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sábado, 26 de abril de 2008

¿Qué le reveló Dios a Daniel?


El conocimiento acerca del futuro puede ser algo muy peligroso.

Imagínese usted lo que sucedería si alguno o todos nosotros poseyésemos la habilidad para saber lo que iba a suceder durante los próximos días.

Dios no nos expone el futuro de manera general, al menos no de un modo detallado y por supuesto que no nos dice lo que va a pasarle a una persona concreta en el futuro. Pero lo que sí nos muestra en las escrituras proféticas es la tendencia general de los acontecimientos y a dónde irá a parar todo esto.

Cualquier persona que investigue este aspecto cuidadosa y detenidamente, además de examinar lo que dicen las Escrituras, descubrirá cosas que son importantes y que le serán de ayuda acerca de lo que está pasando hoy en nuestro mundo. Todo lo que está sucediendo pasa conforme a los propósitos que tiene Dios para la tierra. Todo lo que acontece terminará exactamente tal y como Dios nos lo había anticipado. Podemos entender lo que está sucediendo en nuestros días si sabemos en qué consiste el programa profético.

Dios ha tomado dos medidas de precaución en lo que se refiere a desvelar el futuro. Para empezar ha envuelto estos pasajes proféticos en un lenguaje simbólico y nos los ha transmitido en forma figurada. Por eso es por lo que aparecen cosas extrañas en estos libros proféticos, extrañas bestias que tienen varias cabezas y cuernos que salen de ellas, así como toda clase de imágenes y de visiones indescriptibles.

Lo mismo sucede con el libro de Apocalipsis, en el que aparecen extrañas bestias con una combinación de extraordinarias características.

Estas cosas siempre han dejado a la gente perpleja. No es posible sentarse a leer el libro de Daniel y el de Apocalipsis, leerlos enteros y entenderlos como si estuviésemos leyendo una novela.

Es preciso estudiarlos, tomando toda la Biblia para interpretar los símbolos que aparecen en los libros de Daniel y de Apocalipsis. Esta es una de las curiosas cerraduras que Dios ha provisto a fin de evitar que las mentes curiosas se adentren en estos libros sin tener un conocimiento adecuado del trasfondo de las Escrituras.

No es posible entender lo que sucede en estos libros sin saber antes mucho acerca del resto de la Biblia. Estas cosas simbólicas son señales que han sido establecidas por Dios, y señales que nos han sido dadas para que entendamos los hechos que de lo contrario permanecerían ocultos. El plan de Dios con respecto al futuro está oculto a nuestros ojos, hasta que dedicamos el tiempo necesario a entender estas señales y estos libros están llenos de señales.

Una segunda precaución que ha tomado Dios con respecto al libro de Daniel, y aun de manera más especial con el de Apocalipsis, es que no nos introduce a la sección profética de entrada, sino que primero hace que tengamos que leer seis capítulos a fin de que podamos entender el carácter moral que requiere que tenga el lector antes de que comience a tener sentido el plan profético.

En otras palabras, no es posible entender la última sección de Daniel a menos que se haya vivido y entendido lo que implican los seis primeros capítulos. No hay manera humana de entender lo que significa el programa profético a menos que antes tengamos muy claro lo que quieren decir las lecciones morales de la primera parte del libro.

Aquí no es posible hacer trampa. No se puede leer de cabo a rabo y a continuación pasar al plan profético con la esperanza de entenderlo porque se encontrará usted con que no le encuentra ningún sentido. Es preciso examinar muy detenidamente estos capítulos iniciales, pensar en ellos y comenzar a actuar conforme a lo que dicen, experimentándolo, antes de que el programa profético cobre vida. En eso consiste la gloria del libro de Dios. No se puede entender solo de manera intelectual.

Puede usted sentarse con un resume profético de los libros de Daniel y de Apocalipsis, trazar esquemas y pasar tiempo explicando a la gente todo lo que significan estas cosas y de qué modo el programa de Dios va a funcionar, analizándolo hasta el más mínimo detalle, pero a menos que haya incorporado usted estas lecciones de la primera parte del libro a su propia vida, no encontrará en ellos nada que pueda enriquecer su vida.

El mismo Señor Jesús deja esto claro en el discurso que pronunció en el Monte Olivet, cuando sus discípulos le pidieron que nombrase las señales que habrían de venir y cuál sería el símbolo de su regreso a la tierra. Jesús dijo: "Por tanto, cuando veáis establecida en el lugar santo la abominación desoladora, de la cual habló el profeta Daniel...entonces los que estén en Judea huyan a los montes... (Mat. 24:15, 16) "Salid de la ciudad de Jerusalén, porque allí sucederán cosas que afectarán enormemente a las personas que vivan en esa región. Entonces habrá llegado el momento de huir de la ciudad, porque la gran tribulación estará sobre vosotros.

Cuando dijo: "cuando veáis establecida en el lugar santo la abominación desoladora añadió en un paréntesis estas palabras "el que lea entienda. Es decir, no leáis superficialmente el libro de Daniel, meditad detenidamente en lo que dice. Examinad a fondo su mensaje. Es preciso que entendamos de qué está hablando a fin de que podamos reconocer la abominación desoladora cuando aparezca. Por eso es por lo que el Señor continua diciendo que el mundo, con su enfoque superficial de la verdad, no entenderá lo que está pasando cuando se diga "paz, paz, paz porque no habrá paz, sino que la destrucción repentina caerá sobre ellos y serán arrasados como fueron arrasadas las gentes en los días de Noe cuando vino el diluvio.

Todo esto es una advertencia para que nos tomemos muy en serio lo que dice el libro de Daniel y para que nos esforcemos en entender la estructura de este libro al ahondar en él. Este libro se divide sencillamente en dos partes, como ya he sugerido. Los primeros seis capítulos son una historia acerca del mismo Daniel y sus amigos en la tierra de Babilonia, que era hombres fieles en un mundo hostil.

Permítame decirle que no hay ninguna sección de las Escrituras que sea de más ayuda a una persona que esté intentando vivir la vida cristiana en un ambiente difícil, que estos primeros seis capítulos de Daniel. Si está usted trabajando en una compañía, rodeado de una multitud impía que cada dos por tres toma el nombre de Dios en vano, que se ríe de las cosas de Dios, mostrando poco interés en lo que Dios le está diciendo a la humanidad, entonces le sugiero que lea detenidamente el libro de Daniel.

Los seis primeros capítulos han sido escritos para ti si eres un adolescente que estudias y estás constantemente rodeado por aquellos que parecen no tener el menor interés en saber cómo es Dios o en las cosas de Dios. Daniel y sus amigos eran ellos mismos adolescentes al principio de ser llevados cautivos por Nabucodonosor y de ser trasladados a la tierra de Babilonia. Al comenzar su carrera de fe, lo hicieron con una falta total de entendimiento de lo que era la vida y con todas las inseguridades de los adolescentes en un ambiente hostil. En los primeros seis capítulos el libro relata las presiones que tuvieron que soportar al defender su fe en medio de un ambiente realmente muy difícil.

