lunes, 29 de junio de 2015

El fuego de Dios






El Espíritu Santo es Dios.

El Espíritu Santo es, por lo tanto, una Persona Divina con todos los atributos de tal.

Sin embargo, para que podamos conocerle mejor, Él se nos representa a través de algunos símiles. Y uno de estos símiles es el fuego.

Cuando Juan el Bautista anunció el ministerio del Señor Jesús dijo, entre otras cosas, que Él bautizaría en Espíritu Santo y fuego (Mat. 3:11).

Esto se cumplió parcialmente en Pentecostés, cuando vino el Espíritu sobre los apóstoles y lenguas de fuego se aparecieron sobre cada uno de ellos (Hech. 2:3)… y se ha seguido cumpliendo hasta nuestros días.

¿Qué significa que el Espíritu Santo sea fuego?


viernes, 26 de junio de 2015

El Evangelio Glorioso





"Fiel es esta palabra y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero".
(1 Timoteo 1:15)
      

Por Charles Spurgeon.



Supongo que el mensaje que los siervos de Dios anuncian a la gente siempre debe llamarse "la carga del Señor".

Cuando antiguamente los profetas venían de parte del Señor, predicaban tales juicios y amenazas y calamidades que sus rostros reflejaban mucha tristeza y sus corazones pesar. Normalmente comenzaban sus mensajes anunciando: "La carga del Señor, la carga del Señor".

Pero ahora, nuestro mensaje no tiene esa carga. Ni amenazas ni truenos forman parte del tema del ministro del Evangelio. ¡Sólo se habla de misericordia! El amor es la suma y la sustancia de nuestro Evangelio: amor inmerecido, amor hacia el primero de los pecadores.

jueves, 25 de junio de 2015

Necesitamos nacer de nuevo




Casi todo el material utilizado por Juan en su Evangelio es diferente al de los otros Evangelios. Eso lo diferencia de los otros tres, llamados sinópticos.

Entresacando de este novedoso material referente al Señor Jesucristo, hallamos cuatro o cinco encuentros con personas muy representativas.

Son representativas, porque sin duda Juan tuvo a la mano mucho material disponible, que no incluyó.

¿Por qué incluyó este material, y no otro?

Creemos que aquí hubo una cuidadosa selección, a fin de cumplir su propósito, que era demostrar que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

El primer encuentro es con Nicodemo, este sabio maestro de los judíos.

Saltándose los saludos protocolares, Juan muestra al Señor introduciendo un tema absolutamente nuevo en el Nuevo Testamento: el nuevo nacimiento.

La mayor necesidad de un hombre como Nicodemo, versado en los escritos sagrados, era nacer de nuevo. Él era simplemente un estudioso, pero no era un hombre nuevo.

"Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es" (Juan 3:6).


lunes, 22 de junio de 2015

Oyendo a Dios hoy






"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo" (Heb. 1:1-2).



La Biblia dice que cuando Abraham oyó con fe las palabras de Dios tocante a su descendencia fue contado como justo (Gén. 15:5-6; Gál. 3:5-6).

Por la palabra de Dios, el oír de Abraham fue despertado y produjo fe en su corazón. Y por esa fe fue declarado justo.

Ahora bien, ¿cuál es la palabra de Dios que hemos de creer nosotros, en una época tan diferente de aquella en la que Abraham vivió?

Nosotros no tenemos una palabra de Dios tocante a nuestra descendencia, ni tampoco tenemos una palabra de Dios acerca de un sistema de sacrificios expiatorios, como el del tiempo de Moisés.

La palabra de Dios para nosotros hoy tiene que ver con el sacrificio de su Hijo Jesucristo.


domingo, 21 de junio de 2015

Sube acá



Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas … y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá…”.
(Apo. 1:17; 4:1).



El apóstol Juan, en el exilio, ha recibido una visión gloriosa del Señor Jesucristo, y cae como muerto a sus pies.

Pero el Señor, tiernamente, lo toca y le dice: “No temas”.

Luego le entrega mensajes para siete iglesias. El panorama de ellas en ese entonces, con la excepción de Filadelfia, no era muy alentador.

Juan debió estar muy afligido por la decadencia a que habían llegado las iglesias en poco más de cincuenta años.

Parecía ser que la obra a la cual con tanto amor había dedicado su vida, había sido infructuosa.

