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domingo, 2 de agosto de 2015

Cristo, nuestra ofrenda de paz





"Porque he tomado de los sacrificios de paz de los hijos de Israel el pecho que se mece y la espaldilla elevada en ofrenda, y lo he dado a Aarón el sacerdote y a sus hijos, como estatuto perpetuo para los hijos de Israel" (Lev. 7:34).



Los diferentes tipos de sacrificios –cruentos e incruentos– que encontramos en el sacerdocio del Antiguo Pacto, representan la perfección del Señor Jesucristo: su perfecta divinidad, su perfecta humanidad, su perfecto amor, su perfecta comunión con el Padre.

Todos esos sacrificios son, igualmente, figura de nuestra comunión con Dios.

En los sacrificios u ofrendas de paz había una porción reservada a los sacerdotes –que son los creyentes de hoy–.

En el sacrificio de holocausto, el animal ofrecido era quemado enteramente, tal como el Señor Jesús se ofreció por entero al Padre. En este sacrificio, el sacerdote no tenía parte.

Sin embargo, en el sacrificio de paz, era apartada una porción para el sustento de los sacerdotes.

Así también nosotros, habiendo sido hecha ya la propiciación por nuestros pecados, mediante el sacrificio de Cristo en la cruz, podemos disfrutar de la ofrenda de paz – Cristo mismo. "Porque él es nuestra paz ... porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre" (Efe. 2:14, 18).

La Biblia dice que la porción dada a los sacerdotes era el pecho y la espaldilla del animal sacrificado.


No estás solo

  Yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron». – 1 Reyes 19:18. Remanente ...