con ingratitud, algo de impotencia con crítica severa.
Entonces, las manos decaen, el corazón se
deprime, y se busca la soledad para mitigar el dolor.
Y vienen como consecuencia algunas
preguntas: ¿Valdrá la pena seguirse esforzando? ¿Valdrá la pena dar tanto para
ser igualmente incomprendido y criticado?
Así se comienza a entrar en un túnel largo
y oscuro. El corazón duele; los sentimientos chocan entre sí y se contraponen.
Los días pasan.
¿Qué hacer?