¿Qué hacer? ¿Cómo revertir esa desgracia?

Entonces, mira a lo alto. “Después de esto, miré, y he aquí una puerta abierta”.

jueves, 18 de junio de 2015

Entre la muerte y la resurrección






La cruz está en el punto exacto de intersección entre estos dos polos. Si no hay cruz, no hay muerte ni resurrección.

Nadie puede ser un verdadero siervo de Dios sin conocer el significado de la muerte y de la resurrección.

Y esta es una verdad fundamental que tuvo su aplicación en nuestro Señor Jesús y en sus apóstoles.

El Señor Jesús

Antes de comenzar su ministerio público, el Señor Jesús fue bautizado. Por supuesto, no lo hizo porque tuviera algún pecado o algo de lo cual necesitara limpiarse. El bautismo del Señor Jesús tiene un significado simbólico que apunta justamente a la muerte y la resurrección.

El Señor Jesús no conoció pecado, sin embargo, en cuanto se hizo Hombre, Él tuvo una voluntad independiente de la del Padre.

En la expresión: “He venido, no para hacer mi voluntad sino la de mi Padre”, hallamos estas dos voluntades claramente diferenciadas. Él tenía su propia voluntad (no he venido para hacer mi voluntad…); y el Padre tiene la Suya (…sino la de mi Padre.)


martes, 16 de junio de 2015

Los nuevos labradores






De la parábola de los labradores malvados surgen dos preguntas acuciantes para todo hijo de Dios: “¿Qué hemos hecho con el Hijo?”, y “¿Qué hemos hecho con la Viña?”.

La parábola de los labradores de (Lucas 20:9-19) contiene una síntesis de la obra de Dios entre los judíos. 

Allí encontramos cuál fue la suerte del pueblo de Israel en su relación con Dios, y cuál fue la actitud que tuvieron en cuanto a ser labradores de la viña de Dios.

Al juzgar la conducta que tuvo el pueblo de Israel ante Dios, solemos ser muy severos, o bien, muy desdeñosos.

Y lo hacemos como pensando que nosotros, en su lugar, hubiéramos actuado de una manera muy diferente con el Señor Jesucristo.


sábado, 13 de junio de 2015

Algo portentoso está por suceder






¿Cuál es el tiempo en que nos ha correspondido vivir? ¿Es la nuestra una época como otras anteriores en la historia o tiene una característica especial? Los cielos ya anuncian que algo portentoso está por suceder…



Dios no está sujeto a cambios de última hora. Todo lo que ha planeado desde el principio, desde los siglos pasados, se cumplirá rigurosamente.

Cuando Dios creó el mundo, lo hizo todo en tiempos definidos. En el primer día Dios creó la tierra y la luz; en el segundo separó las aguas; en el tercero creó la vida vegetal; en el cuarto el sol, la luna y las estrellas; en el quinto los peces y las aves; y en el sexto, los animales de la tierra y el hombre.

Luego, en el séptimo día, Dios descansó.

Dios creó todas estas cosas en seis días, y en el séptimo descansó. Lo cual abarca una semana completa. No importa que esa semana haya sido de días largos o cortos, días de horas, de años o de millones de años. Lo que importa es que Dios hizo todas las cosas en seis días, y que en el séptimo, descansó.


miércoles, 10 de junio de 2015

Las bodas del Cordero






Un hecho portentoso que desafía la más grande imaginación es el que está preparándose en los cielos.



Nos encontramos ante una verdad claramente precisada en las Sagradas Escrituras.

Sabemos que Dios trata con los judíos, con los gentiles y con la iglesia de Dios (1 Cor. 10:32).

En Efesios 2:11-22, Pablo señala claramente que la iglesia, el cuerpo de Cristo, surge tanto de judíos como de gentiles, pues nuestro Señor Jesucristo hizo la paz, reconciliando a ambos pueblos mediante su sangre y su cruz.

A través de la predicación del evangelio, se incorporan cada día más miembros a su iglesia, la esposa del Cordero. Como tal, ésta compartirá al lado del Señor la gloria y los privilegios inherentes a su bendito Esposo.


martes, 9 de junio de 2015

El último gobierno mundial de los gentiles






El imperio romano revivido durante la última semana de Daniel.


1. El sueño de Nabucodonosor

Dios le dio al rey Nabucodonosor un sueño que fue interpretado por el profeta Daniel.

