“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia…”
ORACIÓN:TODA LA GLORIA PARA MI SEÑOR JESUCRISTO.
INTRODUCCION:
En numerosas ocasiones he escuchado a personas que se quejan de lo que son, se quejan de su condición, se lamentan del sufrimiento que han enfrentado a lo largo de los años, se quejan del modo en que han vivido sus vidas.
Estas personas viven mal, se sienten mal, sufren, odian, experimentan frustración, perviven con malos deseos en su corazón, y algunas hasta han llegado a desear quitarse la vida en lo más íntimo de su ser.
La amargura y el desaliento han hecho morada en sus corazones y no tienen ánimos para seguir viviendo porque no encuentran en este mundo una razón verdadera para existir.
Y la mayoría de estas personas han llegado a la conclusión de que la vida no tiene sentido, sienten que vivir es un absurdo, y por dentro desearían encontrar una salida, desearían encontrar un verdadero significado que nunca encuentran.
DESARROLLO:
Estas personas que refiero comúnmente se quejan diciendo:
–Yo no escogí este tipo de vida que me tocó.
–Yo no escogí esta familia en que nací.
–Yo no escogí este lugar en donde vivo.
–Yo no escogí la pobreza que me tocó vivir.
–Yo no escogí el sufrimiento y las carencias.
Y es verdad… ninguno de nosotros tuvo oportunidad de escoger.
Porque nunca a nadie se le pregunta antes de nacer:
–¿En qué país deseas nacer?
–¿Qué clase de familia te gusta más?
–¿Quieres nacer en un hogar rico o pobre?
–¿Quieres padres ilustres o padres empobrecidos?
Pero déjame decirte algo:
Hubo alguien que sí pudo escoger todo eso antes de nacer.
Hubo alguien que sí pudo escoger cómo sería su vida.
Él escogió nacer en uno de los lugares más humildes del mundo… en un pesebre, junto con los animales, antes que escoger la mejor cama mullida de un rico palacio:
(Lc. 2:16-18) “Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. 18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.
Él escogió crecer, vivir su niñez y su adolescencia en una humilde ciudad, en Nazareth de Galilea, que era desestimada y tenida en poco por la gente:
(Jn. 1:45-46) “Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. 46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.
Él escogió ser el hijo de un carpintero antes que el hijo de un príncipe rico de su época:
(Mt. 13:55) “¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?
Pero déjame decirte otra cosa:
Él escogió todavía algo aún mayor.
Él escogió morir en la cruz por tus pecados.
Él escogió morir en la cruz y entregar su vida a los 33 años por amor a ti.
Escucha bien:
Hay cosas que tanto tú como yo no podemos escoger en la vida… porque ya vinieron así.
Pero déjame decirte algo:
Déjame decirte que en Cristo, tenemos una oportunidad para escoger.
Déjame decirte que en Cristo, Dios nos da una oportunidad de elegir.
Porque en Cristo podemos escoger la verdadera vida.
Nacemos en pecado y en muerte espiritual, eso está claro.
Y si dudas esto yo te digo: mira a tu alrededor y dime lo que ves.
Mira a tu alrededor y dime lo que percibes, dime lo que ves:
¿Ves muerte, ves pecado, ves sufrimiento, ves engaño, ves maldición, ves amarguras, ves odio, ves homicidios, ves asesinatos, ves drogadicción, ves adulterio, ves fornicación, ves miseria, ves corrupción, ves todo eso…?
Podemos caminar en esta vida solos, sin esperanza, lamentando ser lo que somos, lamentando lo mal que nos va porque no escogimos ser como somos.
Podemos caminar en esta vida quejándonos continuamente de todo lo que somos, y reclamándole a Dios por qué somos como somos.
Podemos caminar en esta vida odiándonos unos a otros, sufriendo, lacerándonos, tan solo para enfrentar un día a la muerte sin ninguna esperanza.
Y yo te pregunto:
¿Escogerás la desesperanza? ¿Escogerás la amargura? ¿Escogerás la tristeza?
¿Seguirás viviendo como vives? ¿Seguirás haciendo las mismas cosas que haces? ¿Seguirás siendo como eres?
Porque hoy Cristo te da la oportunidad para que elijas.
Sí. Tú puedes elegir hoy.
CIERRE:
Hoy tú puedes elegir, tú puedes escoger. Puedes escoger la muerte, o sea, puedes escoger seguir viviendo como vives.
O puedes escoger la vida, la vida eterna que es Cristo Jesús.
¿Qué vas a elegir hoy?
¿Elegirás camino de muerte, o elegirás camino de vida?
Cristo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Jn. 14:6)
¿Escogerás la desesperanza, la amargura y la tristeza en que vives?
¿O escogerás a Cristo, el cordero de Dios que limpia los pecados del mundo?
¿Qué vas a elegir hoy?
Ya lo sabes: si decides seguir viviendo como vives estarás escogiendo la muerte eterna.
Mas si escoges a Cristo, tendrás vida, y la tendrás en abundancia.
