martes, 9 de febrero de 2021

LA SEGURIDAD DE LA SALVACION



 

LA SEGURIDAD DE LA SALVACIÓN


(Juan 1: 12-13) Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

 

La Biblia enseña que Dios ha hecho el plan de redención tan claro que cualquiera puede ser salvo. Sin embargo, saber acerca de Cristo, la cruz y el camino de la salvación es una cosa, y apropiárselo para uno mismo es otra muy distinta.

Hay miles de personas en el mundo de los negocios, miles de obreros calificados y miles de estudiantes en nuestras universidades que tienen una comprensión intelectual de la fe cristiana, pero nunca han dejado a Cristo entrar en sus vidas.

Usted tiene una necesidad

Me gustaría hablar muy sencillamente acerca de cómo encontrar a Jesucristo y tener la seguridad de la salvación.

PRIMERO: Reconozca su necesidad. Nunca se encontrará cara a cara con Cristo a menos que sepa que lo necesita. Si se siente autosuficiente, capaz de enfrentar la vida con su propio poder, entonces probablemente nunca lo encuentre. Una lectura de los Evangelios revelará que Jesús no obligaba a las personas que se sentían autosuficientes, justas y confiadas en si mismas a aceptarlo.

Pero no tuvo reparos en abrir los ojos del ciego Bartimeo que clamó: “Jesús, ten compasión de mí”… No dudó en dar el agua de vida a la mujer samaritana que dijo: “Dame de esa agua para que no vuelva a tener sed”... Se puso de inmediato al lado del Pedro que se hundía en el agua, cuando este le dijo: “¡Señor, sálvame!”.

No tenemos ningún caso en el que Cristo se rehusara a ayudar a alguien que vio en Él la respuesta a su necesidad más profunda. Por otra parte, no tenemos registros de que haya obligado a ninguna persona que rechazaba su presencia y su poder a recibirlo. Su promesa es: “Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón” (Jeremías 29:13).

Ahora, Tenemos su promesa

Reconozca su propia pecaminosidad y necesidad espiritual, y luego podrá haber una respuesta de Cristo. Él no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores, al arrepentimiento.

Antes de poder ser salvo, usted debe darse cuenta de que está perdido.

Antes de poder ser perdonado, usted debe darse cuenta de que ha pecado.

Antes de poder convertirse, usted debe estar convencido de que está en el camino equivocado.

Muchas promesas divinas dependen de una condición humana: “Mas a todos los que le recibieron […], les dio el derecho de ser hijos de Dios” (Juan 1:12). “Si vivimos en la luz, […] la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado. […]. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1 Juan 1:7, 9).

Tenemos la promesa, si cumplimos con las condiciones de Dios. Debemos recibir a Cristo antes que podamos ser hijos de Dios, y debemos confesar nuestros pecados antes de poder ser perdonados.

La Biblia enseña que “todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Usted tal vez nunca ha sentido que es un pecador o una pecadora, porque nunca ha cometido un acto abiertamente inmoral.

En tal caso, reciba por fe la enseñanza de la Palabra de Dios de que no ha cumplido con los requisitos de Dios. Estoy seguro de que usted no se considera perfecto. Acepte por fe el hecho de que usted es un pecador.

Isaías, el gran profeta, al ver la pureza y la santidad de Dios, clamó: “¡Ay de mí, que estoy perdido! Soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios blasfemos” (Isaías 6:5).

Job, al considerar la santidad y la majestad de Dios, dijo: “Me aborrezco” (Job 42:6, RVR60).

Pedro, el gran apóstol, que estaba dispuesto a ser crucificado cabeza abajo por su Salvador, confesó: “Soy un pecador” (Lucas 5:8).

Entonces, Vamos al médico de médicos

Todos somos pecadores a los ojos de Dios. Debemos reconocer nuestros pecados y estar dispuestos a confesarlos. Cuando tenemos una necesidad física, vamos al médico.

Cuando reconocemos que tenemos una enfermedad moral y espiritual, debemos ir al Gran Médico, nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Él es el único en el cielo y la tierra que está calificado para tratar con los complejos problemas del corazón humano.

Si las Naciones Unidas se diera cuenta de que el problema básico del mundo es espiritual y moral, sería el primer paso hacia la paz mundial. Sin embargo, está cometiendo el error que han cometido todos los grandes cuerpos deliberativos. Trata con los síntomas más que las causas. ¡La causa de nuestro problema es el pecado!

Este es el mismo error que usted puede estar cometiendo en su propia vida.

Pero El problema básico se encuentra en su propia alma. Usted ha ofendido a Dios con su pecado, y ha encontrado que no tiene fuerzas para vivir la clase de vida que usted sabe que debería vivir.

En el momento que usted reconozca esta necesidad y esté dispuesto a acudir a Cristo por fe, habrá dado el primer paso hacia la salvación y la redención.