En el capítulo 1 los jóvenes se enfrentan con la necesidad de cambiar su dieta alimenticia. Normalmente, no habría nada de significativo en ese hecho. Muchos de nosotros podríamos soportarlo, posiblemente con frecuencia, pero a estos jóvenes ya les ha dicho Dios lo que no deben de comer y precisamente aquellas cosas que les ha dicho que no deben de comer son las que se les exige que coman como prisioneros en el palacio del rey de Babilonia.

¿Qué tenían que hacer al respecto? El rey era el tirano más poderoso que jamás haya vivido en la tierra. La Biblia misma deja constancia de que no hubo ningún rey antes de Nabucodonosor ni habría ningún otro rey después de él que pudiese igualarle en autoridad. No había límite alguno a sus deseos porque su palabra era ley. Podía quitarle la vida a un hombre en cualquier momento. Más adelante, durante su reinado, les quitó la vida a los hijos del rey de Judá mientras su padre contemplaba cómo lo hacían y a continuación hizo que le sacaran los ojos al padre. Otro hombre fue quemado en un fuego lento. Este rey era experto en torturas. Por lo tanto, estos jóvenes adolescentes, que se enfrentan a esta prueba, sabían que o bien se sometían a las exigencias del rey o se exponían a perder la vida.

¿Qué podían hacer? Sintieron toda la presión y escucharon todos los argumentos que ya conocían y que actualmente puede oír cualquiera para que dejen de portarse conforme a su fe. No hay duda de que oyen el argumento, bajo la forma que adoptase en aquellos días. "Cuando estés en Roma haz como hacen los romanos. "Todo el mundo lo está haciendo, ¿qué diferencia hace lo que comas? ¿Qué pasa si os tomáis un bocadillo de jamón con los babilonios? ¿Qué diferencia hay? Después de todo, se encontraban prisioneros en un país lejano a su hogar y su ciudad había sido destruida. ¿Quién se iba a enterar, a quién le iba a importar, lo que hiciesen?

Sienten la presión, pero estos jóvenes se mantienen firmes y Dios los honra por ello. Dios les concede la gracia de soportar a pesar de la presión ejercida sobre ellos y, como resultado, son exaltado y colocados en posiciones de autoridad y de responsabilidad en el reino. Hallamos en todo el libro la historia de la presión repetida.

En el capítulo 2 hallamos parte del motivo por qué estos jóvenes se tuvieron que someter a esta clase de prueba. Se ve más claramente aquí, en la historia de la gran visión en un sueño acerca del rey Nabucodonosor. Una noche el rey sueña acerca de una gran imagen de un hombre que tiene un extraño cuerpo. Tenía la cabeza de oro, los hombros de plata, la parte central del cuerpo de bronce, las piernas de hierro y los pies de una mezcla de barro y de hierro, pero se olvida de lo que ha soñado.

Llama a los hombres sabios y les pide que les interprete el sueño, pero también que le digan lo que ha soñado. (Me he preguntado con frecuencia si este no fue el principio de la canción popular "dime lo que has soñado y te diré lo que yo he soñado.) Los astrólogos, los adivinos y los hechiceros de Babilonia son incapaces de encontrar la solución. Evidentemente, si el rey no puede decirles lo que ha soñado, ellos no pueden inventarse una interpretación, por lo que las vidas de estos hombres corren peligro.

Daniel se encuentra en medio de aquella situación y una vez más el hombre de Dios se ve presionado y amenazado de muerte si no se adapta.

Pero una vez más el hombre de Dios sale airoso, como le sucede siempre que está dispuesto a ser fiel y a obedecer a Dios a pesar de las presiones porque Dios predomina en los asuntos de los hombres y la vida no la decide nunca las meras presiones superficiales. El resultado que parece lógicamente inevitable al enfrentarnos a una situación no es necesariamente el resultado que se producirá si confiamos en un Dios invisible que gobierna los asuntos de los hombres y esa es la gran lección de todo este libro. Lo encontramos maravillosamente expresado por Daniel en su oración a Dios en el capítulo 2:

"¡Sea bendito el nombre de Dios desde la eternidad hasta la eternidad! Porque suyos son la sabiduría y el poder. El cambia los tiempos y las ocasiones; quita reyes y pone reyes. Da sabiduría a los sabios y conocimiento a los entendidos. El revela las cosas profundas y escondidas; conoce lo que hay en las tinieblas, y con él mora la luz. (2:20-22) Si está usted en contacto con un Dios así, no tiene usted que preocuparse por lo que esté haciendo la multitud. Porque ese Dios puede ocuparse de usted y puede resolver su situación por muy imposible que parezca. Esa es exactamente la historia de Daniel, repetida cinco veces diferentes en los primeros seis capítulos.

Y Dios le concede a Daniel y a sus amigos el privilegio de obligar al hombre más poderoso de la tierra a reconocer el gobierno supremo de Dios. ¿Sabe usted que esta es la postura que debiera adoptar todo cristiano en la actualidad? El mundo vive con la idea de que no existe Dios, o que si existe no tiene ningún poder real porque no hace nada, no cambia la historia, no afecta a las vidas humanas. No participa en las situaciones para hacer una diferencia en ellas. Es un gran anciano que está allá en el cielo, en alguna parte, que no afecta a nada de lo que pasa aquí abajo. Esa es la filosofía del mundo.

Pero cada creyente se encuentra en una situación en la que si anda de manera fiel, si obedece a lo que Dios ha mandado a pesar de las presiones ejercidas sobre él, se le concede el privilegio de abrirle los ojos a los hombres sobre el hecho de que Dios existe, no está muerto, y está participando en los asuntos de los hombres y tiene un poder con el que hay que contar.

En el capítulo 3 encontrará usted el relato del horno de fuego. A los jóvenes se les manda que se inclinen ante la imagen que Nabucodonosor ha erigido, pensando con orgullo en la imagen que vio en el sueño que tuvo. Debido a que le fue dicho que él representaba a la cabeza de oro, que era el rey más importante del mundo, su orgullo hizo que se encumbrase, haciendo que se construyese una imagen en la planicie. Era una imagen inmensa, tan alta como algunos de nuestros cohetes que disparamos hacia el cielo, y toda la multitud está reunida en la planicie, con estos tres hombres entre ellos.

Se les ordena a todos que se inclinen y adoren a la imagen. A fin de animarles, se construyó un gran horno de fuego al otro lado de la planicie, y se les dice que si no se inclinan, allí es donde acabarán. Esa es una enorme presión para que la tengan que soportar estos jóvenes y además tienen algunos estímulos más. ¡Hay una banda, y qué banda! Aquí se mencionan los instrumentos, que son una corneta, una flauta, una cítara, una lira, un arpa, la zampoña y todo instrumento de música y todo el mundo se inclinaba y adoraba a la imagen, a excepción de estos tres jóvenes.

