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viernes, 7 de agosto de 2015

Fruto que permanece



"No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca..."
(Juan 15:16).


Estas palabras del Señor Jesús están insertas en su discurso de la Vid verdadera.

La alegoría que Él hace es hermosa, didáctica, y la enseñanza espiritual acerca de la unión indestructible entre Cristo y los suyos fluye sencilla y fácil de comprender.

El Señor Jesús es la Vid y nosotros los pámpanos. El Padre nos ha puesto en la Vid verdadera para que llevemos fruto, mucho fruto.

Sin embargo, no son los hermosos racimos de uvas el fruto más preciado de un pámpano, sino el vino.

Por eso, en las Escrituras no se concibe una viña sin lagar. Así es, por ejemplo, en Isaías 5:2, cuando el Señor compara a Israel con una viña.

Cuando el Señor dice en esta alegoría de Juan 15: "Vuestro fruto permanezca", probablemente no se refiera a la uva –que es pasajera, poco durable– sino al vino, porque el vino, cuanto más añejo, es mejor.

No estás solo

  Yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron». – 1 Reyes 19:18. Remanente ...