SEGUNDO: Esté abierto a entender la cruz. Esto suena como casi imposible, porque aun los mayores teólogos nunca entendieron los misterios de la cruz de Cristo. Esta es una dificultad que parece casi insuperable desde el punto de vista humano. Aun la Biblia dice que el hombre natural no puede comprender las cosas de Dios, así que ¿cómo puede alguien entender la cruz antes de encontrar la seguridad cristiana?

Cuando vemos a Cristo muriendo y derramando su sangre por nuestros pecados, quedamos absortos, asombrados y fascinados. Sentimos una extraña atracción. No podemos siquiera entender nuestros propios sentimientos. No podemos entender un amor tan grande como el suyo.

 Ahora, ¿Cómo podemos entender?

Muchos intelectuales han creado teorías con relación a por qué murió Cristo y cuál fue el significado eterno de su muerte. Ninguna parece encajar; son inadecuadas. Ninguna nos satisface. Solo cuando entendemos que Cristo estaba muriendo en el lugar de los pecadores, por el pecado, encontramos los elementos de la satisfacción. Pero, ¿cómo podemos entenderlo?

 He aquí el milagro. Así como Pedro dijo por una revelación divina: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16), de la misma forma, mediante un milagro, el significado de la cruz le será dado a usted por el Espíritu Santo.

 Recuerdo a un joven periodista que oyó el evangelio noche tras noche, pero no pareció hacer ningún impacto sobre él. Sin embargo, un día, cuando uno de sus colegas le preguntó: “¿Qué están predicando allá?”, trató de explicar el evangelio y, al hacerlo, dijo: “Es así… Cristo murió por mí…  Cristo murió por mis pecados… y resucitó…”

 Y cuando lo dijo, ¡de pronto se dio cuenta de que era verdad! De pronto recibió milagrosamente el pleno significado de esas palabras y en ese momento recibió la seguridad de la salvación.

 Cuán vívida, cuán viva se vuelve la cruz cuando Pablo habla de ella: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí” (Gálatas 2:20). Cuando usted vea a Jesús exaltado y levantado, cuando pueda ver al Hijo de Dios, azotado, desfigurado, magullado y muriendo por usted, y pueda decir: “quien me amó y dio su vida por mí”, habrá dado el segundo paso hacia la seguridad cristiana.

 TERCERO: Considere el costo. Jesús siempre desalentó el entusiasmo superficial. Instó a las personas a considerar detenidamente el costo de ser un discípulo.

Frecuentemente, cuando grandes multitudes lo seguían, se dirigía a la gente y les decía: “¿Han considerado el costo? ¿Se dan cuenta de que si alguien quiere seguirme tendrá que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme?”.

 También dijo: “Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla? […] De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:28, 33).

 Entonces, ¿Qué es más difícil?

Muchos se acercan a Cristo sin considerar el costo primero. El costo incluye arrepentimiento, dejar el pecado y un reconocimiento continuo y diario de Cristo en su vida. Estos son los requisitos mínimos del discipulado. La vida cristiana no es para los débiles, los blandos o los cobardes.

 El director de un campamento cuyo propósito es llevar a jóvenes pandilleros a Cristo dice: “Ser cristiano es la cosa más difícil del mundo. ¿Qué es más difícil que amar a tu enemigo?”.

 Sí, la vida cristiana es dura y ruda, pero es desafiante. Vale todo lo que cuesta ser un seguidor de Jesucristo. Pronto encontrará que la cruz no es mayor que su gracia. Cuando tome la cruz de la impopularidad, dondequiera que usted se encuentre, verá que la gracia de Dios está ahí, más que suficiente para suplir cada una de sus necesidades.

 CUARTO: Dé un paso decisivo. Un día, un estudiante de una fe no cristiana vino a mí y dijo que estaba convencido de que Jesús era el Hijo de Dios, pero no podía confesarlo públicamente. Dijo que en su país, el costo sería demasiado grande socialmente.

 Tuve que decirle que la Biblia afirma: “A cualquiera que me reconozca delante de los demás, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo. Pero a cualquiera que me desconozca delante de los demás, yo también lo desconoceré delante de mi Padre que está en el cielo” (Mateo 10:32-33).

 Lo que hizo fue irse triste, como el joven rico de la Biblia. Había considerado el costo y no pudo pagar el precio del reconocimiento abierto de Jesús como su Salvador.

 Pedimos a las personas que hagan una confesión pública de Cristo en nuestras reuniones, porque Cristo exigía un compromiso definido. No existe tal cosa como un discípulo secreto. Cristo tenía razones para exigir que la gente lo siguiera abiertamente. Él sabía que un voto sin testigos no es un verdadero voto.