Cristo dijo:
“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. (Jn. 10:9-10)
¿Qué vas a elegir hoy?
Recibe ahora mismo la salvación y la vida eterna que Cristo te ofrece, y deja de sufrir.
Cristo te dice hoy:
“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia…”
¿Qué harás con tu vida? ¿Qué vas a elegir hoy?
Escoge la vida. Escoge a Cristo.
No importa la situación en que te encuentres, no importa como te sientas, no importa si estás triste, si estás desesperanzado, si tienes deseos de llorar… no importa cómo te sientas.
Dios está al pendiente de todo lo que tú eres, Él te ama, él quiere regalarte la vida eterna por la fe en Cristo Jesús.
Isaías 55:3 dice: “Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno…”
Escoge la vida, ven a Jesús y vivirás eternamente.
Sólo pronuncia esta oración ahí mismo donde te encuentras, en voz audible, y dile a Dios:
Padre Santo:
Reconozco que soy un pecador y que te he ofendido. Me arrepiento de todos mis pecados. Te entrego hoy mi corazón. Entra en él y cambia mi vida. Le abro la puerta a Jesucristo, tu Hijo amado. Límpiame y lávame con la Sangre preciosa que Jesucristo derramó por mí en la cruz. Cámbiame y hazme la persona que Tú quieres que sea. Gracias por escribir mi nombre en el libro de la Vida, ygracias por regalarme la vida eterna.
1 Alabaré a Jehová con todo el corazón En la compañía y congregación de los rectos.
2 Grandes son las obras de Jehová, Buscadas de todos los que las quieren.
3 Gloria y hermosura es su obra, Y su justicia permanece para siempre.
4 Ha hecho memorables sus maravillas; Clemente y misericordioso es Jehová.
5 Ha dado alimento a los que le temen; Para siempre se acordará de su pacto.
6 El poder de sus obras manifestó a su pueblo, Dándole la heredad de las naciones.
7 Las obras de sus manos son verdad y juicio; Fieles son todos sus mandamientos,
8 Afirmados eternamente y para siempre, Hechos en verdad y en rectitud.
9 Redención ha enviado a su pueblo; Para siempre ha ordenado su pacto; Santo y temible es su nombre.
10 El principio de la sabiduría es el temor de Jehová;(A) Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; Su loor permanece para siempre.
“Y al salir Él vio una gran multitud y tuvo compasión de ellos y sanó a los que de ellos estaban enfermos.”
(Mateo 14:4).
Jesús fue movido a compasión; en este versículo vemos que después que los discípulos de Juan el Bautista le dijeron que su maestro había sido decapitado, Jesús se fue a un lugar desierto y que la multitud le siguió y que Él, al ver la multitud, «tuvo compasión de ellos» y sanó a sus enfermos.
Si Jesús estuviera esta noche aquí, de pie, en mi lugar, su corazón también se compadecería al mirar porque Él, al observar vuestro rostro podría ver las cargas, tribulaciones y aflicciones que tenéis que llevar.
Están escondidas a mis ojos, pero Él las conoce y por ello, cuando las multitudes se aglomeraban a su alrededor, Él sabía cuántos había allí con el corazón dolorido y el cuerpo quebrantado.
Pero Él está aquí esta noche, aunque no le podemos ver con los ojos del cuerpo y no hay pena ni tribulación que alguien esté sufriendo que el no conozca, y Él es el mismo esta noche que cuando estaba sobre la tierra; el mismo Jesús, el mismo Jesús compasivo.
Cuando vio la multitud tuvo compasión de ellos y sanó a sus enfermos, y espero que Él va a sanar a muchas almas enfermas aquí y va a restañar muchas heridas y vendar muchos corazones. Y dejadme decir al empezar el sermón que no hay corazón magullado del que el Hijo de Dios se compadezca y sane si se le da oportunidad. «No quebrará la caña cascada ni apagará el pabilo que humea.» Él vino al mundo para traer misericordia, gozo, compasión y amor.
Si yo fuera un artista me gustaría bosquejar algunas escenas bíblicas esta noche y poner delante de vosotros esta gran multitud de la cual Él tuvo compasión. Y luego dibujaría otro apunte del leproso que se le acerca, lleno de manchas y costras, de pies a cabeza.
Aquí hay un hombre a quien han echado de su casa, que ha sido abandonado por sus amigos, que va a Jesús con su historia desgraciada y triste. Y ahora, amigos, permitidme que hagamos vívidas las historias de la Biblia porque son todas reales.
Pensemos en el leproso. Pensemos en lo mucho que ha sufrido. No sé cuántos años hace que está alejado de su esposa, hijos y hogar, pero sí sé que vive solo. Lleva puesto un vestido especial, como un sambenito, para que todo el que se le acerca se dé cuenta de que es inmundo.
Y cuando él veía a alguno tenía que advertirle, gritando: «¡Inmundo! ¡Inmundo! ¡Inmundo!» Sí, y si su propia esposa hubiera ido a decirle que uno de los hijos estaba muriéndose el leproso no se habría atrevido a acercarse a ella; tenía la obligación de apartarse.
