lunes, 13 de julio de 2015

¡Dios llama!





Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí. 5 Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó.
(1 Samuel 4-5)

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¿Cuántos de nosotros sabemos que Dios llama?

Hay personas que no creen que Dios llame a los hombres, pero la Biblia es clara en esto del llamado divino. Y hay, además, otra cosa: El llamado de Dios siempre es personal.

En ocasiones Dios usará intermediarios, pero el intermediario  o ministro siempre irá con una encomienda, con un llamado que va dirigido a la persona que Dios quiere llamar.

(v, 4) Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.

Dios llama, y nos llama de muchas maneras. A veces lo hace con voz audible; otras mediante un pensamiento profundo e incisivo; a veces nos llama por una tribulación, una desgracia, un desastre personal, y en ocasiones nos llama a través de un sueño, de un siervo, etc.

Debemos entender que para Dios no hay imposibles y que bajo esta gran verdad, Dios usará medios que a nosotros nos podrán parecer inconcebibles.


No me gusta mucho hablar de mí, a menos que sea para glorificar al Señor. Pero quiero decir que yo no fui llamado, por ejemplo, de la forma como Dios llamó a Samuel, o a Moisés, o a Abraham, o a Saulo.

Al contrario, el llamado de Dios llegó a mi vida apenas unas horas antes de que me suicidara. ¡Y con qué poder llegó Su Llamado, Bendito sea el Señor!

La Biblia dice que Jehová estaba llamando a Samuel al ministerio... pero también estaba acomodando la ejecución de un juicio en otro ministerio. Y eso es terrible.

Es hermoso cuando el llamado de Dios es directo, para abrir puertas, para levantar una obra o para predicar el Evangelio a los necesitados. Pero cuando es para desplazar a alguien, o para sustituir a alguien por causa de un juicio divino, eso sí que debe ser terrible.

Por supuesto, Dios siempre sabe lo que hace. Y Dios había hecho nacer a Samuel no sólo para glorificarse, sino para responder a la tremenda oración de Ana su madre, y más todavía, para traer juicio sobre la casa del sacerdote Elí.

Por ello es duro saber que en esta ocasión, el intermediario entre Samuel y Dios fue el mismo Elí.

Hay mucho qué decir sobre el llamado de Samuel, sobre el miope ministerio de Elí y sobre la manifiesta impiedad de sus hijos. Pero si nos centramos tan solo en el llamado veremos que en ocasiones no estaremos preparados para oír la voz de Dios a la primera llamada.

Samuel era un joven, y dice la Palabra que él incluso ministraba. Pero Samuel ministraba en presencia de Elí, no en la presencia de Jehová, porque la palabra de Dios escaseaba en aquellos días.

(v, 1)  El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.

Muchas veces, también, el llamado de Jehová no es entendido cuando estamos rodeados de impiedad e indiferencia. Entonces el Señor tiene que llamar varias veces, como ocurrió en el caso de Samuel.

¿Cuántos de nosotros sabemos que Dios llama?

En efecto Dios llama. Pero a veces no se puede oír su llamado porque los ojos del ministro se han apagado (v,2).

En efecto Dios llama. Pero no podemos oír su llamado porque, aunque habitemos cerca del arca, permitimos que la lámpara de Dios sea apagada (v,3)

En efecto Dios llama. Pero nosotros no entendemos su llamado… y muchas veces corremos con el ministro para que nos interprete un llamado que siempre es personal (v,5).

Pero al fin, cuando podemos discernir Su llamado, entonces se cumplirá el propósito que Dios tiene para nuestra vida y para nuestro ministerio.

(vv, 20-21) Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. 21 Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová.

¡Bendiciones para todos!


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