Predestinación
y Llamamiento
“Y a los que predestinó, a éstos también llamó”.
(Romanos 8: 30.)
Por Charles Spurgeon.
El gran libro de los decretos
de Dios está sellado herméticamente para la curiosidad del hombre.
El hombre vano quisiera ser sabio;
quisiera romper los siete sellos de ese gran libro y leer los misterios
de la
eternidad. Pero eso no puede ser. No ha llegado todavía el tiempo
para que el libro sea abierto y aun entonces
los sellos no habrán de ser desatados por mano
mortal, sino que se dirá: “El León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y
desatar sus siete sellos”.
“Eterno Padre, ¿quién habrá de atisbar en Tu secreta
voluntad?
Nadie
sino el Cordero tomará
el libro, Y abrirá cada sello”.
Nadie sino Él podrá desplegar
ese registro sagrado y leerlo ante el mundo
que habrá sido congregado.
Entonces, ¿cómo podré saber si he sido predestinado por Dios para la vida
eterna o no? Es una
pregunta en la que están en juego mis
intereses eternos; ¿pertenezco a ese desdichado número de personas a las que se dejará para que
vivan en pecado y cosechen la debida recompensa de su iniquidad, o pertenezco a esa buena compañía de seres que, aunque han pecado,
serán lavados en la sangre de Cristo y recorrerán vestidos
de blanco las calles de oro del paraíso? Mi corazón
no puede descansar mientras esa pregunta
no reciba
una respuesta, pues siento
una intensa ansiedad
al respecto. Me preocupa infinitamente más mi destino eterno que todos
los asuntos temporales.
Videntes
y
profetas, si ustedes lo saben, díganmelo,
oh, díganme si mi nombre está registrado en ese libro de la vida. ¿Soy yo uno de aquellos que
están ordenados para vida eterna, o seré dejado para que siga mis propias concupiscencias y pasiones y para que destruya mi propia
alma? ¡Oh, amigo, existe una respuesta para
tu pregunta! No es posible abrir el libro, pero Dios mismo ha publicado muchas de sus páginas. Él no ha publicado
la página en la que figuran los nombres
específicos de los redimidos,
pero la página del
sagrado decreto en la que consta el carácter de esos redimidos ha sido publicada en Su Palabra y te será proclamada en este día. El sagrado registro
escrito por la mano de Dios es publicado hoy por doquier bajo el cielo, y el que tiene oído, oiga lo que el Espíritu le dice. Oh, mi querido
oyente, yo no te conozco por tu nombre,
ni la Palabra de Dios te identifica por tu nombre, pero
tú puedes leerlo si te fijas en tu carácter,
y si
tú has sido hecho partícipe del llamamiento que se menciona
en el texto, entonces
puedes concluir que
tú estás,
sin ningún
lugar a dudas, entre los predestinados: “A los que predestinó, a éstos llamó”.
Y si
eres llamado, se sigue como una inferencia
natural que tú eres predestinado.
