jueves, 30 de julio de 2015

Cristo está en ti



"Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos"
 (Juan 21:14).


He aquí un pasaje que despierta curiosidad y revelación.

Ésta ya era la tercera vez que Jesús se aparecía a sus discípulos, quienes lo habían acompañado por tres años y medio en su ministerio, pero en ninguna de ellas lo reconocieron físicamente:

"Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús" (Juan 21:4).

La pregunta es: ¿Por qué cada vez qué Él se presentaba a sus discípulos, lo hacía de forma diferente?

Esto nos trae una revelación muy preciosa.

Antes de su muerte Jesús dijo: "Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre" (Juan 16:16).

Y después, en el verso 22 aún dice: "También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo".


Jesús quería que sus discípulos lo conociesen a partir de su resurrección, no físicamente, sino por la fe en sus corazones. Conocemos al Señor en Espíritu y en Verdad, y así le adoramos y le vemos.

"Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros" (Juan 14:19-20).

El Señor nos enseña que, aunque lo hubiésemos conocido según la carne, ya no le conocemos así (2 Cor. 5:16).

Por eso de ahora en adelante, a nadie debemos conocer según la carne. Aunque moramos en esta carne, ya no andamos más en la carne, sino en el espíritu (Rom. 8:9).

Él también nos enseña a no juzgar por la apariencia, sino creer que nuestros hermanos son templo del Espíritu, morada del Señor.

Ya no es cada hijo de Dios quien vive, sino Cristo: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí..." (Gál. 2:20).

Así que, cuando miramos a un hermano no debemos ver su apariencia, sino ver a Cristo en él.

Porque cuando abrazamos a un hermano, abrazamos a Cristo; cuando amamos a un hermano, estamos amando a Cristo; si oímos a un hermano, estamos oyendo a Cristo. Pero cuando entristecemos a un hermano, entristecemos a Cristo, pues "...Cristo es el todo, y en todos" (Col. 3:11).

Jesús hoy no se presenta de forma física, sino que se manifiesta en cada uno de los que somos parte de Su Cuerpo, aun en los más simples y débiles (1 Cor. 12:22).

Los discípulos no lo reconocieron físicamente, pero sabían que era el Señor (Juan 21:12).

Así también es con nosotros cuando nuestro corazón se alegra y arde por cualquier miembro de Su Iglesia:

"Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?" (Luc. 24:31-32).

Que nuestros ojos sean abiertos para ver al Señor Jesús en nuestros hermanos todos los días.

¡Bendiciones para todos!





Aguasvivas.cl



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