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jueves, 2 de julio de 2015

Ciegos de nacimiento






La enfermedad del ciego de nacimiento, según nos relata el Evangelio de (Juan 9: 1-12), fue para que las obras de Dios se manifestasen en él.

Y esto se cumplió cabalmente.

La sanidad de este hombre no sólo es un hecho milagroso del Señor, sino que es también una metáfora de la ceguera espiritual del hombre natural, y de cómo ella es sanada.

Luego que el Señor sanó a este hombre, su visión del Señor Jesucristo pasó por tres etapas, al final de las cuales, el Señor mismo se reveló personalmente a él.

Cuando las gentes lo interrogaban acerca de quién lo sanó, él dijo: "Aquel hombre que se llama Jesús". Su conocimiento es vago e insuficiente.

La segunda vez que es interrogado, esta vez por los fariseos, él contesta de Jesús que era "profeta". Aquí vemos que la luz comienza a manifestarse en él.


jueves, 25 de junio de 2015

Necesitamos nacer de nuevo




Casi todo el material utilizado por Juan en su Evangelio es diferente al de los otros Evangelios. Eso lo diferencia de los otros tres, llamados sinópticos.

Entresacando de este novedoso material referente al Señor Jesucristo, hallamos cuatro o cinco encuentros con personas muy representativas.

Son representativas, porque sin duda Juan tuvo a la mano mucho material disponible, que no incluyó.

¿Por qué incluyó este material, y no otro?

Creemos que aquí hubo una cuidadosa selección, a fin de cumplir su propósito, que era demostrar que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

El primer encuentro es con Nicodemo, este sabio maestro de los judíos.

Saltándose los saludos protocolares, Juan muestra al Señor introduciendo un tema absolutamente nuevo en el Nuevo Testamento: el nuevo nacimiento.

La mayor necesidad de un hombre como Nicodemo, versado en los escritos sagrados, era nacer de nuevo. Él era simplemente un estudioso, pero no era un hombre nuevo.

"Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es" (Juan 3:6).


No estás solo

  Yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron». – 1 Reyes 19:18. Remanente ...