lunes, 3 de agosto de 2015

De truenos a silbos apacibles





Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois.
(Lucas 9: 54-55)



La figura y el genio de los apóstoles Juan y Jacobo queda muy en evidencia en este pasaje de Lucas 9.

La Biblia dice que los samaritanos no quieren recibir al Señor Jesús. Entonces ellos sugieren hacer lo mismo que hizo Elías con los enviados del rey Ocozías, es decir, hacer llover fuego del cielo para consumirlos.

Estos dos discípulos, como buenos judíos, conocían muy bien la historia nacional, y en ella ocupaba un importante lugar el profeta Elías. El mismo que había hecho llover fuego sobre los sacrificios en aquella memorable tarde ante los profetas de Baal.

Juan y Jacobo debían sentirse impresionados por las antiguas hazañas de Elías, y ahora ellos quieren realizar su sueño de emularlas. ¿Y quién mejor que su Maestro para hacerlo?

Amados: esto no es de sorprender en Juan y Jacobo.

El Señor mismo, conociéndolos mejor que nadie, los había bautizado como "Boanerges", los hijos del trueno.


Ellos poseían el carácter iracundo y vehemente de Elías; y ahora consideraban una ofensa imperdonable que los samaritanos hubiesen desairado así al Maestro.

Pero los dos discípulos no entienden aún el momento que su Maestro está viviendo.

Un poco más arriba, en el (V, 51) la Biblia dice: "Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén".

¿Qué interés podía tener el Señor Jesús de vindicarse a sí mismo si su corazón iba dispuesto para ir a la muerte, y muerte de cruz?

Por eso el Señor usa con ellos un lenguaje muy diferente, el lenguaje del amor.

Algún tiempo atrás, aliados con su madre, Juan y Jacobo se habían acercado al Señor para obtener un futuro privilegio en su reino, y aquel día el Señor les había hablado el lenguaje de la humildad.

Porque todos los 'hijos del trueno' necesitan oír esta clase de palabras.

Cuando estos hermanos pretenden imitar a Elías no tienen en cuenta la lección que Dios le dio al profeta en la cueva de Horeb.

Porque dice la Palabra que la presencia de Dios no se manifestó ni en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en el silbo suave y apacible.

Ahora es preciso que ellos sean transformados de hijos del trueno, en silbos suaves y apacibles.

Cuando vemos a Juan recostado sobre el pecho del Señor en la última cena, y luego, cuando leemos los escritos del Juan anciano –en especial sus epístolas–, vemos el comienzo y la consumación, respectivamente, de este logro en cuanto al amor.

Por otro lado, cuando leemos en el libro de Hechos la temprana y heroica muerte de Jacobo, comprobamos que él pudo renunciar a aquellos pretendidos privilegios de grandeza para beber de la copa de su Señor, muriendo como un mártir.

Así también nosotros, amados hermanos: cómo necesitamos oír el lenguaje del amor y el de la humildad, y hacernos parte de ello, es decir, encarnarlos.

Esto es necesario para que se cumpla en nosotros la bienaventuranza de Juan y Jacobo, estos dos truenos transformados en silbos suaves y apacibles.

Un poco hoy, otro poco mañana, el Espíritu Santo de Dios nos va tocando, derribando, quebrantando hasta lograr su precioso objetivo.

Y seguro que lo logrará también con nosotros, como lo hizo con ellos.

Porque, ¿qué diremos a esto?

¡No hay imposibles para Dios!

Dios les bendiga.





Aguasvivas.cl


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada