Toda obra de Dios comienza en Dios.
De esto, una de las
pruebas más elocuentes es la restauración del templo en Jerusalén luego de la
cautividad babilónica.
"Despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia" (Esdras
1:1).
Este es el comienzo de la
obra de restauración. Un rey gentil, pagano, muerto en delitos y pecados, es
tocado por la mano de Dios para que dé inicio a esta magnífica obra.
¿Qué es Ciro sin ese toque
de Dios en su espíritu?
¿Qué es Jerusalén y su
templo sino ruinas y desolación? Un
silencio sepulcral, un aullar de fieras, es todo lo que hay.