En el sueño vio una imagen, cuya cabeza era de oro, su pecho era de plata, el tronco de bronce, las piernas de hierro, y los dedos de barro mezclado con hierro.

Esta imagen representaba los grandes imperios de la humanidad: el oro es el reino de Babilonia; la plata, el reino de los medo-persas; el bronce, el de los griegos; el hierro, el de los romanos; y el hierro mezclado con barro será el último reinado universal que tendrá la humanidad: la resurrección del imperio romano.

El gobierno mundial se ha venido perfilando durante este presente siglo. Es el sueño de todos los gentiles: unir al mundo a través de la ciencia, el arte y la cultura. Es más: hay quienes opinan que ya está presente en el mundo

2. La semana 70 de Daniel

Es muy importante entender la profecía de Daniel respecto de las 70 semanas: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad … Sabe, pues, y entiende que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas … y después se quitará la vida al Mesías, mas no por sí … Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda” (Dan. 9:20-27).

Desde la orden para restaurar a Jerusalén, hasta la muerte del Mesías, transcurrieron 69 semanas.

¿Por qué existe un paréntesis de la 69 a la 70 semana?

Porque en ese período, Dios interrumpe sus tratos con Israel para tener misericordia de los gentiles.

Y lo hace introduciendo en el escenario terrenal a la iglesia, cuyo origen y naturaleza es celestial.

Entre la 69 y la 70 semanas se introduce la iglesia, que ya tiene más de 2000 años en este mundo.

De acuerdo al tiempo de Dios ya estamos en los albores del cumplimiento de la semana 70 de Daniel.

“…Por otra semana”. En la última semana del predominio gentil, Dios volverá a tener misericordia de Israel, pero tan sólo del remanente.

“…Confirmará el pacto con muchos”. Este pacto se refiere al gobierno de los diez reyes, representado en los dedos de los pies. Se cree que estos son los países que configuran la Comunidad Económica Europea. De entre ellos saldrá un líder (judío) que encarnará los poderes de Satanás.

“…A la mitad de la semana hará cesar el sacrificio”. Esta mitad de semana corresponde a tres años y medio, o a 1260 días, o a “un tiempo, y tiempos y la mitad de un tiempo”, o a 42 meses (Ap. 11:2-3; 12:6; 12:14; 13:5).

En este punto, el pueblo judío rompe relaciones con el gobierno mundial. ¿Por qué? Porque el anticristo hará cesar el sacrificio en el templo. (Esto implica que el sistema de sacrificios de animales estará en plena vigencia). Cuando esto ocurra, los judíos se desconectarán del sistema, y serán terriblemente perseguidos.

El pueblo de Israel sufrirá como nunca en la historia (Oseas 5:20). No obstante, Cuando Cristo venga a poner fin al predominio gentil (Zacarías 14:4-5), rescatará al remanente de Israel, y los defenderá del sitio que le impondrán los ejércitos del gobierno mundial.

3. Sucesos relevantes durante el gobierno mundial

Todos los anuncios de la semana setenta de Daniel están registrados en los capítulos 6 al 19 de Apocalipsis, y corresponden también a los sucesos durante el gobierno mundial. He aquí los más relevantes:

La primera resurrección con los sepulcros abiertos, seguida de la transformación, en el momento, del rapto de los creyentes vencedores que estén vivos.

Satanás será expulsado del cielo (Luc. 10:18; Apo. 12:9-11). Durante el tiempo de la iglesia, a Satanás se le ha permitido zarandear a los creyentes, tentarlos y acusarlos. Sin embargo, legalmente, ya fue juzgado y despojado de sus poderes por Cristo en su muerte y resurrección. El Señor espera que la última generación que estará en pie provoque la caída del enemigo del cielo a la tierra.

Satanás en persona se añadirá a la bestia y el falso profeta cuando éstos estén en el pleno apogeo de su reinado, componiendo así un trío de maldad. Esta trilogía odiará a los judíos, perseguirá a los creyentes tibios que no se fueron en el rapto, y le pondrá sitio a la ciudad de  Jerusalén.

La bestia, conocida también como el hombre de pecado, el inicuo, el anticristo, será el desolador, la abominación desoladora de la que habló Daniel y profetizó Jesús (Dan. 9:27 y Mat. 24:15). Será el falso Mesías de los judíos, el César del Imperio Romano, genio militar, religioso, carismático, líder de la confederación del hierro y el barro.

