“Porque
no para siempre será olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres
perecerá perpetuamente”
(Salmo 9:18).
Las
ideologías humanas han fracasado en su conquista de un paraíso terrenal.
Han buscado infructuosamente hacer justicia
a los pobres de la tierra, instaurando sistemas de gobierno que se han vuelto
contra quienes buscaban aparentemente favorecer.
Sin embargo, los pobres y menesterosos
tendrán una victoria final.
Años y siglos de injusticias no habrán sido
en vano.
Y la justicia y la vindicación no vendrán
de un gobernante terreno ni de un sistema político, sino del Dios de toda
misericordia y consolación.