Tenía que escuchar a los demás desde cierta distancia y no podía estar presente en los últimos momentos de su hijo. Era, por así decirlo, un hediondo cadáver vivo; algo peor que la muerte. Y aquí tenemos a este hombre, un desecho, un paria, hacia el cual no se extendía una mano amiga. ¡Oh, qué vida tan terrible Pensemos luego en que se está acercando a Cristo y que cuando Cristo le ve se nos dice: tuvo compasión de él.
El corazón de Jesús latía al unísono con el del pobre leproso: tuvo compasión de él y el leproso se acercó a Jesús y dijo: «Señor, si quieres puedes limpiarme.» Sabía que nadie podía hacer una cosa semejante excepto el mismo Hijo de Dios y el gran corazón de Cristo fue movido a compasión por el leproso. Oigamos las palabras de gracia que salen de los labios de Jesús: « ¡Quiero; sé limpio!», y el leproso se mira y se ve limpio en aquel mismo instante.
Veámosle ahora camino de su casa y de sus hijos y amigos. Ya no es un paria, algo asqueroso, afectado por la terrible enfermedad de la lepra, sino que vuelve a los suyos con regocijo. Ahora bien, amigos, podéis decir que os produce lástima un hombre cuyas condiciones son tan tristes, pero ¿se os ha ocurrido alguna vez que vosotros estáis en condiciones mil veces peores?
La lepra del alma es mucho peor que la lepra del cuerpo. Y preferiría mil veces tener el cuerpo lleno de lepra que ir al infierno con el alma llena de pecado. Sería mucho mejor que me cortaran una mano o que se me secara un pie y que me quedara ciego todos los días de mi vida a ser expulsado de la presencia de Dios a causa de la lepra del pecado.
Escucha los gemidos y la agonía que llena este mundo a causa del pecado. Si eres un alma enferma del pecado, llena de lepra, tu que estás aquí esta noche, si vienes a Cristo, Él tendrá compasión de ti y te dirá como dijo a este leproso: «Quiero, sé limpio.»
El muerto resucitado
Vayamos ahora al siguiente cuadro que representa a Jesús movido a compasión. Ved esta casita. En ella vive una pobre viuda. Quizás hace unos meses que enterraron a su marido y ahora sólo tiene un hijo. ¡Cómo le idolatra! Confía en que va a ser el apoyo y sostén de su edad avanzada. Le ama más que su propia sangre y vida.
Pero mirad, la enfermedad entra en la casa y la muerte viene y pone su mano helada sobre el muchacho. Podéis ver a la madre, viuda, velándole día y noche, pero al fin los ojos del enfermo se cierran y su dulce voz es apagada para siempre. Por lo menos así lo piensa ella. No va a oírle más una vez lo hayan enterrado. Ha llegado la hora del entierro.
Muchos habéis estado en una casa que en que hay luto y habéis acompañado, con los amigos, el cadáver a la tumba, y dais una mirada a la persona amada por última vez. No hay ninguno aquí que no haya perdido algún deudo suyo.
Nunca he ido a un entierro y visto a una madre dando el último adiós a un hijo muerto sin que haya sentido un dardo que me penetraba el corazón o haya podido retener las lágrimas ante una vista semejante. Bien, la madre da el último beso a la frente fría; el último beso y la última mirada, y el cuerpo, tapado, en el ataúd, va a ser puesto en su lugar definitivo.
La madre tiene muchos amigos. La ciudad de Naín asistía en masa a este entierro. Veo la multitud que se empuja hacia las puertas de la ciudad, y más lejos, acercándose por el camino polvoriento veo a trece hombres, cansados, que se hacen a un lado para dejar paso a la comitiva. El grupo lo forman el Hijo de Dios y sus discípulos íntimos.
Jesús mira la escena, ve la madre sollozando, abrumada, con el corazón hecho trizas, y Él mismo siente que se le conmueve el corazón. Sí, el gran corazón del Hijo de Dios tiene compasión y se acerca al féretro, lo toca y dice:«Joven a ti te digo, levántate»
Y el muchacho se incorpora y empieza a hablar. Puedo ver a la multitud atónita; puedo ver a la viuda, madre del chico, que regresa a su casa con los rayos matutinos de la resurrección brillando en su corazón. Sí, Jesús había tenido compasión de ella. Y no hay viuda en esta sala a cuya voz Cristo no responda dándole paz en sus tormentas.
Oh, queridos amigos, permitidme que diga que si vuestro corazón está dolorido necesitáis a un amigo como Jesús. Él es el amigo que necesita la viuda; Él es el amigo que todo corazón que sangra necesita; Él tendrá compasión de ti y vendará tus heridas si quieres acudir a Él tal como te encuentras.
Él te recibirá sin reprenderte ni disciplinarse en su amoroso seno y te dirá: «Paz a ti», y andarás a la luz del sol de su amor a partir de este momento. Cristo vale más que todo el mundo junto. Él es el amigo que necesitas y ruego a Dios que cada uno de vosotros pueda conocerle en este momento como Salvador y amigo.