Semejante a lo que hizo Antíoco Epífanes en su momento, que instaló un altar pagano en el altar de la casa de Dios, es lo que hará el inicuo que se sentará en el templo de Dios y se hará pasar por Dios. Será un hombre por fuera, pero una bestia en su carácter (Dan. 7:7-8).

Los primeros tres años y medio, gobernará con diplomacia, junto a los diez reyes, buscando consensos, sin que se note su primacía.

Pero poco a poco tejerá el espacio para quedar solo al final de los primeros tres años y medio, y así enfrentar el segundo período con poderes absolutos y bestiales.

Respetará el barro de la democracia hasta cuando le convenga, pero luego quedará al descubierto, cuando ya no pueda seguir escondiendo su naturaleza de hierro. Entonces se cumplirá lo advertido por Daniel (2:43). Será el momento para mostrar la verticalidad del mando hasta el extremo de creerse y hacerse pasar por Dios.

Será la arrogancia, el engreimiento y la soberbia llevada al extremo, respaldada por la encarnación de Satanás en persona.

La bestia concentrará las características de las otras bestias que representaron los grandes imperios (Ap.13:2); por lo cual será más terrible que las primeras. La bestia estará respaldada por el poder y la autoridad de Satanás (13:2b).

Una de las funciones de la bestia será facilitar el culto a Satanás. La bestia imitará al Mesías en la muerte y resurrección en un acto público (Apo. 13:3). Se parecerá al “Cordero como inmolado” de Apocalipsis 5:6.

La población mundial rendirá culto a Satanás y a la bestia, pensando que es el liderazgo poderoso que necesita (Apo. 13:4).

La humanidad será engañada como lo fue Alemania cuando buscaba un Führer (führer significa: “gobierno de un hombre carismático”). Al igual que los grandes líderes demagogos que ha tenido el mundo, que pronunciaban discursos de varias horas, así a la bestia también se le dará que haga largos y grandes discursos (Apo. 13:5-7).

Por un lapso de cuarenta y dos meses, perseguirá y hostilizará a los santos (13:7). Estos santos son los judíos, que son los mismos de Daniel 7 y de Apocalipsis 12:17.

En ese tiempo, habrá tres grupos humanos: los gentiles, asociados al gobierno mundial; los judíos, ahora convertidos a Cristo y celosos guardadores de los mandamientos de Dios; y la iglesia rezagada, representada en la mujer que dio luz el hijo varón. De estos tres grupos, los gentiles, los más numerosos, rendirán culto a la bestia (Apo. 13:8).

Surgirá otra bestia, (Apo. 13:11), que es el falso profeta, líder del sincretismo religioso, mezcla de las principales religiones de hoy. Esta mezcla estará acorde con el espíritu de la época, el cual está operando ya.

Este líder le hará campaña a la bestia, le preparará el camino a la cumbre de la gloria humana (v. 12-14). Ostentará poderes mágicos para impresionar al mundo (v. 15).

El dinero plástico ya está operando (tarjetas de crédito); la moneda única de Europa comenzó a operar en este siglo; ya existe el acuerdo de muchas naciones para establecer un TPI (Tribunal Penal Internacional) para juzgar las violaciones de los derechos humanos en todo el mundo; varios autores afirman que el 666 (número de la Bestia en Apocalipsis 13:18) está incluido en el código de barras de todos los productos que se venden en los Supermercados; faltaría entonces aplicar este código a los seres humanos para el pleno cumplimiento de Apo. 13:16-18, donde nadie podrá comprar ni vender si no tiene tal marca.

Bastaría que los grandes bloques comerciales de nuestro tiempo, tales como la CEE, el NAFTA, el MERCOSUR, y la OMC (Organización Mundial de Comercio) llegaran a un acuerdo mínimo para un pleno control del comercio mundial, lo cual no extrañaría a nadie, con la actual idea de la globalización tan en boga.

Todo esto puede ser bueno en un principio, como promoción de los grandes anhelos de paz y prosperidad de la humanidad, pero la profecía bíblica nos asegura que el reinado mundial del Anticristo derivará en la mayor forma de opresión que la humanidad haya conocido jamás.