 Dé el paso decisivo

Usted debe saber que hay tres “personitas” que viven en el fondo de nosotros. Una de esas personitas es el intelecto, otra es la emoción y la tercera es la voluntad. Usted podrá aceptar intelectualmente a Cristo. Emocionalmente, puede sentir que puede amarlo. Sin embargo, hasta tanto se haya entregado a Cristo mediante un acto decisivo de su voluntad, usted no es cristiano.

 ¿Ha dado usted este paso decisivo? La Biblia dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios” (Juan 1: 12).

 QUINTO: Permita que Dios cambie su vida. Cuando acude a Cristo, usted es un bebé espiritual. Al leer el Nuevo Testamento, verá cómo los primeros discípulos, durante los primeros días de seguir a Cristo, tropezaron y frecuentemente fracasaron. Discutían, eran envidiosos, peleoneros, infieles… y a cada rato se enojaban.

 No obstante, a medida que se iban vaciando de sí mismos y se llenaban de Cristo, fueron desarrollándose hacia la plena estatura de un cristiano.

 La conversión es solo el principio. Una nueva vida comienza en usted en el preciso momento en que recibe a Cristo. El Espíritu Santo ha pasado a residir en usted. Durante el resto de su vida se ocupará de conformarlo a la imagen de su Hijo, el Señor Jesucristo.

 Sin embargo, usted será un objetivo de Satanás, el enemigo de Cristo. Cuando usted andaba en el mundo, él no se preocupaba demasiado en molestarlo. Ya lo tenía para sí; usted era su hijo. Pero ahora, desde que usted recibió a Cristo y es un hijo de Dios, el enemigo espiritual usará todas sus técnicas diabólicas para frustrarlo, obstaculizarlo y derrotarlo.

 Pero habrá Milagros alrededor de usted

Cuando usted viene a Cristo, su comportamiento moral sufrirá un reajuste. Encontrará un nuevo deseo de hacer lo correcto junto con las fuerzas para hacerlo.

 Habrá reminiscencias de la vida antigua, y habrá momentos en los cuales tendrá deseos de volver “como la puerca lavada, a revolcarse en el lodo” (2 Pedro 2:22). Pero recuerde a quién pertenece ahora.

 Usted ha recibido a Cristo y quiere seguirlo y servirlo. Ahora tiene la naturaleza de Cristo en su interior, y “el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).

 Si usted es fiel en asistir a la iglesia, en la oración, la lectura bíblica y el testimonio, Dios obrará en usted y a través de usted. Usted podrá decir, como Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Verá que ocurren milagros alrededor de usted al disciplinar su vida según el patrón de un verdadero cristiano.

Ya para terminar, ¿Está listo para encontrarse con Dios?

¿No le gustaría saber que todo pecado ha sido perdonado? ¿No le gustaría saber que usted está listo para encontrarse con Dios, no importa lo que ocurra en esta era nuclear? Aquí, resumiendo, están los cinco pasos:

PRIMERO: Reconozca su necesidad.

SEGUNDO: Esté abierto a entender la cruz.

TERCERO: Considere el costo.

CUARTO: Dé un paso decisivo de compromiso con Jesucristo.

QUINTO: Permita que Dios cambie su vida.

Permita que Cristo entre en su corazón. Invítelo ahora mismo. La Biblia dice: “Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo” (Romanos 10:13).

HAGAMOS LA ORACIÓN DE FE JUNTOS, AHORA MISMO.

REPITA CONMIGO.

Padre Celestial:

Te pido perdón por todos mis pecados. Recibo a Jesucristo tu Hijo Amado como mi Señor y Salvador. Gracias por perdonarme y regalarme la vida eterna. Amén.




EL TIEMPO SE ACABA


 

EL TIEMPO SE ACABA


(1 Tes. 4: 13-15)  Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

 

(Juan 14: 3) Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

 

ORACIÓN: TODA LA GLORIA PARA MI SEÑOR JESUCRISTO


El tiempo se acaba.  Nuestro Señor Jesucristo está por venir otra vez.

Escudriñemos la Palabra de Dios para ver qué dice con respecto a su venida en las nubes, pero también que dice la Palabra del destino humano. Porque solamente en la Palabra encontraremos la respuesta a todas las interrogantes acerca de nuestro futuro eterno.

1. ¿Es posible que sepamos exactamente el día, el mes o el año de la venida de Jesucristo a este mundo?

ESTÁ ESCRITO: “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre” (Mateo 24:36).

Así que el arrebatamiento se puede dar en cualquier momento, en el instante menos pensado. Porque nadie lo sabe, sólo Dios, entonces puede ser cuando menos lo esperamos. Por eso tenemos que estar preparados, amados hermanos.

2. ¿Cuáles son las señales que el Señor Jesús dice que anunciarían su venida?

“Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos”

(Marcos 13:8).


3. ¿Qué otras señales serán vistas?

Y en la tierra angustia de las gentes… desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra” (Lucas 21:25, 26).

