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jueves, 18 de junio de 2015

Entre la muerte y la resurrección






La cruz está en el punto exacto de intersección entre estos dos polos. Si no hay cruz, no hay muerte ni resurrección.

Nadie puede ser un verdadero siervo de Dios sin conocer el significado de la muerte y de la resurrección.

Y esta es una verdad fundamental que tuvo su aplicación en nuestro Señor Jesús y en sus apóstoles.

El Señor Jesús

Antes de comenzar su ministerio público, el Señor Jesús fue bautizado. Por supuesto, no lo hizo porque tuviera algún pecado o algo de lo cual necesitara limpiarse. El bautismo del Señor Jesús tiene un significado simbólico que apunta justamente a la muerte y la resurrección.

El Señor Jesús no conoció pecado, sin embargo, en cuanto se hizo Hombre, Él tuvo una voluntad independiente de la del Padre.

En la expresión: “He venido, no para hacer mi voluntad sino la de mi Padre”, hallamos estas dos voluntades claramente diferenciadas. Él tenía su propia voluntad (no he venido para hacer mi voluntad…); y el Padre tiene la Suya (…sino la de mi Padre.)


jueves, 26 de febrero de 2015

El firme fundamento





A menudo, la vida cristiana es comparada a una labranza, o a un edificio.

En ambos, su edificación empieza siempre desde abajo.

En la labranza, la semilla debe ser primero enterrada, morir, nacer y enraizar, para después dar fruto (1 Cor. 15.36).

Y así también el edificio. Se empieza por el cimiento, edificando luego hacia arriba.

Estas figuras muestran claramente cómo ha de ser el crecimiento en la vida cristiana. Primero tenemos que morir y ser sepultados, para que la vida de la resurrección, la vida del Señor Jesús, brote para dar mucho fruto.

En la edificación de la vida cristiana es necesaria la operación de la cruz, la muerte de las obras de la carne por medio del Espíritu, el vaciamiento del yo, el quebrantamiento del hombre de carne.

El hombre interior, el espiritual, debe crecer primero hacia abajo, ser fortalecido, arraigado y confirmado, para después crecer hacia arriba, a partir de la piedra angular que es el Señor Jesucristo.

Este proceso de edificación no es visto por los que están fuera. Sólo después que esté bien fundada, arraigada, empieza la edificación hacia arriba, y sólo entonces empieza a ser notada por otros… y tan sólo ahí la vida del Señor aparece.

Primero la muerte opera en nosotros, para luego manifestar la vida (2 Cor. 4.12).

Cuanto más arraigados y más fundamentados en Jesús, más fuerte y aparente se va a desarrollar el crecimiento, principalmente si ellos están establecidos en suelo pedregoso o sobre la roca (Mat. 7.24).

El Señor conoce nuestra situación y sabe sobre cuál fundamento estamos; sabe cuál es el tipo de raíz que tenemos y cómo estamos arraigados; si ella es profunda o superficial, si está en Cristo o en cualquiera otra cosa.

Muchos quieren la edificación, pero pocos quieren pasar por el trato para alcanzar profundidad en la vida cristiana.

Prefieren una vida rasa, sin sufrimientos.

Que el Señor nos ayude a comprender esto; que recibamos con gracia la edificación que empieza en la base, dolorosa la mayoría de las veces, para que ella crezca sobre bases sólidas, y la gloria de Cristo resplandezca.

¡Dios te bendiga!





Aguasvivas.cl

lunes, 23 de febrero de 2015

El centro del mensaje de Dios






El mensaje de Dios, que es Cristo, no puede ser tergiversado, ni alterado. Y en el centro de este mensaje está su cruz. Su vida, sus hechos y sus palabras tienen como centro focal la cruz del calvario.

Muchos en este día quisieran sacar la cruz del Evangelio, y también la sangre de Cristo, porque hiere ciertas sensibilidades exquisitas. ¡Pero cuán vana sería nuestra fe, sin la sangre y la cruz de Cristo!