Ante esto, los creyentes esperamos la bendita aparición de nuestro Señor Jesucristo, quien vendrá por los que le esperan (Heb. 9:27-28).

¿Estará usted entre ellos?

Si no ha recibido al Señor Jesucristo como su Salvador, recíbalo hoy. Pronuncie la oración de fe al Padre y será librado. Es la promesa de Dios, y Dios nunca miente. Dios es la Verdad.

Altísimo Padre Santo.

Reconozco que soy un pecador y que te he ofendido. Me arrepiento de todos mis pecados. Te entrego hoy mi corazón. Entra en él y cambia mi vida. Le abro la puerta a Jesucristo, tu Hijo amado, que murió y resucitó de los muertos. Límpiame y lávame con la Sangre preciosa que Jesucristo derramó por mí en la cruz.

Cámbiame y hazme la persona que Tú quieres que sea. Gracias por escribir mi nombre en el libro de la Vida, y gracias por regalarme la vida eterna.

En el nombre de tu Hijo amado Jesucristo.

Amén.






Aguasvivas.cl

lunes, 8 de junio de 2015

Dos maneras de conocer al Señor





La radical diferencia entre el conocimiento exterior y la iluminación interior.


Desde la época de la resurrección del Señor hasta los días actuales, hay dos caminos distintos por los cuales las personas conocen al Señor: Algunos lo conocen según la carne; algunos lo conocen según el espíritu.

El apóstol Pablo claramente hace una diferencia de esto en su segunda carta a los corintios cuando dice: «De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así» (2 Cor. 5:16).

Y, escribiéndoles a los gálatas, él dice: «Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre» (Gál. 1:15-16).

Tomemos diversas ilustraciones concretas en la Palabra de Dios para mostrar esta distinción e indicar cómo debemos buscar conocer al Señor.

María Magdalena

Cuando María Magdalena estaba llorando al lado del sepulcro donde el Señor había sido sepultado, ella se detuvo y miró hacia adentro; allí vio a dos ángeles que le preguntaron por qué estaba llorando. Ella respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto».

Cuando terminó de decir estas palabras, ella se volvió y vio cara a cara al Señor. La Palabra dice: «Se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús».

¿No es increíble?... Sí, pero es verdadero.

María Magdalena, que durante muchos años había conocido a Jesús y que había sido una de sus seguidoras más cercanas, realmente se quedó cara a cara con Aquel a quien conocía y amaba tanto, y aun así, falló en reconocerlo.

¿Cómo pudo suceder que ella, que antes lo había conocido íntimamente, ahora no lo reconoció en absoluto?

Porque Aquel a quien ella había conocido tan de cerca, había sido crucificado pasando por la muerte y la resurrección.

El cuerpo natural que ella había aprendido a reconocer con sus facultades naturales, había muerto y sido sepultado, y quien estaba delante de ella ahora, aunque era el mismo Jesús, era el Señor resucitado que no podía ser conocido por ningún medio natural.

Ahora, ella tenía que conocerlo de alguna otra forma. El Jesús histórico, a quien ella reconocía, viéndolo, escuchándolo y tocándolo, había muerto en la cruz del Calvario y el Señor resucitado no podía ser reconocido de esta forma. Él ahora no podía ser reconocido según la carne; él sólo podía ser reconocido por el espíritu.

Cuando María Magdalena estaba mirando a Jesús con inconsolable pesar, él le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Los ojos de María lo habían visto pero fallaron al discernir quién era él.

Ahora sus oídos oían su voz, pero su corazón y su mente no registraban nada.

Hasta ese momento, María había usado sus ojos para diferenciar entre la apariencia de Jesús y la de los otros hombres. ¿Será que sus ojos habían perdido la capacidad sensorial?

También antes ella usaba sus oídos para detectar su voz entre la multitud de voces. ¿Será que su audición estaba menos aguda que antes? No, nada había sucedido con el Señor. Por cuanto el Señor había pasado por un cambio, era necesario que hubiese también un cambio en María para que pudiese reconocerlo. Ella necesitaba de una nueva revelación para poder tener un nuevo conocimiento de él.

Entonces Jesús se dirigió a ella, llamándola por el nombre, y cuando él dijo: «¡María!», hubo un reconocimiento inmediato y un alegre «¡Raboni!» brotó de sus labios.