Cuando son conducidos ante la presencia de Nabucodonosor, él les ordena que se inclinen. Y entonces es cuando pronuncian estas maravillosas palabras: "Oh, Nabucodonosor, no necesitamos nosotros responderte sobre esto. (3:16) No están siendo impertinentes, lo que quieren decir es que no necesitan ningún tiempo para pensarse la respuesta. "No necesitamos consejo, sabemos lo que decir.

"Si es así, nuestro Dios a quien rendimos culto, puede librarnos del horno de fuego ardiendo y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no..." (3:17)

Estas son palabras de fe: "y si no. "Nuestro Dios puede, pero no conocemos la mente de Dios. Sus pensamientos son más altos que nuestros pensamientos y sus caminos son diferentes a los nuestros. Puede que no lo haga, pero incluso aunque no lo haga:

"...que sea de tu conocimiento, oh rey, que no hemos de rendir culto a tu dios ni tampoco hemos de dar homenaje a la estatua que has levantado." (3:17-18)

Estos son jóvenes que han aprendido que hay cosas más importantes que hacer en la vida. Es mejor estar muerto y ser obediente a Dios que estar vivo y ser desobediente a él. Es mucho más provechoso a una persona interesada caminar con Dios al precio de su propia vida, que ser desobediente a lo que Dios ha dicho. Dios nunca le deberá nada a ningún hombre, por lo tanto, él les concede un gran honor a estos jóvenes. Como resultado, salen del horno sin ni siquiera oler a humo. Ya conocen la historia. ¡Qué relato tan extraordinario!

Y en el capítulo 4 tenemos la conversión de Nabucodonosor. ¿Sabía usted que todo el capítulo es el testimonio del rey más importante q ue jamás haya vivido y el más grande tirano que jamás haya gobernado? Es la historia de cómo Dios quebrantó el orgullo que tenía en su corazón, le humilló y le dejó guiarse por su orgullo y el resultado fue el mismo que siempre se produce cuando las personas se dejan llevar por su orgullo: la locura.

Salió al campo y se puso a comer la hierba de los campos durante siete años. Su trono fue conservado, pero él se portó como un animal. Esto es lo que siempre le sucede al hombre que prefiere caminar sin tener comunión con el Dios vivo. Se convierte en una especie de animal, como una bestia, con la mente embrutecida y el rey Nabucodonosor se volvió una especie de animal.

A continuación el rey cuenta de qué modo le fue restablecida la razón por la gracia de Dios y su palabra final en este capítulo es un gran testimonio de fe, de cómo Dios le humilló y le hizo volver:

"Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, exalto y glorifico al Rey de los cielos, porque todas sus obras son verdad y sus caminos son justicia. El puede humillar a los que andan con soberbia." (4:37)

¿Quién hizo que llegase a esto? Humanamente hablando, fueron Daniel y sus amigos, cuatro jóvenes que fueron usados por Dios para ganarse el corazón del rey más importante del imperio más grandioso que jamás ha visto el mundo hasta hoy.

Veamos ahora lo que dice el capítulo 5. Aquí tenemos la historia de la escritura sobre la pared, la conocida historia del rey Belsasar. Observe cuidadosamente el lujo, el libertinaje y la codicia de este reino, un reino que se estaba degenerando y deteriorando, pero en medio de esa situación Daniel, que había vivido en tres imperios, sigue siendo el primer ministro. Dios le usa para interpretar la extraña figura de la mano que aparece y escribe en la pared, que no es otra cosa que el juicio de Dios sobre aquel reino licencioso.

Esto expone claramente la tesis de este libro, que Dios está obrando e interviniendo en los asuntos de los hombres y cualquier hombre que quiera ver más allá de las cosas que se ven a las que no se ven, y actúe conforme a ello, se encontrará con que Dios está con él, apoyándole y fortaleciéndole durante todo el camino, haciendo que le alabe y le de gloria.

El capítulo 6 trata acerca del foso de los leones y es la misma historia contada de otra manera. Dario echa a Daniel al foso de los leones, pero Dios envía a su ángel a cerrar las bocas de los eones y a Daniel le sacan de allí, habiendo sido librado por la mano de Dios.

En el capítulo 7 comienza la sección profética, comenzando con la visión de las cuatro bestias. Resulta interesante que estas cuatro bestias cubran el mismo período de tiempo que las cuatro divisiones de la imagen que había contemplado Nabucodonosor en el capítulo 2. Esa imagen tenía una cabeza de oro, que simbolizaba el reino babilonia; los hombros de plata, que simbolizaba el medo-persa; el tronco de bronce simboliza el imperio griego y las dos piernas de hierro representan las dos divisiones del Imperio Romano; y terminan por fin con un reino deshecho, caracterizado por los pies de una mezcla de hierro y barro.

Este gran pasaje profético nos ofrece un compendio de los días de Daniel y va incluso más allá de nuestros tiempos, al fin de los tiempos y al regreso de Jesucristo. Porque mientras el profeta lo contempla, ve una piedra cortada sin una mano golpear a la imagen en los pies, destruyéndola y se convierte en una gran montaña que llena la tierra. Esto es claramente una imagen del imperio de Dios y del regreso de Jesucristo.

En el capítulo 7 tenemos, pues, a las cuatro bestias que representan a los mismos reinos, pero desde el punto de vista de Dios. No son otra cosa que bestias que gruñen, luchan y pelean unas con otras. Creo que el Dr. Scoffield hace notar que todos los símbolos de las naciones modernas son representaciones de pájaros o de bestias de presa. Nuestra propia nación está simbolizada por el águila, que es un pájaro de presa. El imperio británico es un león, Rusia es un oso. El profeta ve a estas naciones luchando juntas culminando con el poderoso reino de un solo individuo sobre todo el mundo occidental.

A continuación, tenemos en el capítulo 8 el movimiento de la historia occidental. Se reúnen el carnero y el macho cabrío y esta es una imagen, como se nos dice más adelante en el capítulo 11, de la conquista de Alejandro Magno y el surgimiento del reino de los seleucidas en Siria, en oposición al de los ptolomeos en Egipto. Estas dos familias ocuparon el centro de la historia siglos después de esto, luchando entre Siria y Egipto, con la pequeña nación de Israel entre medias.

La batalla continúa interminablemente y en la actualidad Israel sigue siendo la nación en la que más guerras ha habido en la historia. Han tenido lugar más batallas en la tierra de Israel que en ninguna otra parte sobre la faz de la tierra y es precisamente en esa misma región donde habrá de suceder la última gran batalla, la batalla de Armagedon, que aún ha de tener lugar.

En medio de todo esto, en el capítulo 9, encontramos la maravillosa oración de Daniel que expresa sinceramente ante Dios lo que siente en su corazón, en la última sección del capítulo, que es una de las más asombrosas profecías en toda la Biblia: la profecía de las setenta semanas. Este es la guía de las profecías en lo que se refiere a la nación de Israel. Nos ofrece el principio de lo que se llama "el gran paréntesis, Dios ha interrumpido su programa por amor a Israel y ha colocado entre la primera y la segunda venida del Señor Jesús la época en la que actualmente vivimos.