Cristo bajó del cielo para morir. Así lo entiende el Apóstol Pablo, el máximo exponente del misterio de Cristo. Sus principales cartas tienen como punto de partida la obra del Señor Jesucristo en la cruz.

La carta a los Romanos nos habla ordenadamente de todo el misterio de la piedad, de la justicia, la santidad, la gloria de Dios, del cuerpo de Cristo, pero todo ello tiene su explicación y su sentido en las palabras del capítulo 3: "Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia..." (vv, 24-25).

Debido a que se derramó Su Sangre, es que hay perdón de pecados… debido a que existió esa cruz, es que hay victoria sobre el pecado. ¡Gloria al Señor Jersucristo!

Las dos epístolas a los Corintios, tomadas como una unidad, tienen en el primer capítulo de la Primera Epístola, este asunto central: "Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura" (1:22-23).

Y luego agrega: "Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado" (2:2).

Para la gran necesidad de los corintios, la respuesta única y suficiente era Cristo crucificado. E igual lo es para todos nosotros los que creemos.

A los Gálatas descarriados y hechizados por la ley, Pablo les habla con denuedo del "tropiezo de la cruz" (5:11), de que muchos quieren evitarse las persecuciones que vienen a causa de "la cruz de Cristo" (6:12), y concluye diciendo "Pero lejos esté de mi gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo" (Gál. 6:14).

En la carta a los Efesios, la gran epístola del misterio de Cristo y la Iglesia, Pablo comienza diciendo: "en quien  tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia" (1:7).

En la epístola a los Filipenses, Pablo nos hace recorrer el camino de la cruz de Cristo, desde el trono de Dios "hasta su gloriosa muerte, y muerte de cruz" (2:8).

Y Colosenses, la carta de las alturas cósmicas, nos dice: "...por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz" (1:19-20). ¡Bendita sea el Señor Jesucristo, Señor de Señores y Rey de Reyes!

Aquí hemos tocado principalmente un solo aspecto de la cruz, el relativo a la redención, pero hay mucho más.

Pero en ella se resume, en una palabra, todo el misterio de la piedad.

Sin la cruz podemos tener a Jesús, pero no tendremos a Cristo; podemos tener una religión, pero no el Evangelio de la Salvación por Jesucristo.

¡Dios te bendiga!




Aguasvivas.cl



jueves, 18 de septiembre de 2014

La Generosa Salvación de Dios




"…muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús … habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo… a fin de que llevemos fruto para Dios" (Rom. 6:11; 7:4).



LA GRAN MAYORÍA DE LOS CRISTIANOS CONOCEMOS EL PODER Y LA EFICACIA DE LA SANGRE DE CRISTO PARA EL PERDÓN DE NUESTROS PECADOS.

Y ESTE CONOCIMIENTO CELESTIAL HA TRAÍDO EN MUCHOS CREYENTES UNA GRAN EMANCIPACIÓN.

EN VIRTUD DEL SACRIFICIO PERFECTO DEL CORDERO DE DIOS, NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, DISFRUTAMOS LA PAZ DEL PERDÓN (1ª JN. 1:7), TENEMOS ACCESO LIBRE PARA ORAR Y ADORAR A NUESTRO DIOS (HEB. 10:19), Y PODEMOS ADEMÁS VENCER LAS ACUSACIONES DEL MALIGNO (AP. 12:11).

SIN EMBARGO, TODAVÍA ESTA EXPERIENCIA ES PRIMARIA; AÚN ESTAMOS EN LOS RUDIMENTOS, ES DECIR, EN LOS PRIMEROS PASOS.

Y A MEDIDA QUE AVANZAMOS EN CONOCER A DIOS Y SU PROPÓSITO, Y EN CONOCER NUESTRA NATURALEZA HUMANA, NOS DAMOS CUENTA QUE NUESTRO PROBLEMA VA MUCHO MÁS LEJOS DE UNOS CUANTOS HECHOS PECAMINOSOS QUE PUDIESEN ENTORPECER NUESTRA CARRERA CRISTIANA.

