La
enfermedad del ciego de nacimiento, según nos relata el Evangelio de (Juan 9:
1-12), fue para que las obras de Dios se manifestasen en él.
Y esto se cumplió cabalmente.
La sanidad de este hombre no sólo es un
hecho milagroso del Señor, sino que es también una metáfora de la ceguera
espiritual del hombre natural, y de cómo ella es sanada.
Luego que el Señor sanó a este hombre, su
visión del Señor Jesucristo pasó por tres etapas, al final de las cuales, el
Señor mismo se reveló personalmente a él.
Cuando las gentes lo interrogaban acerca de
quién lo sanó, él dijo: "Aquel
hombre que se llama Jesús". Su conocimiento es vago e insuficiente.
La segunda vez que es interrogado, esta vez
por los fariseos, él contesta de Jesús que era "profeta". Aquí vemos que la luz comienza a manifestarse en él.