¿Qué había sucedido? El Señor se había revelado a María al llamarla por el nombre. Él no le dijo quién era, sino que vino a ella la percepción espiritual cuando él la llamó por el nombre. Jesús no le ofreció explicaciones que pudiesen haberle dado capacitación en su mente para que descubriese su identidad. Sin embargo, de una manera intelectualmente indefinida, él llevó a su espíritu el conocimiento de que él era el mismo Jesús que ella había conocido tan bien. Eso es revelación.

Y aquí necesitamos ver un importante principio.

La revelación no es recibida mediante los oídos, ni por los ojos, ni por la percepción de la mente. La revelación es recibida de una manera misteriosa, que está más allá del conocimiento de los oídos, ojos y mente humanas.

Después que María conoció al Señor de esta manera, ella rápidamente informó a los discípulos; pero para ellos fue difícil de entender.

Dos discípulos caminando hacia Emaús

Dos de los discípulos que habían oído las increíbles nuevas sobre la resurrección del Señor partieron en aquel mismo día hacia la aldea de Emaús, y en el camino conversaban acerca de los recientes acontecimientos en Jerusalén.

Mientras hablaban acerca del Señor, él mismo se les acercó, pero ellos no lo reconocieron. Ellos lo conocían según la carne, pero todo su conocimiento anterior de él no les dio ningún indicio de su identidad ahora que Jesús había resucitado de los muertos.

Ellos suponían que la resurrección era muy misteriosa para poder creer en ella. Él, entonces, les abrió las Escrituras. «Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les aclaraba en todas las Escrituras lo que de él decían».

Mas aún así, no brilló ninguna luz para estos dos discípulos.

¿No es espantoso que cuando el Señor interpretaba, mediante la Palabra de Dios, las cosas relacionadas con él mismo, ellos todavía no consiguiesen reconocerlo?

Ellos oían las palabras que Jesús les hablaba; las entendían y eran tocados por ellas –tanto que sus corazones ardían dentro de ellos–, y aún así no sabían quién era el que les hablaba.

Esto nos muestra que la enseñanza es muy diferente de la revelación.

Ellos comprendieron las Escrituras, pero no reconocieron al Señor; comprendían las enseñanzas acerca de Cristo, pero no sabían quién era él.

El día ya declinaba cuando los discípulos llegaron a su destino. Y no queriendo separarse de su Compañero, lo invitaron a entrar en la casa y cenar con ellos.

Entonces Él, tomando el pan en sus manos, lo bendijo y lo repartió… ahí sus ojos fueron abiertos y pudieron reconocer al Señor.

¿Usted puede ver ahora que hay dos maneras de conocer al Señor?

Usted puede adquirir un conocimiento exterior de él al leer sobre él en las Escrituras; pero puede conocerlo con un conocimiento interno cuando él le concede una revelación de sí mismo.

Muchas personas han leído la Palabra de Dios al punto de estar tan familiarizadas con las verdades tocantes a Cristo, que pueden predicárselas a otros; aún así les falta el conocimiento del Señor que viene mediante la iluminación interior.

Felizmente están aquellos que lo conocen no sólo intelectualmente, sino que espiritualmente, porque él abrió los ojos de sus corazones.

Tenemos que darnos cuenta que no sólo tenemos la Biblia, sino que también tenemos la revelación individual por el Espíritu Santo.

En realidad, si no existiese la Biblia, no podría haber fe cristiana, pero por favor recuerde: si no hay revelación, no podremos tener a Cristo personalmente.

Hoy hay una dificultad entre los hijos de Dios. Mucho conocimiento es enseñado, es decir, pasado de la boca de una persona a los oídos de otra. Entonces, es entendido por la mente del receptor y pasado a los oídos de una tercera persona. Una vez que estos conocimientos son transmitidos vía enseñanza, son meramente teorías o instrucciones.

Tenemos que tener en mente que es inútil tener un mero conocimiento bíblico y aún así no conocer al Señor.

Los dos discípulos de Emaús conocían las Escrituras hacía mucho tiempo. Incluso sus corazones estaban ardiendo interiormente mientras el Señor les abría las Escrituras, pero ellos aún no lo reconocían.

El conocimiento interior del Señor es el verdadero conocimiento. ¿Usted conoce al Señor así?

Los siete discípulos

Poco después que Jesús resucitó de los muertos, siete de sus discípulos estaban reunidos junto al mar de Tiberias.