4. ¿Cómo nos anuncia la venida de Jesús las condiciones sociales del mundo?

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno”

(2 Timoteo 3:1-3).

5. ¿Cuál será la condición espiritual de muchos cristianos en los últimos días?

Porque habrá hombres amadores de sí mismos. . . que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella”

(2 Timoteo 3: 2, 5).

6. El aumento de los conocimientos científicos y las grandes migraciones de estos tiempos también son un anuncio de la venida del Señor.

 Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará” (Daniel 12:4).

7. Antes de que Jesús venga, hay un mensaje tendrá que ser dado a conocer a todo el mundo, y que ya se está haciendo incluso por Internet.

 “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”

(Mateo 24:14).

8. Al ver cumplirse todas estas señales, ¿qué debemos saber y hacer?

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca”

(Lucas 21:27, 28).

“Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”

(Lucas 21:36).

Mirando hacia la hora final, el apóstol Pedro ofreció un sano consejo a todos los que vivieran en estos días extraordinarios:

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!  Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz”

(2 Pedro 3:10-14).

¿Cómo podemos seguir estas recomendaciones escritas para todos nosotros en la Biblia?

Tenemos que poner nuestros ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, que vino a morir y a derramar su preciosa Sangre por todos los pecadores que crean en Él.

Hermano, amigo, el tiempo se acaba. Y los hechos de la historia dan cuenta de ello:

Hace algunos años, el joven Sean Sellers, de 16 años y un compañero de su edad, asesinaron a un empleado de un comercio.

El joven Sean describió su asesinato con estas palabras: “No tomamos dinero. No tomamos mercancía. Simplemente quitamos la vida de un hombre inocente, para Satanás”.

El asesino de 16 años no era siquiera un sospechoso del caso. Lo fue seis meses más tarde, cuando esta vez mató a sus padres.

El joven practicó con anticipación un rito oculto, explicando, “No había nada más que un odio frío en mí”.

Sean Sellers fue el hombre más joven en la fila de condenados a muerte en Oklahoma, donde fue ejecutado por inyección letal.

Ustedes hermanos que leen las noticias por internet y lo que ocurre en el mundo, se han dado cuenta que todo está lleno de violencia, odio, maldad, sangre, corrupción, tragedias, homicidios, engaños, crueldad en grado sumo.

El mundo actual es un mundo salvaje y sin leyes, que en los últimos tiempos no conoce límites.

Hace dos mil años, el Señor Jesús habló en la colina de un monte y predijo que vendría un tiempo como éste.

Los discípulos le preguntaron en forma privada: “¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?

(Mateo 24:3).

Entonces el Señor pronosticó la destrucción de Jerusalén y delineó con claridad las señales que precederán a su venida.

Los eventos que condujeron a la destrucción de Jerusalén también estarían presentes en el tiempo del fin, pero los últimos serían tiempos de maldad en una escala mucho mayor, esto es, en los días cercanos al regreso de Jesús.

Es maravilloso cuando comparamos las predicciones de Jesús en Mateo 24 con las predicciones del libro de Apocalipsis. Esta comparación nos provee un cuadro preciso sobre nuestros días.

Y es acerca de nuestro tiempo que habló Jesús. Por dos mil años, las palabras que Jesús habló en el Sermón del Monte en Jerusalén han sido preservadas en los Evangelios para que pudiésemos ver cómo los eventos de nuestro tiempo señalan el tiempo del fin.

Señales claras y específicas precederían el evento culminante de los siglos, el arrebatamiento de la iglesia.

¿Cuáles son las señales de las cuales Cristo habló?

Jesús predijo en (Mateo 24:5) que “Vendrán muchos en mi nombre, diciendo: yo soy el Cristo; y a muchos engañarán”.

Y en estos tiempos, miles de personas se vuelven hacia las sectas, hacia falsos cristos y falsos profetas, quienes reclutan a muchos para que los sigan a ellos, menos a Jesús.

Pero el Señor Jesús lo advirtió en (Mateo 24:24): “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios”.

Jesús estaba diciendo que el enemigo desataría su “poder engañoso” para tomar cautivas las mentes de hombres y mujeres. Hermanos, no tenemos idea de cómo las religiones falsas han aumentado de una manera fenomenal en estos últimos tiempos.

Estas son las sectas que reclutan a aquellos que andan buscando cosas nuevas, que van en busca de nuevas emociones. La secta “Puertas del Cielo” produjo un video de despedida, y después muchos se quitaron la vida.

Jim Jones, del “Templo del Pueblo”, condujo a casi mil seguidores a la muerte en las selvas de Guyana, cuando les hizo beber agua con cianuro.

David Koresh condujo a sus seguidores a una feroz muerte en Waco, Texas.

Y ni hablar de la “Secta Suiza”, cuyos miembros se incineraron a sí mismos hasta morir.