Este período indeterminado, que ya ha durado más de novecientos años, se produce entre la semana sesenta y nueve de años y la setenta de la profecía. La semana setenta, una semana de siete años, todavía está por cumplirse con respecto a Israel. Al leer sobre ello, verá usted que eso es lo que llama el libro de Apocalipsis y otros pasajes proféticos "la gran tribulación el tiempo de la aflicción de Jacob. Y esto aún no ha sucedido, ha sido interrumpido al llegar a la semana sesenta y nueve y está todavía por cumplirse.

El capítulo 10 presenta las cosas invisibles, que se ocultan tras las cosas que se ven. Esta es otra gran revelación del gobierno soberano de Dios en los asuntos de los hombres y es la explicación de los acontecimientos de la historia. ¿Qué es lo que causa todo lo que sucede actualmente? Hay fuerzas invisibles que están operando y estas fuerzas son claramente reveladas a Daniel aquí.

El capítulo 11 es uno de los capítulos más asombrosos de la Biblia por el hecho de contar profecía que, en gran parte, se ha cumplido ya con todo detalle. En el se anuncia la lucha entre el rey de Siria y el de Egipto, que tuvo lugar después de los tiempos de Daniel. Esto se ha cumplido, tanto desde el punto profético como el histórico.

Estos acontecimientos históricos se describen con todo detalle y abarcan trescientos o cuatrocientos años de historia. Puede usted ver que las profecías se han expuesto exactamente conforme al patrón que sigue en la historia. Entre otras personas muy destacadas, aparece Cleopatra en este capítulo, hablando sobre ella de manera profética.

Cuando llegue usted al capítulo 11, versículo 36, verá que se produce una interrupción notable. La introduce el versículo anterior, en el que el ángel le dice a Daniel:

"Algunos de los sabios caerán para ser purificados, limpiados y emblanquecidos hasta el tiempo señalado; porque aún no hay plazo para estos." (11:35)

Aquí comienza un pasaje que trata acerca de la semana septuagésima de Daniel que todavía está por cumplirse, el tiempo del fin, los últimos días, el arreglo definitivo de los reinos de la tierra justo ante del regreso de Jesucristo. Este asombroso pasaje predice una invasión de Palestina y una contra invasión de Egipto en el sur y a continuación la reunión de dos grandes ejércitos en la tierra de Israel y finalmente la destrucción de estos ejércitos en las montañas de Israel. Esto también se describe claramente en los capítulos 38 y 39 de Ezequiel y en el segundo capítulo de Joel y hallará usted además otras referencias proféticas sobre ello.

El principio del capítulo 12 nos presenta el más importante acontecimiento de la historia que todavía no se ha cumplido: la venida de Jesucristo. Aquí no se menciona como tal, pero esto es lo que oye Daniel:

"En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está del lado de los hijos de tu pueblo [Israel]. Será tiempo de angustia, como nunca fue desde que existen las naciones hasta entonces. Pero en aquel tiempo tu pueblo será librado, todos aquellos que se encuentren inscritos en el libro." (12:1)

A esto sigue una resurrección:

"Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna y otros para vergüenza y eterno horror." (12:2)

Y el juicio final de Dios:

"Los entendidos resplandecerán con el resplandor del firmamento; y los que enseñan justicia a la multitud, como las estrellas, por toda la eternidad." (12:3)

...a continuación se le da a Daniel una señal de cuándo habrá de suceder esto:

"Pero tú, oh Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de un lado para otro y se incrementará el conocimiento." (12:4)

Muchos eruditos bíblicos entienden que esto es una indicación de que al acercarnos a los tiempos del fin, los transportes y el conocimiento aumentarán rápidamente de la misma manera que ha sucedido en nuestro propio tiempo.

Hay una cosa más que es importante en relación con este último capítulo. Daniel hace ciertas preguntas al ángel que le ha revelado esto, y entonces se le da a entender dos grandes principios que operan en la vida humana. Usted y yo oímos con frecuencia a personas que discuten sobre lo que está sucediendo en el mundo con comentaristas de los periódicos y otras personas que están constantemente presentándonos informes de cosas terribles. La gente dice con frecuencia: "¿Qué está pasando? ¿Está el mundo yendo de mal en peor o va cada vez mejor?

Por un lado, oirá usted a personas describir cosas de tal modo que usted tenderá a decir: "la verdad es que el mundo va de mal en peor. Entonces alguien contesta: "No, no es así. Tenga usted en cuenta esto y lo otro. Estoy convencido de que el mundo está mejorando. Estamos progresando. Pero el libro de Daniel deja perfectamente claro que nunca entenderemos la palabra y la obra de Dios hasta que no creamos en estos dos principios. Porque en el versículo diez del capítulo 12 se le dice a Daniel:

"Muchos serán limpiados, emblanquecidos y purificados [lo bueno mejorará]; pero los impíos obrarán impíamente y ninguno de ellos entenderá [pero el mal empeorará]; pero los sabios, sí entenderán." (12:10)

Jesús dijo que la buena semilla había sido sembrada, pero el enemigo había venido y había sembrado cizaña entre el trigo. "Dejad que ambos crezcan juntos dice "hasta la cosecha. (Mat. 13:30) Creo que esto es ciertamente verdad en la historia. En la actualidad el mal es peor de lo que jamás lo ha sido. Es más sutil, más demoniaco, más satánico, más difícil de detectar de lo que jamás lo ha sido en la historia humana, pero el bien es además mejor de lo que lo ha sido antes, el bien es más poderoso. Su efecto sobre la sociedad humana en relación con el mal que la rodea es superior a lo que jamás ha sido.

Estos dos principios están actuando en la sociedad humana, pero ninguno de los dos vencerá al otro. El bien no va a ser tan triunfante que el mal acabe por desaparecer, como se creyó al comienzo de este siglo. Ni tampoco va a ser el mal tan poderoso que acabe por desaparecer el bien. Ambos terminarán enfrentándose en un gran conflicto, y en toda la Biblia ha quedado constancia de que en un momento concreto de la historia Dios volverá a intervenir en los asuntos humanos. Acerca de esta confrontación definitiva de la sociedad humana se le dice a Daniel:

"¡Bienaventurado el que espere y llegue hasta 1.335 días! Pero tú, continúa hasta el fin, y descansarás y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días." (12:12-13)

Aquí tenemos palabras proféticas de Helmut Thielicke, catedrático y director de la Universidad de Hamburgo en Alemania.