El hombre a quien robaron y maltrataron
El cuadro siguiente que voy a bosquejar para ilustrar la compasión de Cristo es el del hombre que desciende a Jericó y cae en manos de ladrones. Le han quitado el manto y el dinero que llevaba; le han apaleado y le han dejado medio muerto. Miradle, herido, sangrante, sin conocimiento. Y ved ahora por el camino un sacerdote que pasa y da una mirada a la escena.
No siente compasión ni deseo alguno de ayudar al pobre hombre. Pasa de largo por el otro lado del camino sin acercarse demasiado. Después de este sacerdote viene un levita, el cual dice: «Pobre hombre.» No, tampoco hace nada por él. ¡Ay, son muchos los que obran como el sacerdote y el levita!
Quizás algunos, al venir a esta sala, habéis visto algún borracho tambaleándose por la calle y habéis dicho simplemente: «Pobre desgraciado», si no es que os habéis reído de alguna necedad que ha dicho o hecho el desgraciado.
Nosotros somos muy diferentes del Hijo de Dios. Al fin pasa un samaritano y da una mirada al herido y siente compasión de él. Se apea del asno y tomando aceite lo vierte sobre las heridas, se las venda y lo saca de la cuneta, lo coloca sobre su bestia y se lo lleva al mesón, donde dispone lo que hay que hacer para su cuidado. Este buen samaritano representa a vuestro Cristo y al mío. Vino al mundo para buscar y salvar lo que se había perdido
Joven, tú has venido a aquí y has acabado juntándote con malas compañías. Has ido con ellos a lugares de vicio y tabernas y te han dejado mal herido y sangrando. ¡Oh, ven esta noche al Hijo de Dios y Él va a tener compasión de ti y te sacará de esta inmundicia y te transformará elevándote a su reino y llevándote a las alturas de su gloria si se lo permites.
No importa quién seas; no importa cuál haya sido tu vida pasada. Como dijo Jesús a la pobre mujer adúltera: «Ni yo te condeno; vete y no peques más.» Jesús tuvo compasión de ella y tiene compasión de ti. Este hombre que desciende de Jerusalén a Jericó representa a millares aquí en esta ciudad, y este buen samaritano representa al Hijo de Dios.
Joven, Jesucristo ha puesto su corazón para salvarte. ¿Quieres recibir su amor y compasión? No albergues pensamientos duros acerca del Hijo de Dios. No creas que te condena. Ha venido para salvarte.
El Hijo pródigo
Pero me gustaría pintar otro cuadro, otra escena, la del joven que se marchó de su casa, que encontramos en el capítulo quince de Lucas; un hijo ingrato que pidió a su padre la parte de la herencia que le correspondía ya antes de tener derecho a ella; la quería al instante. Le dijo a su padre: «Dame la parte de la hacienda que me corresponde», y su buen padre le dio su parte y él se marchó.
Ahora le vemos que emprende su camino, lleno de orgullo, arrogante, y empieza a vivir con todo despilfarro en un país extranjero. ¿Cuántos habéis venido a esta ciudad para malgastar el dinero? Sí, y este joven fue popular en tanto que tuvo dinero. Sus amigos duraron lo mismo que el dinero.
En tanto lo tiene paga la cuenta en la taberna y todos sus compinches le dan el parabien y palmaditas a la espalda. ¡Qué locura! Pero ido el dinero se terminaron los amigos. ¡Oh, los que servís al diablo tenéis a un amo muy duro! Bien, cuando el dinero del hijo pródigo hubo desaparecido sus amigos se rieron de él y le llamaron necio, lo cual era una gran verdad.
¡Qué ciego y equivocado estaba este joven! Mirad lo que se perdió. Perdió el hogar de su padre, mesa y comida, la reputación, el confort y su trabajo, aunque más adelante consiguió otro en aquel país apacentando cerdos. Éste era un negocio ilegítimo para él, no le correspondía hacerlo. Y esto es lo que hace el que se vuelve atrás; está a sueldo del diablo.
Ha perdido el tiempo y su reputación. Nadie tiene confianza en uno que se vuelve atrás, porque incluso el mundo desprecia a los tales. Este hombre no tiene ya reputación. Miradle entre los cerdos. Un día pasa uno en aquel país extraño y viéndole dice: «¿Qué hace este desgraciado, sin calzado, medio desnudo, vigilando cerdos?» «Ah», dice el pródigo, «no hables de mí de esta manera. Mi padre es rico y sus criados van mejor vestidos que tú»
-«¡Qué va! », dice el otro. «Si tuvieras un padre tal como describes estoy seguro que no te reconocería.» Y nadie quería creerle.
Ha perdido su testimonio
Nadie da crédito ni cree a uno que se hace atrás. Si habla del goce que ha tenido con el Señor nadie le cree. ¡Oh, desgraciado, me das lástima! Sería mejor que regresaras al hogar. Por lo menos el pobre hijo pródigo volvió en sí y dijo: «Me levantaré e iré a mi padre», y lo hace y se pone en marcha. Miradle por el camino, pálido, hambriento, con la cabeza gacha, sin fuerzas y quizás enfermo.
