Id,
pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque
no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
(Mateo 9: 13)
Los
hombres estamos siempre prestos para juzgarlo todo, pero estamos lejos de mirar
con misericordia.
Jesús dijo que la lámpara del cuerpo son
los ojos. Si nuestros ojos son buenos, todo nuestro cuerpo tendrá luz; pero si
son malos, todo nuestro cuerpo será tenebroso (Mat. 6:22-23).
El juicio o la misericordia se dan de la
manera como nosotros miramos: con ojos buenos o con ojos malos.
Jesús miraba siempre con misericordia,
porque Él no vino al mundo para juzgar, sino para salvar lo que se había
perdido: "Porque no envió Dios a su
Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él"
(Juan 3:17).
Vamos a ver algunos pasajes, pero vemos en
toda su peregrinación el mismo mirar de misericordia, el mismo testimonio de
salvación.
¿Cuál sería nuestra actitud delante del
pedido de María cuando dijo a Jesús que el vino de las bodas de Caná se había
terminado?
¿No sería de reprobación?