“Puede que nosotros los hombres hagamos lo que queramos. Puede que venga Nabucodonosor (y Genghis Khan y Mao Tse-tung) pero ninguno de ellos puede dar al traste con los planes de Dios, sino más bien cumplirlos, incluso en contra de la voluntad de estos hombres. Aunque lo que escuchamos en la actualidad son tonos menores y melancólicos, lo que se sigue interpretando aún es la sinfonía de Dios y se interpretará hasta el final. Es posible que los tonos individuales crean saberlo todo, puede que quieran imponerse y hacer las cosas a su manera, pero todos ellos han sido compuestos para formar parte de una partitura en la que solo Dios manda y en la que todo se escucha desde el punto de vista celestial, y que tiene su sucesión en los tonos de Dios que concluyen con este acorde final.

Los ricos del mundo se encuentran en el proceso de ir, pero el reino de Dios está en proceso de venir. No crea usted para nada que sea posible que haya nadie que se pueda librar de servirle, aunque renuncie diez veces a Dios. Incluso en la extrema perversión de la autoridad, como en la tiranía de un estado totalitario, los hombres se ven obligados, a pesar de ellos mismos, a conservar el remanente del orden establecido por Dios y nunca conseguirán, de manera consistente, endemoniar o arruinar su mundo. Dios dice: "Yo que tengo el poder de todo el mundo y el espacio, ¿no seré capaz de cercar tu vida insignificante, de escuchar a tus preguntas, tus quejidos y desenredar las enredadas madejas de vuestras amenazas?”


Ray C. Stedman/Discovery Publishing
Un ministerio de la Iglesia Peninsula Bible.

jueves, 24 de abril de 2008

El sello de un exiliado en Babilonia


Siempre es bueno que se de testimonio público de los hallazgos arqueológicos que tienen relación con la Biblia porque esto aumenta nuestra fe.

He aquí la nota:

"Arqueólogos israelíes han descubierto en Jerusalén un sello de unos 2 mil 500 años de antigüedad que, según algunos expertos, confirma la teoría de que la Biblia se puede emplear como fuente de documentación histórica.

En el sello aparece en caracteres hebreos arcaicos el nombre de la familia Témaj, que de acuerdo con el Libro de Nehemías figuró entre los exiliados que regresaron a Judea en el 537 antes de Cristo tras el fin de su cautiverio en Babilonia, en el actual Irak.

[Nehemías 7:55] “…los hijos de Barcos, los hijos de Sísara, los hijos de Tema,…”

“Es un nexo entre las pruebas arqueológicas y el relato bíblico, al evidenciar la existencia de una familia explícitamente mencionada en la Biblia” , explicó la arqueóloga Eilat Mazar, que dirige las excavaciones en las que apareció el sello, de piedra negra, con forma elíptica y unas dimensiones de 2.1 por 1.8 centímetros.

La especialista explicó que, según la Biblia, los Témaj vivían en una zona de Jerusalén conocida como el “Ophel” , especialmente designada para los “funcionarios” (”Nethinim”) del Primer Templo que el Rey Salomón construyó en el siglo X antes de Cristo.

El relato bíblico narra que, tras la deportación de los israelitas a Babilonia por Nabucodonosor después de que ese rey babilónico conquistara Jerusalén en el 586 a.C., los Témaj figuraron entre las primeras familias que regresaron a Judea.

Mazar subrayó la influencia mesopotámica que muestra el sello, en una de cuyas caras hay grabada una escena ritual en la que dos sacerdotes situados a ambos lados de un altar elevan sacrificios a la diosa babilónica Sin, representada por una luna creciente y cuyo culto podría en principio resultar herético para cualquier judío.

La experta admitió que ese detalle “nos ha llamado la atención” , y especuló con la posibilidad de que el sello se preparara en Babilonia con un espacio vacío para el nombre de un cliente potencial, y que pudo haber sido comprado por sus propietarios en algún bazar.

Otra característica que viene a confirmar la identidad babilónica del artesano del sello es que la caligrafía está inclinada hacia la izquierda, quizás por la costumbre de la escritura cuneiforme de Mesopotamia, que va de izquierda a derecha.

Mazar presentará el domingo su hallazgo en la Conferencia de Herzliya, el principal foro de debate interdisciplinar de Israel y donde expondrá sus conclusiones sobre el sello, que se suma a una larga lista de descubrimientos arqueológicos que ha protagonizado la familia de la experta.

La directora de las excavaciones que han permitido el hallazgo es nieta del conocido arqueólogo Benjamín Mazar, fallecido en 1995 y quien excavó en los alrededores de las murallas que rodeaban el templo de Jerusalén, en una zona llamada “Monte del Templo” , por los judíos, “Santuario del Noble” por los musulmanes, y comúnmente conocida como “Explanada de las mezquitas”.

A sus pies se encuentra el Muro de las Lamentaciones, junto al que Benjamín Mazar dejó al descubierto grandes superficies de un yacimiento arqueológico de la época del Segundo Templo (516-70 d.C.) y en cuyas cercanías su nieta encontró hace pocos días el sello.

Eilat Mazar, que centra el grueso de sus investigaciones en el período más antiguo de la historia de Israel, cuenta también en su haber con varios hallazgos importantes, entre otros el de la base de una estructura arquitectónica localizada en Jerusalén y que podría corresponder al palacio del mítico rey David."


Fuente: El Universal.


domingo, 13 de abril de 2008

David y el Arca de Dios


Los libros de Crónicas abarcan el mismo terreno histórico que los libros de Samuel y Reyes, solo que desde un punto de vista bastante diferente. Estos libros se pueden comparar con el evangelio de Juan en el Nuevo Testamento. 

Si está usted familiarizado con los cuatro evangelios, sabrá que los tres primeros, es decir, Mateo, Marcos y Lucas, son lo que llamamos los evangelios sinópticos.
Estos tres son paralelos unos de otros y en general cubren los mismos incidentes, con frecuencia desde el mismo punto de vista general, pero el evangelio de Juan es algo bastante diferente. 

Cuando Juan se sentó a escribir su evangelio, el último libro del Nuevo Testamento en ser escrito (probablemente alrededor del 90 ó 95 A.D.) se valió de un proceso selectivo deliberado. Juan nos dice "...Jesús hizo muchas otras señales...las cuales no están escritas en este libro. Pero estas cosas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios... (Juan 20:30, 31) No hizo el menor esfuerzo por abarcar todo el ministerio del Señor.

En lugar de ello, Juan escogió con todo cuidado ciertos acontecimientos del ministerio de Cristo que sirviesen como ejemplo del punto tan importante que él deseaba enfatizar, es decir, que allí estaba Aquel que era el cumplimiento de las grandes profecías acerca de la venida del Mesías, el Cristo, y además él es el Hijo del Dios viviente. Los libros de 1ª y 2ª de Crónicas son semejantes en su proceso de selección.

Los temas centrales alrededor de los cuales gira todo el libro son el rey y el templo. El rey era David. En cierto sentido es el único rey que aparece en estos libros y es el rey nombrado por Dios. El primer libro se centra en él por completo. El segundo libro de Crónicas trata acerca de la casa de David hasta el momento de la cautividad, haciendo prácticamente caso omiso del reino del norte, porque este es el libro del rey y del templo de Dios.