Nadie puede reconocerle como no sea su padre. Pero el amor tiene una vista como un lince para distinguir su objetivo. El anciano ha estado esperándole. Podemos verle muchas noches en el terrado mirando en lontananza por si le ve de lejos.
Muchas noches ha estado orando a Dios, pidiendo que su hijo pródigo regrese. Todos los que le han hablado de él en aquel país extranjero le han dicho que el chico avanza rápidamente hacia su ruina total. El anciano pasa mucho tiempo orando por él y al fin su fe empieza a vigorizarse y dice: «Creo que Dios va a enviarme a mi hijo y un día ve, desde lejos, al hijo perdido, pero ahora hallado.
No le reconoce por el vestido, pero sí por el paso y el porte y se dice: « Sí, éste es mi hijo.» Ved cómo el padre baja rápido las escaleras, cómo se precipita hacia el camino, cómo corre. ¡Ah!, es, podríamos decir, lo mismo que hace Dios. Muchas veces el Dios de la Biblia es representado apresurándose, corriendo; tiene gran prisa para recibir al que se ha hecho atrás.
Sí, el anciano está corriendo, ve de lejos a su hijo y tiene compasión de él. El muchacho quiere contarle la historia de lo que ha hecho y dónde ha estado y el padre quiere oírle; su corazón está lleno de compasión y lo abraza en su seno.
El muchacho quiere entrar y quedarse en la cocina con los sirvientes, pero el padre no le deja. ¡No!, manda a los criados que le pongan zapatos en los pies y anillo en el dedo y que maten el becerro gordo y hagan todos una fiesta.
El hijo pródigo ha vuelto al hogar, el que se había hecho atrás ha regresado. ¡Oh, tú que te has vuelto atrás vuele al hogar y habrá gozo en tu corazón y en el corazón de Dios! ¡Que Dios haga que regresen al hogar todos los que se han hecho atrás presentes aquí esta noche y que lo hagan hoy mismo.
Di como dijo el pródigo: «Me levantaré e iré a mi padre» y yo, bajo la autoridad de Dios, te digo que Él te recibirá, borrará todos tus pecados y te restaurará a su amor y volverás a andar a la luz de su rostro después de la reconciliación.
Bien. No expreso esta queja de ninguna manera en contra de las redes sociales, ni tampoco en contra de la web.
Sólo quiero exponer un asunto que me quema por dentro y que me parece debe ser tomado muy en serio por quienes tienen a su cargo la legislación de los medios, y en particular, la regulación de la creación de sitios en Internet.
Ya sé, ya sé lo que dirán algunos cuando lean esto: ¡Cuán difícil es controlar a nuestros hijos para que no hagan lo indebido! Y tienen en parte razón.
Pero cuando uno lee noticias como que en Internet están surgiendo sitios que promueven descaradamente el suicidio entre los jóvenes -y también entre los adultos-, escudados bajo la sutil nomenclatura de "redes sociales", o sea, bajo una nomenclatura de engaño, me parece que la sociedad mundial está obligada a hacer algo para evitarlo.
¿No crees que pueda ser una hija tuya quien caiga algún día en manos de estas redes diabólicas? Nadie lo sabe. Pero te sugiero que lo pienses bien antes de contestártelo.
La BBC acaba de publicar una noticia aterradora: En Bélgica, siete jóvenes se están siuicidando cada día bajo la influencia de estas redes. ¡Siete jóvenes, siete vidas, siete almas maravillosas que para Dios son más preciosas que todo el oro del mundo!
La pregunta es: ¿Por qué están sucediendo estas cosas? ¿Quien está interesado en que estas almas se pierdan sin haber conocido nunca a Dios? ¿A dónde han ido a dar esas almas?
Cristo dijo: "El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor;(A) el buen pastor su vida da por las ovejas. (Juan 10:10-11)
¿Por qué diría esto el Señor Jesucristo? ¿Es que acaso era necesario que Él lo dijera?
Cuando nos enteramos de estos suicidios en serie, cuando es de nuestro conocimiento todo lo que está ocurriendo en estos tiempos en Internet y en otros ámbitos y medios, uno tiene forzosamente que preguntarse, pero preguntarse con honestidad: ¿Hay alguien interesado en matar, hay alguien interesado en hurtar, hay alguien interesado en destruir las preciosas vidas que Dios hizo?
¿Hay alguien interesado en desviarte del camino correcto? ¿Hay alguien interesado en robarte la vida eterna que Dios ha preparado para tí? ¿Hay alguien interesado en hacer esto?
Creo que aquí hay razones suficientes para respondernos estas preguntas. Cristo, en el Evangelio de Juan dijo que hay alguien que sí está interesado en hacerlo. Cristo le llama ladrón, hurtador, engañador, homicida. Hay una potestad espiritual que está interesado en hacerte mal, que está interesado en matarte, en robarte, en destruirte.