HAY ALGO HEREDADO DE LA NATURALEZA ADÁNICA QUE NO NOS PERMITE VIVIR O SERVIR LIBREMENTE A DIOS Y A NUESTROS HERMANOS.

EL NUEVO TESTAMENTO LO DEFINE COMO "LA CARNE" (ROM. 7:18), O "EL VIEJO HOMBRE" (EF. 4:22).

PABLO RELATA EN (ROMANOS 7) SU EXPERIENCIA AL RESPECTO, LLEGANDO A EXCLAMAR: "¡MISERABLE DE MÍ!, ¿QUIÉN ME LIBRARÁ DE ESTE CUERPO DE MUERTE?".

PARECE UN GRITO AGÓNICO DE ALGUIEN QUE ANHELA HACER LO BUENO, QUE DESEA MUY DENTRO DE SÍ AGRADAR A DIOS … PERO SE ENCUENTRA CON UNA PODEROSA LEY EN SUS MIEMBROS QUE LO ESCLAVIZA.

PABLO NO TIENE UN GRAN CONCEPTO DE SÍ MISMO (ROM. 12:3), Y AUN RENIEGA DE SUS BONDADES NATURALES (FLP. 3:4-8).

ESTO, CIERTAMENTE, ES UN GRAN SIGNO DE SU MADUREZ CRISTIANA.

AL CLAMAR: "¿QUIEN ME LIBRARÁ?", DEJA MUY CLARO QUE LA AYUDA DEBE VENIR DE AFUERA –ALGUIEN DEBE LIBRARLO–.

¡CUÁN IMPORTANTE ES QUE COMPRENDAMOS BIEN LA FORMA QUE DIOS TIENE PARA LIBRARNOS DE NOSOTROS MISMOS!

CON RESPECTO A ESTE PUNTO, LA ENSEÑANZA DE PABLO EN ROMANOS ES MUY CLARA Y SIMPLE: HEMOS MUERTO AL PECADO Y HEMOS MUERTO A LA LEY.

AUNQUE A SIMPLE VISTA PAREZCA UNA LOCURA, Y QUE NUESTRA MENTE SE RESISTA A ACEPTARLO, TAL ES LA BENDITA Y AMPLIA PROVISIÓN DE DIOS PARA SOLUCIONAR EL GRAN PROBLEMA DE 'EL PECADO' (EN SINGULAR, O SEA, NUESTRA NATURALEZA PECADORA).

NECESITÁBAMOS MORIR (¡QUÉ LOCURA!) Y DIOS NOS PROVEYÓ LO QUE NECESITÁBAMOS: ¡CON CRISTO MORIMOS!, Y HASTA FUIMOS SEPULTADOS JUNTAMENTE CON ÉL (ROM. 6:4).

NECESITÁBAMOS RESUCITAR LUEGO DE LA MUERTE, Y LAS ESCRITURAS NOS DECLARAN ENFÁTICAMENTE: "…JUNTAMENTE CON ÉL NOS RESUCITÓ, Y… NOS HIZO SENTAR EN LUGARES CELESTIALES CON CRISTO JESÚS" (EF. 2:6).

¿NO ES UN MISTERIO TODO ESTO?

PERO AL MISMO TIEMPO, ¿NO ES ESTO ALGO TAN MARAVILLOSO QUE EXCEDE NUESTRA CAPACIDAD DE COMPRENSIÓN?

POR SUPUESTO QUE SÍ, PERO RECORDEMOS QUE ESTAMOS HABLANDO COSAS CELESTIALES.

ESTAS SON PALABRAS DE DIOS.

PARA EL RESTO DE LOS HOMBRES SON LOCURA, PERO PARA LOS CREYENTES, SON ESPÍRITU Y VIDA.

HOY, EL ESPÍRITU SANTO NOS REVELA ESTAS COSAS Y NOS LEVANTA, NOS CONFIRMA, Y NOS CAPACITA PARA SEGUIR AVANZANDO EN ESTA BENDITA Y DESAFIANTE CARRERA DE FE.





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No estás solo

  Yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron». – 1 Reyes 19:18. Remanente ...