Es claramente evidente que el libro de 1ª de Crónicas fue escrito después de los setenta años que estuvo Israel cautiva en Babilonia. Posiblemente fuese escrito por Esdras, el sacerdote, que también escribió el libro que lleva su nombre. Esdras fue una de las grandes figuras que regresó con los cautivos para volver a establecer el templo y la alabanza a Jehová en Jerusalén. Este libro ha sido escrito enfatizando el que se estableciese de nuevo la alabanza a Jehová, así como con el propósito de cubrir los acontecimientos históricos.

El carácter selectivo de 1ª de Crónicas resulta evidente desde los primeros capítulos. Los nueve primeros capítulos se dedican a una larga lista de genealogías, pero no son, sin embargo, el enlace de una larga lista de nombres, sino que estas genealogías tienen una gran importancia. Para empezar, forman parte del material de mas ayuda que hay para cualquiera que intente estudiar la genealogía bíblica. Si está usted interesado en este aspecto pasará usted, sin duda, mucho tiempo en estos primeros capítulos de Crónicas, pero son mucho más que eso.

Sé que en ocasiones nos sentimos tentados a pasar rápidamente por encima de estas largas listas de nombres en la Biblia. Nos sentimos en gran manera como se sentía un amado predicador escocés, que estaba leyendo del primer capítulo de Mateo. Comenzó leyendo: "Abraham engendró a Isaac; Isaac engendró a Jacob; y Jacob engendró a Judá y a sus hermanos. (Mat. 1:2) Entonces dijo: "y continuaron engendrándose unos a otros bajando hasta el final de esta página hasta la próxima y continuó con su predicación.

A algunos de nosotros también nos gustaría dejar de lado estas genealogías, pero son demasiado importantes como para hacerlo. Si las leemos de prisa y corriendo, nos perderemos el mensaje de todo este pasaje. Si se fija usted bien se dará cuenta de que Dios está escogiendo y seleccionando, excluyendo e incluyendo, realizando un trabajo con una meta muy concreta. Ha quedado constancia de esta genealogía para que entendamos tanto la meta hacia la cual se dirige el Señor en la historia humana como el principio del que se vale para incluir o excluir ciertos acontecimientos. Vuelve claramente al amanecer de la historia humana y nos ofrece una lista de los hijos y de los descendientes de Adán, Set. Enós, Cainán, Mahalaleel. Sabemos que los hijos de Adán eran Cain, Abel y Set, pero aquí de momento, se excluyen a Cain y a Abel, sin que se les mencione para nada. Se centra sobre los descendientes de Set, porque de él habría de venir la familia de Abraham y los israelitas. Aquí vemos en acción el principio de la exclusión.

A continuación se sigue la línea de Set por Enoc a Noé. Se menciona a los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, pero Cam y Jafet son descartados tan solo con una breve mención y se centra la atención sobre la línea de Sem. Desde Sem seguimos hasta Abraham y su familia. Existe este constante proceso de ir reduciendo que luego excluye a Ismael, el hijo de Abraham, y Esaú, el hijo de Jacob, y se centra en los doce hijos de Isaac, que se convirtieron en los padres de las doce tribus de Israel. 

Al continuar la genealogía, selecciona las tribus de Juda y de Leví, es decir las tribus del rey y la línea sacerdotal. Sigue la tribu de Judá hasta llegar a David, a Salomón y luego a los reyes de la casa de David hasta la cautividad. La tribu de Leví se sigue hasta Aarón, el primero de los sacerdotes, y luego a los sacerdotes que se destacaron en el reino durante el tiempo de David. En todas estas genealogías existe un incidente muy especial que sobresale y se encuentra en el capítulo 4, versículos 9 y 10, en donde leemos acerca de Jabes:
 
"Jabes fue más ilustre que sus hermanos. Su madre le llamó Jabes, diciendo: Porque lo di a luz con dolor., Y Jabes invocó al Dios de Israel diciendo: ¡Oh, si realmente me dieras bendición y ensancharas mi territorio y tu mano estuviera conmigo y me libraras del mal, de modo que no tuviera dolor!, Y Dios le concedió lo que pidió."

Este incidente se menciona en medio de una larga lista de nombres, como si fuese una especie de luz concentrada sobre esta persona en concreto.
Ahora bien, hay un principio que siempre sigue Dios en este proceso de selección. Incluye a un hombre siempre y cuando se encuentra con un corazón obediente. Toda la incapacidad innata del hombre es eliminada y se convierte de inmediato en un instrumento para que Dios haga su obra en la historia humana. Cuando Dios excluye a un nombre, cuando deja a un lado una línea o una familia, es siempre debido a la desobediencia de un corazón. Dios le excluye siempre sobre esa base, sea cual fuere su categoría, su linaje o privilegio de cualquier clase. Dondequiera que haya un corazón obediente Dios comienza una nueva línea con esa persona. 
Dondequiera que se manifiesta la desobediencia, ese nombre queda eliminado. Este principio lo puede usted hallar a lo largo de toda esta genealogía.
Esto marca el modelo que ha de seguir todo el libro. En el capítulo 10 hay un breve relato que cubre totalmente la vida del Rey Saúl, el primero de los reyes de Israel. Saúl es descartado en solo catorce versículos y el motivo se menciona en los versículos 13 y 14:
 
"Así murió Saúl por la infidelidad que cometió contra Jehová, respecto a la palabra de Jehová, la cual no guardó, y porque consultó a quien evoca a los muertos pidiendo consejo, en lugar de pedir consejo a Jehová. Por esta causa le hizo morir y transfirió el reino a David hijo de Isaí."

El resto del libro es acerca de David, que era un rey conforme al corazón de Dios, un rey con un corazón obediente. El libro sigue todo el curso de la vida de David desde el momento en que es ungido rey. En otras palabras, este es el libro que enfatiza el rey de Dios. Lo primero que hace David al ocupar el trono de Israel es apoderarse de la fortaleza pagana de los jebusitas, la ciudad de Jerusalén, la ciudad de Dios.
Aquel era el lugar donde Dios había decidido poner su nombre entre las tribus de Israel. Inmediatamente después de esto encontramos una retrospectiva acerca del tiempo durante el cual David estuvo exiliado y los hombres poderosos que se reunieron a su alrededor. Estos eran hombres de fe y pasión, que se sentían atraídos a David por su manera de ser. (Uno de mis relatos favoritos en la Biblia es el que se menciona en el capítulo 11, versículo 22.

Esta es la historia de Benaías, hijo de Joyada que, entre otras cosas, mató a un león en una cisterna en un día de nieve. Estos hombres poderosos que se reunieron alrededor de David y que compartieron su exilio llegaron a convertirse en dirigentes de su reino. Todo esto es una imagen del reino del Señor Jesús cuando regrese de nuevo al mundo. Nos ha sido prometido que nosotros, los que compartimos sus sufrimientos, también compartiremos su gloria cuando vuelva a gobernar sobre la tierra y a establecer su reino de justicia. Entonces la justicia de Dios cubrirá la tierra como las aguas cubren la mar.