Pero por sobre este ladrón que está robando vidas entre jóvenes y adultos a través del suicidio en las redes sociales maniqueas, hay alguien todopoderoso que es mucho mayor, alguien que ya venció a tu enemigo en la Cruz: Se llama Jesucristo.
Jesucristo dijo claramente: "Aquél, el ladrón, sólo vino para matar...Yo he venido para que tengas vida, y para que la tengas en abundancia."
Hay vida abundante en Cristo, pero tenemos que acercarnos a Él. ¿Puedes creer esto? Escucha bien: Si tú te acercas a Él, Él se acercará a tí. Porque Él dice en Juan 10:11 "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas."
Mira. Cristo es el buen pastor; nosotros somos las ovejas. El buen pastor ya dio su vida por tí en la Cruz del Calvario. Tú sólo tienes que creer que Él lo hizo. Y tú te preguntarás: ¿Y cómo hago yo para creer? ¿Cuál es la fórmula o el procedimiento?
Escucha bien esto: Si tú tienes problemas en tu casa, problemas en la escuela, si te sientes incomprendido, si estás a punto de suicidarte porque alguien te lo pide por internet, o te lo aconseja en la calle, o te lo susurra al oído, no hagas caso. Ése es el ladrón que quiere destruir tu vida; ése es el ladrón que sólo vino a matar, a hurtar y a destruir. ¡Tienes que darte cuenta de ello!
Si tú tienes problemas con las drogas, si te sientes atado a algo que te oprime, si te sientes esclavizado a cosas que no te dejan vivir en paz, a cosas que te roban la calma, que te quitan el sueño..., esas son obras de aquél que está interesado en robarte esa paz, en hurtarte la vida, en matar tus sueños de vida. ¡No escuches a esa voz!
Aquí mismo, ahora mismo, hay otra voz, una voz de vida, una voz dulce, una voz santa, una voz que es mucho más poderosa que la muerte que te dice: "Yo he venido para que tengas vida, y la tengas en abundancia, créeme a Mí."
Cristo te dice: "Yo soy el buen pastor, y he dado mi vida por tí. Si tú te acercas a mí, Yo me acercaré a tí, porque soy respetuoso de tu decisión."
Cristo te dice hoy: "Da tú el primer paso, y ven a mí. Yo te amo, por eso di mi vida por la tuya. Sólo tienes que creerlo."
Cristo te dice: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar". (Mateo 11:28)
Decídete: Pronuncia esta oración a Dios ahora mismo:
Altísimo Padre Santo. Reconozco que soy un pecador y que te he ofendido. Me arrepiento de todos mis pecados. Perdóname. Te entrego hoy mi corazón. Entra en él y cambia mi vida. Le abro la puerta a Jesucristo, tu Hijo amado. Límpiame y lávame con la Sangre preciosa que Jesucristo derramó por mí en la cruz. Cámbiame y hazme la persona que Tú quieres que sea. Gracias por escribir mi nombre en el libro de la Vida, y gracias por regalarme la vida eterna.
En el nombre de tu Hijo amado Jesucristo.
Amén.
Si tú haz hecho esta oración entonces te has dado cuenta de que ha desaparecido la angustia en tu mente y en tu corazón, te has dado cuenta que la paz ha vuelto a tu vida, que Dios ha quitado de tí esas ansias por matarte.
Ahora eres un hijo de Dios. No deseches esta oportunidad. Busca una iglesia cristiana donde se adore el Nombre de Jesús y congrégate. Alaba a Dios y agradécele por esta oportunidad de vida. Aléjate de lo malo y haz lo bueno, busca la paz y síguela.
Y nunca más hagas caso a esos demonios que te susurran y te hablan de suicidio... aunque estén escondidos en ciertas redes sociales de internet.
Título: Las zorras pequeñas Texto bíblico: (Cantares 2:15) Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; Porque nuestras viñas están en cierne. Oración: Toda la Gloria para mi Señor Jesucristo. Introducción:
Voy a comenzar mi mensaje con una ilustración:
Un atleta salió a recorrer su país y en su largo caminar tuvo que atravesar diversos obstáculos; calor, frío, lluvia, sol, y cuando llegó a la ansiada meta fue entrevistado y le preguntaron: ¿Cual fue el mayor obstáculo que tuviste que atravesar? y él respondió: Mi mayor obstáculo fueron las piedritas pequeñas que se metían dentro de mis zapatos.
Traduciendo esto a nuestro lenguaje espiritual diríamos que las piedritas pequeñas son como las "zorras pequeñas". Desarrollo:
Las zorras son esos pequeños animalitos que se meten en los viñedos y se comen el fruto, echando a perder toda la cosecha.
Porque las zorras grandes, cuando se meten en los viñedos, ciertamente se comen el fruto. Pero las zorras pequeñas, como no alcanzan el fruto, se tienen que levantar y se tienen que estirar, y al hacerlo rompen toda la rama, y entonces no sólo se pierde el fruto sino que se pierde también la siembra y toda la cosecha.
O sea que cuando las zorras pequeñas entran en el viñedo destruyen totalmente lo que antes se había sembrado, y hay que resembrar, hay que restaurar el viñedo completo.
