La
cruz está en el punto exacto de intersección entre estos dos polos. Si no hay
cruz, no hay muerte ni resurrección.
Nadie puede ser un verdadero siervo de Dios
sin conocer el significado de la muerte y de la resurrección.
Y esta es una verdad fundamental que tuvo
su aplicación en nuestro Señor Jesús y en sus apóstoles.
El
Señor Jesús
Antes de comenzar su ministerio público, el
Señor Jesús fue bautizado. Por supuesto, no lo hizo porque tuviera algún pecado
o algo de lo cual necesitara limpiarse. El bautismo del Señor Jesús tiene un
significado simbólico que apunta justamente a la muerte y la resurrección.
El Señor Jesús no conoció pecado, sin
embargo, en cuanto se hizo Hombre, Él tuvo una voluntad independiente de la del
Padre.
En la expresión: “He venido, no para hacer mi voluntad sino la de mi Padre”, hallamos
estas dos voluntades claramente diferenciadas. Él tenía su propia voluntad (no he venido para hacer mi voluntad…); y
el Padre tiene la Suya (…sino la de mi
Padre.)