Pedro se volvió a los otros seis y les dijo: «Voy a pescar».
Los demás, inmediatamente quisieron acompañarlo.

Pero ellos pasaron toda la noche pescando y no obtuvieron nada.

Y al amanecer, Jesús les apareció en la playa, pero no lo reconocieron.

¡Oh sus frágiles facultades naturales eran inútiles cuando se trataba de discernir al Señor resucitado!

Piense bien en esto: Pedro, Juan y Jacobo habían sido sus constantes compañeros. ¿Cómo podía aquel trío especialmente privilegiado, tan íntimamente relacionado con él, fallar en reconocerlo?

Cada uno de estos discípulos ya había visto a Jesús tanto antes como después de su resurrección; mas ahora, sin embargo, ninguno de ellos le reconocía.

Ellos necesitaban de otra experiencia y de otra fuente de energía para conocerlo.

Así, Jesús vino en su auxilio y nuevamente se reveló. «Hijitos, ¿tenéis algo de comer?», les preguntó.

Cuando le dijeron que no tenían nada, él dijo: «Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis».

Ellos lo hicieron así y pescaron más de lo que podían sacar.

En ese momento, Juan, el discípulo amado, lo reconoció, y volviéndose hacia Pedro, dijo: «¡Es el Señor!»; y Pedro, con los otros cinco, nuevamente lo reconocieron.

Poco antes de esto, todos ellos lo habían visto con sus ojos, y lo habían oído con sus oídos, y aún así no supieron quién era Jesús. Pero ahora de repente, inexplicablemente, lo reconocieron.

Conocer al Señor de esa manera es irrefutable e introduce una nueva energía en la vida del creyente.

Cuando los discípulos llegaron a la playa, vieron fuego encendido, y sobre él había pan y pescado.

Jesús los invitó a quebrar el ayuno y ellos consintieron.

Sin embargo, la Palabra agrega: «Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? Sabiendo que era el Señor».

¿No les parecen estas palabras espantosamente paradójicas? Porque si los discípulos realmente sabían que era el Señor, ¿por qué pensaban en preguntarle quién era?

Note que la palabra no dice que ellos no le preguntaron, sino que no se atrevían a preguntarle.

El hecho de no atreverse a preguntar significa que no sabían y estaban temerosos de preguntar. No obstante, la Palabra aquí también dice que ellos sabían que era el Señor.

En otras palabras, exteriormente no sabían, pero interiormente sí.

Exteriormente no podían decir quién era esa Persona, e interiormente sabían que él era el Señor.

No era por su mirar, ni por su voz. De acuerdo a su raciocinio, ellos querían preguntarle, pero interiormente no sentían la necesidad de hacerlo, porque sabían que él era el Señor.

¿Ha tenido alguna vez una experiencia como ésta?

¿Usted se imaginó alguna vez al mismo tiempo si realmente era el Señor que se encontró con usted, o si aún estando tan seguro que era él, usted no se atrevió siquiera a pensar en preguntar?

Sí, hay veces en que, con nuestros ojos y nuestros oídos y todo nuestro poder de raciocinio somos incapaces de confirmar el hecho de que es el Señor; aún así, de alguna manera, en lo más profundo de nuestro ser sabemos que no puede ser otro sino él.

La verdadera revelación es así. La verdadera revelación es un conocimiento interior.

Por eso, ¡bienaventurados son aquellos que actúan de acuerdo con la revelación! ¡Bienaventurados son aquellos que conocen al Señor por revelación!

Solamente tal persona puede recibir fuerza delante del Señor, y solamente esa tal puede saber lo que el Señor es capaz de hacer.

El conocimiento exterior no puede sustituir a la revelación interior. Necesitamos conocer al Señor interiormente.

Si usted tiene esa seguridad interior, nadie podrá entristecerlo.

Tenemos que pedirle a Dios que abra nuestros ojos para que podamos ver aquello que no podemos comprender por nosotros mismos.

Lo que podemos conocer según nuestra mente y según nuestros oídos y ojos no es sino al Señor Jesús según la carne.

Tal conocimiento no nos traerá mucho provecho, ni nos proporcionará mucha fuerza.

Necesitamos orar para que Dios revele a su Hijo en nosotros, de tal manera que estemos claros interiormente y lo conozcamos en lo íntimo, sin la menor sombra de duda.

¡Dios les bendiga!





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