Estos astutos animales, por ser zorras pequeñas se meten por cualquier agujerito, y por esa astucia y agilidad que tienen se hacen difíciles de cazar, pero el daño que causan a los frutos es muy grande, y en ocasiones es enorme e incalculable.
Y esto viene a ser, hermanos, como un reflejo de la vida cristiana; esto viene a mostrarnos cómo las cosas pequeñas afectan tanto a nuestra vida espiritual.
A veces decimos:
Un traguito no es malo… ¿qué puede pasarme?... ¿Acaso el Señor Jesucristo no convirtió el agua en vino, acaso Él no iba a fiestas? Una pachangueadita de vez en cuando no es mala... Una mentirita de vez en cuando no es mala... Una murmuración contra el hermano de cuando en cuando no es mala... A fin de cuentas que el hermano o la hermana o el vecino bien que se lo merece...
Pero Dios dice: ¡No!
Esas son "zorras pequeñas", esas son justamente las "zorras pequeñas" que dañan tu viñedo.....
(1 Corintios 5:6) No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?
"...Un poco de levadura leuda toda la masa...."
El pecado regularmente no empieza por lo mucho, empieza por lo poco. De esas zorras pequeñas es que debemos cuidarnos. Hay que revisar todos los rincones de nuestra viña para ver donde saltan de pronto esas "zorras pequeñas" que se están comiendo tu fruto espiritual.
Hay cristianos que viven engañados en su vida espiritual, y creen que con ir a los cultos, con ofrendar, con diezmar cada quincena, con alabar y adorar, eso es todo, pero no se han dado cuenta de esa amargura que tienen contra el hermano, contra los lìderes, contra el pastor, contra el vecino, contra el familiar, etc...
Pueden saludarlos y convivir con ellos, pero es sólo de la garganta para afuera... esa “zorra pequeña” le está dañando la comunión con el prójimo, está dañando el fruto del Espíritu Santo.
Fijémonos que en éste versículo del Libro de Cantares, el Señor nos está dando una orden: “cazadnos las zorras”.
Nosotros los cristianos debemos constituirnos en unos expertos cazadores de “zorras pequeñas”, no permitiendo que nada ni nadie eche a perder el precioso fruto que el Señor hace cada día en nuestra viña. Él ya plantó la semilla en tí, en tí que eres tierra buena para Él, y esta semilla ha ido creciendo poco a poco, gradualmente, y hasta ha dado frutos. Tú ya le has hablado a otros de Jesús, los has llevado a la iglesia, y algunos han aceptado al Señor en su corazón... Tú debes saber que éstos son frutos dignos de arrepentimiento ante los ojos de Dios. Nuestra vida espiritual, entonces, crece lentamente y van dando fruto, pero las "zorras pequeñas" siempre están al acecho para comerse los frutos, y si tú las dejas entrar, si no las cazas a tiempo, hasta pueden destruir tu viña.
La Biblia dice en el Libro de Juan que nosotros debemos llevar fruto en abundancia…, pero para que esto suceda hay que cazar antes a las “zorras pequeñas”.
David dice al Señor: "examíname Oh Dios y ve en mi si hay camino de maldad...” Él está diciendo: Señor muéstrame qué “zorra pequeña” puede estar oculta en mi viña, qué zorra pequeña se está comiendo mi fruto....qué zorra pequeña está destruyendo y quebrantando mi viñedo… Cierre:
Querido hermano o hermana que me lees.
No es casual que tú estés leyendo ahora mismo este mensaje. Tú sabes que Dios tiene el control de todas las cosas y que las casualidades no existen en el terreno espiritual.
Hay tantas y tantas cosas pequeñas en nuestras vidas cada día que se vuelven una rutina, y hasta pensamos que no pueden hacernos daño, y a veces hasta nos excusamos diciendo: El Espíritu de Dios no me redarguye, así que tengo libertad para hacer esto, puedo hacer lo otro, tengo libertad para hacer también aquello…
Pero yo quiero decirte hoy que Satanás está poniendo en estos tiempos “zorras pequeñas”, que está trabajando con “zorras pequeñas” metiéndolas astutamente en las viñas. El enemigo las suelta en nuestra viña en ciernes, en nuestra viña en crecimiento, y esas “zorras pequeñas” arrancan no solamente el fruto sino también las ramas, destruyen toda la siembra.
Satanás es el que envía esas "zorras pequeñas" que con mucha astucia quieren meterse en tu viña por medio de pecadillos que a veces no son tan importantes para ti, pero que sí lo son para el Señor.
Tal vez ya no sientes tantos deseos de orar como antes, tal vez ya no sientes tantos deseos de leer la Biblia como antes, o de ir a los cultos con regularidad, o de unirte a los ayunos de la iglesia….
Tal vez hay una "zorra pequeña" molestando con pensamientos ocultos de murmuración, de envidia, de odio, de contienda contra alguien que conoces…
Tal vez hay una "zorra pequeña" que se está comiendo el fruto de tu viña, y de paso está quebrando las ramas de tu viñedo para que nunca haya más fruto, para que haya hambre y sequedales.
