La
Palabra de Dios es portentosa. Siempre hallamos en lo más sencillo grandes enseñanzas.
En lo que parece que no hay nada,
encontramos de repente un diamante que nos cala. Así es la misericordia de
Dios. Así trabaja.
Sabemos que Abraham recibió un llamado
directo de Dios, pero Abraham a su vez llamó a Lot con un llamado indirecto. Aunque
nadie puede llamar a otro si Dios no está en el llamamiento.
Así, Abraham quiso hacer partícipe a su
sobrino de las buenas nuevas, aunque de momento él no supiese a dónde iba ni lo
que habría de suceder con su vida.
Esa es la fe, y por eso Abraham es el padre
de la fe, porque se atrevió a creerle a Dios.
De lo que queremos hablar hoy es de un
contraste. Y decimos contraste porque Lot vio con sus propios ojos cómo Dios
bendijo a Abraham desde que dejó su tierra y su parentela, en obediencia.