O la “Secta Japonesa” planificando ataques con gases nerviosos en los trenes subterráneos de Japón.

Hay sectas que creen en la existencia de OVNIs, como la Dianética, hay sectas satánicas, sectas de la Nueva Era, sectas orientales, los terroristas del Corán, etc.

Y las Sagradas Escrituras predicen a todos esos falsos cristos. Son falsos movimientos religiosos que se vienen levantando justo antes de la Venida de Cristo.

Hoy, miles de periódicos en todo el mundo y por internet tienen una columna sobre astrología, sobre falsos horóscopos. Estas cosas parecen inofensivas, pero son parte también del engaño del enemigo. Hoy la gente marca un número de teléfono, o una clave, y una secta de psíquicos les dicen a la gente “su futuro”.

Muchos hacen click en los sitios de Internet para ser guiados por la numerología prohibida, por cartas del tarot y por falsas interpretaciones de sueños. Porque el diablo está quitando cualquier señal de Peligro en estos últimos días.

Pero Dios nunca es tomado por sorpresa.

Jesús nos advierte en su Palabra Sagrada, en (Mateo 24:6, 7):Y oiréis de guerras y rumores de guerras… Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino”.

Amigos, Hermanos, ustedes saben que el Siglo 20 fue escenario de la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea, la Guerra de Vietnam, la Guerra Árabe-Israelí, la Guerra en Bosnia-Herzegovina, la Guerra del Golfo, Kosovo, Irlanda del norte y del sur, guerras por toda África, desde Ruanda y Somalia hasta el Sudán y el Congo.

Se estima que miles de millones de personas fueron muertas en el último siglo, una cantidad extraordinariamente mayor que la de cualquier otro siglo de la historia del mundo.

Tratados de paz basados en frágiles promesas humanas se firman hoy y se invalidan mañana.

Hablando acerca de nuestro tiempo, el apóstol Pablo declaró en (1 Tesalonicenses 5:3): “Cuando digan: paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, y no escaparán”.

En (Mateo 24:7) Jesús dice: “Habrá pestes y hambres y terremotos en diferentes lugares”.

¿Y qué vemos hoy el mundo? Vemos hambre, y vemos enfermedades incurables por todo el mundo.

El hambre crónica es parte de la vida diaria de cientos de miles de personas, y 4 millones de gentes mueren por inanición cada año.

Vemos pestilencias y enfermedades extrañas en aumento alarmante.

Nos hemos extrañado de la aparición repentina de un virus como el COVID, que según la ciencia de hoy durará años. Pero eso está previsto en la Palabra. (Mateo 24:7) dice:… y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.

Algunas enfermedades ya resisten los antibióticos. Y aparecen también nuevas enfermedades para las cuales la ciencia actual no encuentra cura: Cáncer, SIDA, ébola, y todos esos virus inesperados de procedencia inaudita, son una realidad de estos últimos tiempos.

¿Vemos terremotos hoy? Demasiados, y la mayoría son alarmantes porque su fuerza destructiva va en aumento. Lo mismo la de los volcanes.

Las estaciones sismológicas registran de 12 mil a 14 mil terremotos por año, unos 35 por día. Y muchos de esos terremotos son de magnitudes catastróficas en varios puntos del mundo. 

Jesús dice claramente en (Mateo 24:37, 38): “Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca”.

¿Sabes algo hermano? En los días de Noé, las normas de Dios no eran aceptadas, eran rechazadas por la mayoría. ¿Y cómo es la fibra moral de la sociedad de hoy? Es igual. La mayoría no quiere saber de Dios. La gente quiere vivir como quiere sin respetar las normas divinas.

¿A qué estamos esperando?

Cuando oímos o leemos las noticias, vemos sólo muerte y desolación, mucho derramamiento de sangre. Pero cuando leemos la Palabra de Dios, nuestra desesperación se convierte en esperanza. ¡Jesús viene pronto! ¡Cristo viene pronto! Y hay que proclamarlo.

La Sagrada Biblia da testimonio de ello. La Palabra dice que Habría aflicción y perplejidad en las naciones. (Lucas 21:25).

La Palabra dice que Los corazones de los hombres estarían desfalleciendo por el temor de las cosas que vendrían. (Lucas 21:26).

Dice que: las Conversaciones de paz, basadas en promesas humanas frágiles, no valdrían mucho. (1 Tesalonicenses 5:2, 3).

Dice la Palabra que Habría crimen, violencia e iniquidad. (Mateo 24:12)

Dice que Habría tiempos peligrosos y una decadencia moral de toda clase. (2 Timoteo 3:1-4).

Dice la Palabra que Los días sería violentos, habría maldad y miseria espiritual humana e idolatría, como en los días de Noé. (Mateo 24:37-39).

También dice que Muchos estarían absorbidos por los placeres de esta vida. (Lucas 21:34).