Por eso hoy te pregunto: ¿Cual es la "zorra pequeña" que le está haciendo daño a tu viña?
Identifícala porque tú debes saberlo. Identifícales porque el Señor dice en el Libro de Cantares: Levántate, cázalas, y acaba con ellas…
Esta es una orden del Señor Jesucristo para ti.
Y si lo haces, el Señor Jesucristo restaurará tu viña ahora mismo.
La Biblia dice en Daniel capítulo 4 que Nabucodonosor, rey de Babilonia, tuvo un sueño que le turbó, de modo que mandó llamar al profeta Daniel para que le interpretase su sueño.
El profeta Daniel le dijo al rey que le sucedería lo siguiente por causa de su orgullo:
“Esta es, oh rey, la interpretación: Es un decreto del Altísimo que ha caído sobre mi señor el rey. A ti te echarán de entre los hombres, y junto con los animales del campo estará tu morada. Te darán de comer hierba, como a los bueyes, y serás mojado con el rocío del cielo. Siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo es Señor del reino de los hombres y que lo da a quien quiere. Y lo que dijeron, que dejasen en la tierra el tronco de las raíces del árbol, significa que tu reino continuará firme después que tú reconozcas que el señorío es de los cielos”.
(Daniel 4:24-26)
Un año después, cuando Nabucodonosor estaba paseando por su palacio real el sueño se convirtió en realidad: La Biblia dice en Daniel 4:30 que el rey habló con gran orgullo diciendo:
“¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué como residencia real, con la fuerza de mi poder y para gloria de mi majestad? Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando descendió una voz del cielo: “A ti se te dice, oh rey Nabucodonosor, que el reino ha sido quitado de ti….con los animales del campo será tu morada. Te darán de comer hierba como a los bueyes. Siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo es Señor del reino de los hombres y que lo da a quien quiere.”
En la misma hora se cumplió la palabra acerca de Nabucodonosor.
Ahora bien, lo interesante de todo esto es que una cita semejante a la de Nabucodonosor se ha encontrado, aparte de la Biblia, que es casi idéntica a esta afirmación de Daniel 4:30.
La inscripción conocida como la inscripción de La Casa del Este de la India deja constancia de las actividades de construcción de Nabucodonosor en Babilonia y afirma lo siguiente:
“Mi nombre será recordado a lo largo de toda la historia durante todas las épocas debido a que convertí Babilonia y Esagila en una poderosa fortaleza.”
La grandeza de Babilonia también fue mencionada por el historiador griego Heródoto, que visitó Babilonia noventa años después del reinado de Nabucodonosor.
En sus escritos dice que se sintió turbado y asombrado por la enorme cantidad de oro que había en Babilonia. Dijo que todas las paredes de Babilonia estaban cubiertas de una capa de oro.
Nabucodonosor estaba convencido de que había sido su propia mano la que había creado una ciudad tan magnífica y que él mismo gobernaba de manera suprema, pero Dios hizo que este poderoso gobernante se volviese loco durante siete estaciones con el propósito de enseñarle una lección, a fin de que supiese que es Dios el Señor el que reina y Gobierna el Universo.
Los documentos reales babilónicos relacionados con Nabucodonosor mismo, muestran las siete estaciones que transcurrieron como el tiempo en que estuvo loco:
“Durante cuatro años mi reino no me dio el menor gozo. Durante ese tiempo, no di orden de que se construyese ni un solo edificio importante y en Babilonia misma, no se erigió ningún edificio para rendir tributo a mi nombre o para darme gloria. No canté alabanzas a Merodac, mi dios, ni presenté sacrificios ante su mesa de las ofrendas ni limpié ninguno de los canales.”
Hay que hacer notar que en Babilonia contaban solo dos estaciones, el verano y el invierno. Por lo tanto (siete estaciones) equivalen a tres años y medio, y Nabucodonosor afirmó que no se deleitó en su reino durante cuatro años. ¡Impresionante!
Nabucodonosor aprendió por fin a humillarse ante Dios, como su padre, Nabopolasar, había aprendido a hacerlo antes de él. Nabopolasar, hablando acerca de sus humildes orígenes, escribió:
“En cuanto a mis orígenes, nací siendo hijo de un don nadie . . . En mi opinión, fui considerado como el menos deseable de todos los hombres, no siendo considerado importante a los ojos de otros.”
Esta es la declaración más importante hecha por Nabucodonosor, Rey de Babilonia:
"Pero al cabo de los días yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo; y me fue devuelta la razón. Entonces bendije al Altísimo; alabé y glorifiqué al que vive para siempre. Porque su señorío es eterno, y su reino de generación en generación. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada. El hace según su voluntad con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra. No hay quien detenga su mano ni quien le diga: “¿Qué haces?”…Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, exalto y glorifico al Rey de los cielos, porque todas sus obras son verdad y sus caminos son justicia. El puede humillar a los que andan con soberbia.” (Daniel 4:34-37)