En el lenguaje, maravillosamente descriptivo, de los profetas: "...convertirán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas...ni se adiestrarán más para la guerra y "no harán daño ni destruirán en todo mi santo monte... (Isa. 2:4, 11:9) Esta es una imagen que se nos ofrece a fin de que veamos la magnifica gloria y la majestad del reinado de David, al reunir a sus poderosos hombres y llevarlos consigo a su corte para que compartan su poder y su gloria como rey.

La segunda cosa que enfatiza este libro es el arca de Dios. En el capítulo 13 se nos cuenta cómo David fue a la ciudad de los filisteos, donde tenían el arca en su poder, la llevó sobre una carreta e intentó traerla de nuevo a Jerusalén. Aquí ha quedado constancia de la inconsciente desviación, por parte de David, del principio de la obediencia, pues él sabía que la ley mandaba que el arca solamente la debían transportar los levitas, pero en la exuberancia de su gozo y su celo por la causa de Dios, pensó que a Dios no le importaría que el arca fuese transportada de otra manera. ¿Y cuál fue el resultado? Cuando Uza, que caminaba junto al arca, vio que se meneaba al pasar sobre un bache del camino, extendió su mano para estabilizarla. Pero al tocar su mano el arca, cayó muerto de inmediato.

David se sintió profundamente conmovido por este suceso, pero al meditar acerca de él y orar, se dio cuenta de que todo había sido culpa suya. Había desatendido la palabra del Señor. No hay ningún otro incidente del Antiguo Testamento que enseñe más claramente la importancia que tiene la obediencia cuidadosa y exacta a lo que dice la palabra de Dios. 

Creo que nos enseña además que Dios es capaz de cuidar de su propia causa. Hay muchos hoy en día que, al igual que le sucedió a Uza, intentan estabilizar el arca de Dios. Creen que va a ser derrotada por algún desafío en su contra y se convierten en defensores, nombrados por sí mismos, de la fe, sin darse cuenta de que Dios es perfectamente capaz de defender su propia causa.

Pero David aprendió la lección. Volvió a la obediencia y pidió a los levitas que trajesen el arca según lo que dictaminaba la ley y entonces pudo ser trasladada el arca a Jerusalén. He aquí un punto extraordinario y altamente significativo: el tabernáculo, que había albergado el arca durante todos los viajes por el desierto, y el lugar central de la adoración de Israel durante el tiempo de los jueces y del reinado de Saúl, no se encontraba en Jerusalén, sino que se encontraba en la ciudad de Gabaón. Hubiera sido de esperar que el arca fuese devuelta a ese tabernáculo, puesto que había sido llevada de allí y el lugar donde le correspondía estar el arca era en el lugar santísimo.

Pero cuando David trae de nuevo el arca, no la lleva al tabernáculo, sino a la ciudad de Jerusalén, la ciudad del rey y, bajo su propia autoridad, establece un centro de adoración en el lugar mismo donde más adelante se construiría el templo. De este modo, devuelve a los sacerdotes la autoridad conferida por el propio rey.

Estos libros del Antiguo Testamento han sido maravillosamente designados por el Espíritu Santo para ser algo que apliquemos a nuestra propia vida espiritual. Abarcan la lucha con la que nos tenemos que enfrentar nosotros y los principios espirituales por medio de los cuales se obtiene la victoria. Estos sucesos son muy importantes para nosotros. Como es lógico, el tabernáculo era algo que podía moverse y que, de hecho, seguía al pueblo por dondequiera que este iba en su deambular por el desierto. Es una imagen de la gracia de Dios, que está dispuesta a seguir al creyente a pesar de que esté deambulando a veces por un desierto, a veces por tierra, en ocasiones sintiéndose animado y en otras desanimado.

La gracia de Dios está dispuesta a seguir, a apoyar, a ministrar por medio del ministerio sacerdotal de la confesión y del perdón de los pecados. Se producen inevitablemente, en la experiencia de todo cristiano, esos altibajos, esos momentos de prueba y de equivocarse, en los que nos sentimos agradecidos por el ministerio sacerdotal de la confesión, de la limpieza y del perdón, pero somos, por fin, llevados por el Espíritu de Dios, y llega un momento en que reconocemos el problema.

El motivo de que se produzca esta experiencia de altibajos es que nos hemos negado a permitir que el Señor Jesús ejercite su señorío real en nuestra vida. Pero cuando por fin somos guiados por el Espíritu, vence nuestra voluntad obstinada y dejamos, de una vez por todas, de empeñarnos en ocuparnos de nuestros propios asuntos, reconocemos que este es el principio de Dios conforme al cual debemos vivir.

Es posible que no siempre lo sigamos fielmente a partir de ese momento, pero al menos somos conscientes de que Dios es el que gobierna nuestras vidas y que Jesucristo es el Señor. En otras palabras, "por precio fuisteis comprados no sois vuestros (1ª Cor. 7:23) Su vida ya no le pertenece a usted para que planee usted, para que la programe o para que decida usted por adelantado. Usted le pertenece al Señor y el se convierte en el rey en su vida.

En ese mismo momento se hace realidad la imagen que encontramos aquí. Cuando viene el rey, el arca ha quedado fija en el templo y a partir de ese momento ya no se puede mover. Todas las bendiciones de Dios fluyen al corazón que se ha sometido por completo al señorío de Cristo. El resultado es que el templo es un nuevo comienzo y ha dejado de ser una continuación del tabernáculo, aunque una gran parte del templo es como el tabernáculo en su plan y diseño.
 
Al hacer David los muebles nuevos para el templo, los hizo diferentes, en muchos sentidos, a los del tabernáculo. Este es un nuevo comienzo, un cambio total de gobierno, produciendo un cambio absoluto de comportamiento. Comenzando en el capítulo 18, donde se trae de nuevo el arca y se coloca en el lugar que le corresponde en el templo, queda inmediatamente constancia de la conquista de David sobre todos sus enemigos por todo el reino de Judá. Los capítulos 18, 19 y 20 están dedicados a las victorias del rey David, describiendo de manera maravillosa lo que sucede en el corazón si Cristo es coronado rey.

El único punto oscuro del libro se encuentra en el capítulo 21. Se nos presenta un interludio acerca del pecado cometido por David: el de hacer un cómputo del pueblo de Israel. Es asombroso que el doble pecado cometido por David, al quedarse con la mujer de Urías el hitita, estableciendo una relación adúltera y los arreglos para que muriese su marido, enviándole a la primera línea del campo de batalla, son cosas acerca de las cuales se guarda silencio porque esos fueron los pecados personales que cometió David como hombre.

Ese pecado fue el resultado de su propia debilidad, de su insensata obstinación como persona y no tenía nada que ver con su gobierno como rey, pero su pecado en cuanto a hacer un cómputo de Israel es una repentina desviación del principio de la dependencia, de la fortaleza y la gloria de Dios. ¿Por qué tuvo que hacer un cómputo del pueblo? Porque quería sentirse orgulloso y presumir del número de personas que tenía a su disposición como rey. Quería averiguar cuál era su fortaleza.