Y predice que El evangelio de Jesucristo sería predicado a todo el mundo, y entonces vendrá el fin. (Mateo 24:14).

Yo sé que somos conscientes de todas estas señales que predice la Biblia, y por eso sabemos que el tiempo se acaba. ¿Qué vamos a hacer?

Dios promete la salvación a todos aquellos que crean de corazón en Jesucristo y le reciban como su Salvador, y le sigan.

(Marcos 16: 15-16) Y Jesús les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. 16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.

Amigos, el mundo está en decadencia y las cosas están a punto de acabar. Es tiempo de cerrar filas con el Señor, es tiempo de acercarnos más a la Palabra, es tiempo de estar en oración y ruego, es tiempo de hablarle, como sea posible, a la gente de Jesús.

Es tiempo de arrepentimiento, es tiempo de dejar las cosas que no le agradan a Dios, es tiempo de sembrar para Dios… porque todo lo demás, el dinero, las posesiones, aquí se quedarán cuando volemos… pero si hacemos tesoros en el cielo, ningún hollín ni ninguna polilla podrán corromper, ni ningún ladrón podrá minar ni hurtar.

Todo lo que sembremos para el cielo, será prosperado. No quitemos los ojos del Señor, caminemos en este mundo mientras podamos, pero con los ojos puestos en Jesús.

Vamos a cerrar con este versículo de la Biblia. Vamos a decir como dijo un día Josué a las tribus de Israel, en (Josué 24:15): Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.

Vamos a dar gracias a Dios porque nos ha guardado hasta hoy, y para que nos ayude como familia a estar atentos a Su Palabra y a Su Venida.

Y si tú no has recibido a Jesús como tu salvador, te invito a que hagas esta oración de fe:

Padre Celestial:

Me arrepiento hoy de todos mis pecados. Recibo a Jesús como mi Salvador y Señor. Perdona todos mis pecados y límpiame con la Preciosa Sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Amén.

 

También queremos orar por sus necesidades. Toda necesidad, la que sea, Dios la puede suplir. Y Dios puede sanar toda enfermedad si creemos en su Poder Sanador, amigos y hermanos.

Si alguien necesita oración, pueden escribirnos al correo aguilera.federico@gmail.com y estaremos orando por todos ustedes que lo pidan y por cada necesidad en particular.

Cierren sus ojos y vamos a pedirle al Señor por todo esto. En el bendito Nombre de Jesús.

Amén.

 


LA GRAN CENA


 

Lucas 14:15-24  Oyendo esto uno de los que estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en el reino de Dios. 16 Entonces Jesús le dijo: Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17 Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. 18 Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. 19 Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. 20 Y otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. 21 Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo: Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.  22 Y dijo el siervo: Señor, se ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. 23 Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.


ORACIÓN: TODA LA GLORIA PARA MI SEÑOR JESUCRISTO.


Amados Hermanos y amigos que nos leen: 


El tiempo de la cena es la presente dispensación de Gracia. 


Estamos justo en la celebración de la Gracia de Dios, estamos justo en la celebración de esa Gran Cena, y Dios nos está invitando a todos sin excepción.


No importa la condición de la persona, si ha pecado mucho o poco, si ha hecho muchas cosas malas o pocas, si ha blasfemado, si ha despreciado antes a Dios, si ha mentido, si ha adulterado, si ha matado, si ha violado… no importa… 


Dios lo está invitando a la Gran Cena porque es la última oportunidad antes de que se cumplan los hechos de las Escrituras… Dios los está invitando antes de que sea demasiado tarde para cualquiera.


Esta Gran Cena se refiere a las bendiciones y privilegios concedidos para los hombres que creen genuinamente en el sacrificio de Jesucristo, el Hijo de Dios.


Y cuando Jesús habla esta parábola, se refiera en primer lugar a los muchos que fueron invitados (v. 16), que son los judíos… los judíos fueron los primeros escogidos y por eso recibieron la primera invitación… porque ellos habían sido avisados con mucha anticipación… pero ellos no creyeron en Jesús y hasta le mataron.


Y por otro lado, la parábola habla de las excusas, que son las  objeciones insensatas de ellos contra Jesús y Su Palabra.


Los pobres y mancos de la parábola son los publicanos, las rameras y pecadores entre los judíos y gentiles que sí aceptaron la invitación de Jesús y creyeron en Él.


Y todos los que fueron forzados a entrar desde los caminos y vallados, son todos los que estaban lejanos y que carecían de esperanza y de Dios, y esos somos nosotros los gentiles no judíos.


Y finalmente, los que nunca gustarán de esta cena son las generaciones de la nación judía incrédula, que han sido «cortados» de la Gracia de Dios por su incredulidad.


Hay una muestra de esto en la Biblia y vamos a leerla.


(Hch. 13:46) Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles. 47 Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, A fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra. 48 Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.


