Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso
su diestra sobre mí, diciéndome: No temas … y la primera voz que oí, como de
trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá…”.
(Apo. 1:17; 4:1).
El apóstol Juan, en el exilio, ha recibido una visión gloriosa del Señor
Jesucristo, y cae como muerto a sus pies.
Pero el Señor,
tiernamente, lo toca y le dice: “No temas”.
Luego le entrega
mensajes para siete iglesias. El panorama de ellas en ese entonces, con la
excepción de Filadelfia, no era muy alentador.
Juan debió estar
muy afligido por la decadencia a que habían llegado las iglesias en poco más de
cincuenta años.
Parecía ser que
la obra a la cual con tanto amor había dedicado su vida, había sido infructuosa.
¿Qué hacer?
¿Cómo revertir esa desgracia?
Entonces, mira a
lo alto. “Después de esto, miré, y he
aquí una puerta abierta”.