Ese es siempre el problema en cualquier círculo cristiano cuando los hombres empiezan a depender de los números. Uno de los grandes principios con el que nos encontramos en la Biblia, de principio a fin, es que Dios no consigue nunca la victoria en sus batallas gracias al voto mayoritario. Cuando pensamos que la causa de Cristo está perdiendo porque está disminuyendo el número de cristianos en proporción a la población del mundo, hemos sucumbido a la falsa filosofía de que Dios gana sus batallas gracias a los números, pero él no tiene necesidad de números, lo que necesita es calidad. Eso es algo que nos enseña muchas, muchas veces la palabra de Dios.

Treinta y dos mil hombres responden al llamamiento de Gedeón a que vayan al ejército. Cuando Gedeón los ve dice: "Esa es una buena cifra. Creo que con ella podremos hacer algo. Pero Dios dice: "Lo siento Gedeón, hay demasiados. No puedo trabajar con tantos. De modo que Gedeón manda a casa a aquellos que hace poco que se han casado y a los que tienen miedo. Ninguno de ellos le sirve para nada en la batalla. Se marchan veintidós mil hombres. 

¡Habían tenido una gran cantidad de enlaces matrimoniales! Debió de ser mediados de Junio o Julio en Israel. Entonces Gedeón le dice a Dios: "está bien, me he quedado reducido diez mil hombres. Supongo que con eso será suficiente. Pero Dios le respondió: "No Gedeón, todavía son demasiados. Fueron puestos a prueba hasta que el ejército quedó reducido a trescientos hombres. Y con solo trescientos hombres Dios liberó a la nación. (Jueces 7:2ff). Con cuánta frecuencia nos enseña Dios esto.

En una ocasión todo el ejército de Israel estuvo desalentado y desesperado ante la burla y los pavoneos del gigante Goliat, que iba de un lado a otro del campamento, burlándose de los soldados de Israel, pero un pequeño pastorcillo vino con su tirachinas y con una sola piedrecilla del arroyo, Dios libró a su pueblo. Con la mandíbula de un asno en las manos de Sansón, Dios mató a los filisteos. En todas las Crónicas se repite este mismo principio una y otra vez. El método del que se vale Dios es la calidad, nunca la cantidad.

Como resultado de que David se alejase de este principio y debido a que toda la nación tenía puestos sus ojos en él como rey para que les sirviese de ejemplo para aprender los principios de Dios, siendo el juicio de Dios sumamente severo para con él. A David le fue enviado un profeta (21:10-17) y le dijo: "Tres cosas te propongo: escoge para ti una de ellas y yo te la haré...elige para ti tres años de hambre; o ser derrotado durante tres meses ante tus adversarios y que la espada de tus enemigos te alcance; o tres días de espada de Jehová, es decir, que haya epidemia en el país y el ángel de Jehová cause destrucción en todo el territorio de Israel. David hizo lo más sensato y dijo: "quién soy yo para decidir algo así. Me pondré sencillamente en las manos del Señor.

Dios es un Dios de gran misericordia, que haga lo que considere justo. El ángel del Señor vino en medio del pueblo durante tres días y mató con pestilencia por toda la nación. David vio al ángel con su espada sacada sobre la ciudad de Jerusalén dispuesto a matar allí también, pero David le suplicó a Dios diciendo: "Es mi culpa. ¿Por qué te vengas de esta otra gente? Yo soy el que tiene la culpa. Entonces Dios le instruyó que comprase ganado y la era de Ornan y que erigiese allí un altar para adorar a Dios. 

El templo fue construido después en aquel emplazamiento y fue colocado el altar donde se detuvo la mano del ángel de continuar con el juicio. De modo que la gracia de Dios, como ve usted, se manifestó incluso en un tiempo de desobediencia y convirtió el juicio al que había sido sometido David en gracia y en bendición.

El resto del libro nos habla acerca de la pasión que sintió David por construir el templo. Debido a que entendía que una nación sin un templo no podía considerarse nunca como tal, anhelaba ver el templo construido. Una persona sin Dios en su medio no será nunca nada, pero David era un hombre de guerra y Dios deseaba un hombre de paz para gobernar sobre las naciones de la tierra. (22:6-19) De modo que Dios le dijo a David: "No, será tu hijo el que construirá el templo. El será un hombre de paz y él lo edificará. 

David había aprendido tan bien el principio de la obediencia que dijo: "sí, Señor, si es lo que tú deseas. Por muy decepcionado que me sienta, lo aceptaré.
Pero a pesar de todo, Dios permitió a David, por su gracia, hacer todo lo necesario para que el templo fuese construido y trazó los planos, diseñó los muebles, recogió los materiales, hizo los arreglos, estableció el orden y el ritual. Trajo los postes de cedro del Monte Hermón y del Monte del Líbano, en el norte. Mandó cavar en la roca y sacar piedras de la cantera. Hizo que reuniesen el oro, la plata y el hierro. Lo reunió todo y el libro termina cuando el ungido Salomón y David reinan uno junto al otro, que es una escena completa del ministerio del Señor Jesúcristo. 

Cristo es al mismo tiempo David, el poderoso guerrero y Salomón, el hombre de paz.

¿Cuál es el mensaje que nos transmite este libro? La suprema importancia que tiene el templo en nuestras vidas, la autoridad de Dios. Sobre las tres grandes puertas de la catedral de Milan, Italia, hay tres inscripciones. Sobre la puerta de la derecha está grabada una corona de flores y sobre ella está escrito "Todo lo que complace no dura más que un momento. 

Sobre la puerta de la izquierda hay una cruz y sobre ella está escrito "Todo el sufrimiento no dura más que un momento. Sobre la entrada principal hay unas sencillas palabras "Nada es importante, más que lo que es eterno.

Esa es precisamente la lección que nos da el libro de Crónicas y es además la lección de toda la Biblia. "Y todo lo que hagáis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre [por la autoridad y la capacidad que nos confiere] del Señor Jesús [rey en su templo]." (Col. 3:17)

Oración
 
Padre nuestro, haz que aprendamos la lección de este libro del Antiguo Testamento, para que quede grabado en nuestros corazones. Ojalá reconozcamos que la maravilla de este libro es que transmite en lenguaje humano y mediante las instituciones humanas, la revelación de tu obra en la historia, en las vidas de las personas y en la nuestra. Haz que también nosotros, como David, seamos reyes sobre nuestro propio corazón, que estemos dispuestos a andar en obediencia a las palabras de las escrituras para que podamos demostrar, como lo hizo él, la gloria del reino sobre el cual Jesucristo es rey. Lo pedimos en su nombre, Amén.


Ray C. Stedman
http://www.pbc.org

No estás solo

  Yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron». – 1 Reyes 19:18. Remanente ...