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martes, 26 de mayo de 2015

El camino de la cruz






Es de gran utilidad para el creyente conocer la diferencia que hay entre las expresiones la obra de la cruz y el camino de la cruz, y las importantes realidades espirituales que se esconden tras ellas.

La obra de la cruz es referida enteramente al Señor Jesucristo, la cual Él realizó el día en que su cuerpo fue clavado en la cruz del Calvario.

Ese día ocurrieron dos cosas fundamentales: La sangre que Él derramó allí fue plenamente eficaz para el perdón de nuestros pecados; y su muerte sustitutiva dio fin al pecado y a la carne como principios dominantes en el hombre, de acuerdo a las palabras de Pablo: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6).

Esto es lo que se conoce como la obra de la cruz, y está absolutamente consumada.

Ningún hombre participó ni colaboró en ella, ni nadie puede agregar nada a lo que el Señor Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, hizo perfectamente.

Pero está también el camino de la cruz.

El camino de la cruz tiene que ver con “llevar la cruz” el creyente.

Es decir, es nuestra cooperación diaria en la aplicación de la muerte al hombre natural, a las facultades y energías del alma, para que la vida de Dios que ya mora en nosotros, pueda manifestarse progresivamente.

El camino de la cruz está implicado en las palabras del Señor: “Tome su cruz cada día” (Lucas 9:23), y es un proceso interior, subjetivo y diario.

No se trata de “crucificar el alma”, —el alma es el asiento de nuestra existencia individual y como tal no puede morir sin que muramos también biológicamente–, sino que se trata de llevar las energías y las dotes del alma a la muerte, para recibirlas luego de parte de Dios en resurrección.

Sólo cuando esto ocurre, el alma estará sujeta al Espíritu y será de eficaz colaboradora en la obra de Dios.

Esperamos que Dios nos conceda, en su gracia, conocer algo más de este fructífero –aunque a veces también doloroso– camino, y sobre todo vivirlo, para la gloria de Dios.

¡Bendiciones para todos!




Aguasvivas.cl

miércoles, 22 de abril de 2015

¿Estamos desocupados?




"Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima..." (Mat. 20:1-6).



Este texto forma parte de la conocida parábola de los obreros de la viña, dicha por nuestro Señor Jesucristo.

Y aquí, la hora undécima es la penúltima hora del día porque los hebreos dividían el día en doce horas, desde el amanecer hasta el ocaso.

Entonces aquí quedaba una hora para que concluyera el día laboral, y a esa hora, la parábola dice que el dueño de la viña "halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?".

Cuando nos sumergimos en la parábola, nos damos cuenta que la palabra "desocupados" aparece tres veces. Espiritualmente hablando, ¿qué significado tiene esto?

Bien. La viña representa la obra de Dios.

Ahora, si cualquiera de nosotros está fuera de la viña, entonces estamos desocupados.

De manera que, ¿cómo considera Dios nuestra vida fuera de la viña?

Amados: No importa cuántas cosas hagamos para nosotros mismos; no importa cuántos planes desarrollemos, ni cuánta riqueza acumulemos. Para Dios, eso es un tiempo desocupado, un tiempo sin provecho y sin fruto.

Y es, además, un tiempo que para Dios no cuenta, porque simplemente no existe para Él, porque no estamos en su viña.

Es la viña del Señor el único ámbito de nuestro trabajo. Y es en ella donde podemos invertir el tiempo y ser hallados útiles, ocupados, dando frutos para Dios.

Esto no significa que tengamos que dejar todas nuestras ocupaciones terrenales para dedicarnos a la obra a tiempo completo. No.

Significa, simplemente, estar en el lugar donde Dios quiere que estemos, haciendo realmente lo que Dios quiere que hagamos.

¿Estás tú, amado hermano, en el lugar preciso? ¿O estás tal vez fuera de la viña?

Quizás consideremos que estamos haciendo mucha obra para Dios, pero aun así, podríamos estar fuera de la viña. Recordemos que es Su viña, no nuestra viña; son Sus labores, no nuestras labores.

Creo que, en la vida de todos los siervos de Dios, cuando estamos muy afanados o muy desgastados sirviendo al Señor, llega un momento en que nos agobiamos. Y entonces nos preguntamos: "¿Estoy realmente haciendo la obra de Dios?".

Y esta pregunta puede traer gran temor y temblor, y aun un descalabro en nuestras vidas. Porque todo lo que hagamos fuera de la viña será tiempo perdido, será labor inútil, será obra sin valor para Dios.

En esta parábola, ese día de doce horas, desde la mañana hasta la tarde, representa para nosotros toda nuestra vida.

Tal vez estemos en la hora undécima... y falte sólo una hora para que se cierre la puerta. 

¿Estamos fuera, desocupados, haciendo muchas cosas para nosotros mismos?

¿Estamos realmente sirviendo en la viña del Señor, o estamos desocupados?

Amados que nos leen: ¿Cómo estamos ocupando nuestros días, como estamos ocupando nuestro tiempo?

Reflexionemos seriamente en esto.

Seguro que a todos nos conviene orar como Moisés oraba: "Señor, enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría" (Salmo 90:12).

¡Bendiciones para todos!






Aguasvivas.cl

No estás solo

  Yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron». – 1 Reyes 19:18. Remanente ...