Un
hecho portentoso que desafía la más grande imaginación es el que está
preparándose en los cielos.
Nos
encontramos ante una verdad claramente precisada en las Sagradas Escrituras.
Sabemos que Dios trata con los judíos, con
los gentiles y con la iglesia de Dios (1 Cor. 10:32).
En Efesios 2:11-22, Pablo señala claramente
que la iglesia, el cuerpo de Cristo, surge tanto de judíos como de gentiles,
pues nuestro Señor Jesucristo hizo la paz, reconciliando a ambos pueblos
mediante su sangre y su cruz.
A través de la predicación del evangelio,
se incorporan cada día más miembros a su iglesia, la esposa del Cordero. Como
tal, ésta compartirá al lado del Señor la gloria y los privilegios inherentes a
su bendito Esposo.