Esta es la gran enseñanza para nosotros de la parábola de la Gran Cena de Jesús… y vamos a considerar algunos puntos prácticos para entenderla mejor:


PRIMERO: HAY UNA TRIPLE RAZÓN PARA ACUDIR A LA GRAN CENA.


1. «VENID, QUE YA TODO ESTÁ PREPARADO.» «Todo está preparado», dice Dios.


Cada bendición espiritual para NUESTRO tiempo, y la oportunidad para recibirla, está ya preparada en Cristo Jesús.


A veces hemos visto el anuncio acerca de algún nuevo libro en imprenta, o que ya está preparado… o por ejemplo, una casa nueva en la que se terminan de construir los detalles, ya tiene agua, ya hay luz… y decimos: la casa ya está preparada para ser habitada.


Y hermanos, aquí tenemos en esta parábola el Anuncio de Dios, de que todo lo que tiene que ver con la Salvación del pecador está YA PREPARADO.


¿Necesitas un sustituto? Todo está preparado. Mira al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, MIRA A NUESTRO SALVADOR JESUCRISTO, Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa.


¿Necesitas perdón? Todo está preparado. Porque está ya dispuesto tu perdón en Jesús (Hch. 13:38).


¿Necesitas paz? Todo está preparado. Pues la paz ya está hecha por Cristo, que te limpia de todo pecado.


¿Necesitas poder para servirle al Señor? Todo está preparado. Pues Dios ofrece Poder en el Espíritu Santo a todo el que cree en Jesús. (Hch. 1:8).


2. «VENID, QUE YA TODO ESTÁ PREPARADO», Y ESTO ES PORQUE SE INVITA A TODAS LAS CLASES DE PERSONAS.


Porque Dios no hace acepción de personas. El Señor Jesús habla en la parábola de cuatro clases de personas.


Y lo cierto es que estas cuatro clases de las que habla el Señor Jesús, nos incluyen a todos:


Dice la Parábola que Dios dice: “Primero, los pobres”: Porque Dios invita a los pobres. A Todos los que no tienen nada, a los que no tienen riquezas, a los que se alimentan de pedazos de pan, de las sobras, de lo que se puede…Dios invita a todos los que no tienen esperanza… a esos pobres que nunca han sabido lo que es un banquete que los pueda colmar de buena comida... ni tienen buena ropa, ni viajan, ni tienen carro, ni tienen casa…


Vemos que Dios los invita a Todos… Dios invita también a todos los pobres de otra clase, a todos los pobres que van de puerta en puerta por los centros de placer del mundo, rogando por algo que pueda satisfacerlos, y no consiguen nada.


Segundo, Dios invita a los mancos, Dios invita a los que se han visto privados de algunos de sus miembros, y que han quedado lastimosamente mutilados.


Moralmente, esta clase representa a aquellos cuya conciencia ha quedado cauterizada, y aquellos cuya capacidad de voluntad ha quedado anulada. ¡Qué personas más impotentes! ¡Sí, venid, porque todo está preparado!, dice Jesús.


Se invita a los que no tienen manos porque no las quieren usar para servir a Dios, se invita a todos aquellos que no han querido levantarlas al cielo por años y años… Dios les abre hoy la puerta de Su Gracia con esta invitación.


En tercer lugar, Dios invita también a los cojos: a los que tienen todos sus miembros, pero en una condición deforme, cuya manera de andar no es ni recta ni constante.


Estos hacen lo mejor que pueden para dar una apariencia de normalidad ante los demás, pero no les es posible ocultar su deformidad ante Dios.


Dios invita a todos aquellos que han caminado solos sin tener en cuenta a Dios, y por eso les falta el pie principal. Dios está invitando a los cojos espirituales a venir a Jesús para que salven sus almas eternamente.


En cuatro lugar, Dios invita a los ciegos: Invita a la cena a los que pueden andar, pero que están en la negrura de la oscuridad constantemente. Invita a aquellos que tal vez piensan que su vida exterior puede parecer perfecta a los ojos de los hombres, pero que no saben a dónde van, y están ignorantes del peligro en que se encuentran, porque si mueren les espera el castigo eterno… porque apartados del Señor Jesús, nada pueden hacer.


Son todos aquellos a quienes tú puedes explicarles la verdad de Dios, la verdad de que solamente Cristo salva el alma de los hombres, pero la respuesta que dan es: «Yo no lo veo así».


3. DIOS LOS ESTÁ INVITANDO A TODOS Y LES DICE: «AUN HAY LUGAR PARA TI.» 


Date cuenta que la casa se está llenando rápidamente, pero aún hay lugar. Aún hay lugar para ti. Porque para Dios no hay límites. Nadie puede saber cuánto lugar queda todavía en el cielo para que quepan millones de personas, y Dios ha preparado un lugar especial para ti.


