miércoles, 26 de agosto de 2015

El Verbo fue hecho carne



"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios ... Y aquel Verbo fue hecho carne"
(Juan 1:1, 4).


La palabra Verbo aquí, en el griego, es Logos, que se traduce también como Palabra.

Jesucristo es la Palabra hecha carne.

Aquello que hasta ese momento era solo celestial, se volvió también terrenal.

Por eso, Él es llamado también Emanuel, que quiere decir: “Dios con nosotros”.

La gran maravilla del evangelio es que Dios tomó la forma de hombre; que lo inefable se acercó a los hombres con forma humana y con el lenguaje de los hombres.

sábado, 22 de agosto de 2015

Si Él está





En el mundo se han dicho muchas frases célebres. Algunas de ellas han inspirado vidas y han sostenido proyectos y grandes empresas. 

Por ejemplo, hay una frase de Martin Luther King que dice: “Hoy tendré un día muy pesado; tendré que doblar dos veces mis rodillas”. ¡Que gran verdad! 

Y qué decir de cada una de las palabras de nuestro Señor Jesucristo. ¡Llenas de gracia y verdad; de sabiduría y ciencia; de justicia y amor! Verdaderamente de sus labios destilaba miel.

Existe una frase en las Escrituras que resume maravillosamente cómo debe ser nuestro caminar por este mundo. La encontramos en el relato de la vida de José, uno de los doce hijos de Jacob. 


sábado, 15 de agosto de 2015

La puerta de las ovejas



"Yo soy la puerta de las ovejas"
(Juan 10:7).



Después de haber curado al ciego de nacimiento, Jesús habla a los judíos sobre el Buen Pastor. Él es el Buen Pastor, el Buen Pastor conoce sus ovejas y ellas lo conocen; y por no creer ellos en él, mostraban que no eran de sus ovejas.

Con esto Jesús mostraba también su corazón, que incluía a todos sus discípulos, y no sólo a los judíos, como ovejas que no tenían pastor (Mar. 6:34).

Son muchas las enseñanzas del Señor en este capítulo 10 de Juan, pero en esta oportunidad quisiéramos destacar dos de ellas.

La primera es la restauración de la puerta de las ovejas del antiguo templo de Israel como figura de la Casa de Dios, de la iglesia del Dios vivo; y en segundo lugar su aspecto práctico.


viernes, 7 de agosto de 2015

Fruto que permanece



"No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca..."
(Juan 15:16).


Estas palabras del Señor Jesús están insertas en su discurso de la Vid verdadera.

La alegoría que Él hace es hermosa, didáctica, y la enseñanza espiritual acerca de la unión indestructible entre Cristo y los suyos fluye sencilla y fácil de comprender.

El Señor Jesús es la Vid y nosotros los pámpanos. El Padre nos ha puesto en la Vid verdadera para que llevemos fruto, mucho fruto.

Sin embargo, no son los hermosos racimos de uvas el fruto más preciado de un pámpano, sino el vino.

Por eso, en las Escrituras no se concibe una viña sin lagar. Así es, por ejemplo, en Isaías 5:2, cuando el Señor compara a Israel con una viña.

Cuando el Señor dice en esta alegoría de Juan 15: "Vuestro fruto permanezca", probablemente no se refiera a la uva –que es pasajera, poco durable– sino al vino, porque el vino, cuanto más añejo, es mejor.

miércoles, 5 de agosto de 2015

La justicia humana





¿Ha conocido usted a personas moralmente intachables?

Son personas que gozan de un gran prestigio.

Pero si usted los observa atentamente, percibe en ellos más de algún atisbo de justicia propia.

Ellos difícilmente podrían comprenderle, porque nunca han fracasado. Son “casi” perfectos, o se creen “casi perfectos”.

Y usted, a esas personas, puede encontrarlas en cualquier lugar.

Si son cristianos, ellos parecen personificar perfectamente las altas demandas de la perfecta ley de Dios.

Y si no lo son, pueden lucir su figura igualmente impecable. ¡Ellos se sienten ser personas muy buenas y especiales!

lunes, 3 de agosto de 2015

De truenos a silbos apacibles





Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois.
(Lucas 9: 54-55)



La figura y el genio de los apóstoles Juan y Jacobo queda muy en evidencia en este pasaje de Lucas 9.

La Biblia dice que los samaritanos no quieren recibir al Señor Jesús. Entonces ellos sugieren hacer lo mismo que hizo Elías con los enviados del rey Ocozías, es decir, hacer llover fuego del cielo para consumirlos.

Estos dos discípulos, como buenos judíos, conocían muy bien la historia nacional, y en ella ocupaba un importante lugar el profeta Elías. El mismo que había hecho llover fuego sobre los sacrificios en aquella memorable tarde ante los profetas de Baal.

Juan y Jacobo debían sentirse impresionados por las antiguas hazañas de Elías, y ahora ellos quieren realizar su sueño de emularlas. ¿Y quién mejor que su Maestro para hacerlo?

Amados: esto no es de sorprender en Juan y Jacobo.

El Señor mismo, conociéndolos mejor que nadie, los había bautizado como "Boanerges", los hijos del trueno.

domingo, 2 de agosto de 2015

Cristo, nuestra ofrenda de paz





"Porque he tomado de los sacrificios de paz de los hijos de Israel el pecho que se mece y la espaldilla elevada en ofrenda, y lo he dado a Aarón el sacerdote y a sus hijos, como estatuto perpetuo para los hijos de Israel" (Lev. 7:34).



Los diferentes tipos de sacrificios –cruentos e incruentos– que encontramos en el sacerdocio del Antiguo Pacto, representan la perfección del Señor Jesucristo: su perfecta divinidad, su perfecta humanidad, su perfecto amor, su perfecta comunión con el Padre.

Todos esos sacrificios son, igualmente, figura de nuestra comunión con Dios.

En los sacrificios u ofrendas de paz había una porción reservada a los sacerdotes –que son los creyentes de hoy–.

En el sacrificio de holocausto, el animal ofrecido era quemado enteramente, tal como el Señor Jesús se ofreció por entero al Padre. En este sacrificio, el sacerdote no tenía parte.

Sin embargo, en el sacrificio de paz, era apartada una porción para el sustento de los sacerdotes.

Así también nosotros, habiendo sido hecha ya la propiciación por nuestros pecados, mediante el sacrificio de Cristo en la cruz, podemos disfrutar de la ofrenda de paz – Cristo mismo. "Porque él es nuestra paz ... porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre" (Efe. 2:14, 18).

La Biblia dice que la porción dada a los sacerdotes era el pecho y la espaldilla del animal sacrificado.