Ahora bien, tampoco sabemos la hora en que el Señor puede levantarse y cerrar la puerta. Pero Jesús dice hoy en la Parábola de la Gran Cena: Aún hay lugar: Todavía hay lugar… Ven a Jesús y entra en la Gracia de la Salvación, aceptándole en tu corazón como tu Salvador.


Aún hay lugar en el amor del Padre, aún hay lugar en la muerte expiatoria de Cristo el Salvador, aun hay lugar en el ministerio del Espíritu Santo que es para tí, y en el ofrecimiento del Evangelio de Salvación para todo aquél que cree en Jesús.


II. AHORA BIEN, DICE LA BIBLIA QUE HAY UNA TRIPLE EXCUSA PARA NO ACUDIR A LA CENA DE DIOS. Y Para decirlas de forma resumida, esas excusas se dan de esta manera:


PRIMERA EXCUSA. «AÚN TENGO OTRAS COSAS QUE VER EN EL MUNDO.» Porque dice la Biblia en el (v. 18): «He comprado un campo, y necesito ir a verlo».


Pero, ¿Por qué será que los hombres necesitan ir a ver sus campos, por qué será que los hombres necesitan ir a ver sus posesiones terrenales, y no tienen tiempo para considerar la provisión eterna que Dios ha preparado para su seguridad y herencia en el cielo?


Desde luego, hay muchas cosas interesantes en el mundo de lo visible, pero ¿qué puede compararse con la gloria salvadora de la Cruz de Cristo?


SEGUNDA EXCUSA. «TENGO OTRAS COSAS QUE HACER «Voy a probarlos» (v. 19).


La gente está más deseosa de probar los bueyes, que de probar las riquezas inefables de la oferta de nuestro Dios.

Otros parecen pensar que el tiempo para obedecer el llamamiento de Dios será cuando ellos quieran, cuando ya no tengan nada más que hacer en este mundo… Pero eso es el tiempo de su muerte.


Hay otros que persisten en ir probando y probando sus propios intereses mundanos, hasta que finalmente descubren que han sido unos necios al negarse a escuchar la invitación de Dios a la cena… Pero descubren que ya es demasiado tarde.


Y hay algunos otros que mientras están «ocupados en una y en otra cosa», se les desvanece su oportunidad de entrar en la vida eterna de Dios.


TERCERA EXCUSA. «TENGO OTRAS COSAS QUÉ GOZAR.» «Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir» (v. 20).


Todas las nuevas relaciones, tanto las de negocios, como las matrimoniales o del hogar, son importantes y tienen ciertamente una poderosa influencia en nuestras vidas.


No hay nada de malo en que alguien se case, tenga hijos o familia, eso es verdad, ni tampoco hay nada malo en comprar una casa, en constituir una nueva asociación, o en esperar un acontecimiento venidero; pero si los afectos del corazón están centrados de tal manera en estas cosas, de modo que el Evangelio de la gracia de Dios tiene que tomar un segundo lugar, entonces la vida se convierte en una pérdida para el Hijo de Dios.


Porque Dios tiene que estar en el primer lugar de tu vida. ¿Por qué? Porque Él fue quien te regaló la vida, el que te hizo nacer, el que te ha colmado de misericordias cuando has tenido problemas.


Dios quiere ocupar el primer lugar, y él conoce tu corazón y sabe si está en primero o segundo lugar en tu vida. De Dios nadie se burla. Él ha declarado de manera enfática que ninguno de los que traten a la ligera su invitación llena de gracia «gustará su cena».


Los que prefieren hacerse sus propias cenas en el tiempo de su vida, sentirán al final de sus vidas la opresión de aquella pobreza que es eterna.


Nadie ha podido todavía dar una excusa que satisfaga a Dios por no aceptar a su Hijo como Salvador.


Es a ti a quien está invitando Dios, no a tus excusas… Las excusas nunca podrán tomar tu lugar. Si te excusas ante Dios, quien pagará al final serás tú, si no aceptas la invitación del Padre.


Hermanos, amigos. Voy a invitarlos a que hagamos primero una oración de fe para aceptar la invitación de Dios. No se niegue la oportunidad de entrar en la vida eterna.


TE INVITO A QUE HAGAMOS LA ORACION DE FE... SOLO REPITE CONMIGO:

Padre Celestial:

Te pido perdón por mis pecados. Por favor acéptame como tu hijo. Yo acepto hoy en mi corazón a Jesús como mi Salvador y Señor de mi vida. Hazme la persona que quieres que sea. Te doy gracias por salvarme y regalarme la Vida Eterna. En el Nombre de Jesús. Amén.


Ahora los voy a invitar a que oremos al Señor para darle gracias por tan Grande Regalo de Salvación, y por su Gran Misericordia.


Vamos a orar amados hermanos. 


En el Nombre de Jesús. Amén.




No estás solo

  Yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron». – 1 Reyes 19:18. Remanente ...