martes, 28 de abril de 2015

¿Por qué no quieres salvarte?







Siempre ha habido tragedias.

Siempre ha habido terremotos, muertos por millares, desaparecidos, personas ahogadas en los mares del mundo. Siempre ha habido desastres.

Desde que el mundo es mundo se ha visto la tragedia, los desastres, las cosas inexplicables.

Pero hoy, en este tiempo, hay una diferencia particular. Hoy notamos que las tragedias aumentan, que los desastres son cada vez más devastadores, que la maldad aumenta, que la sangre que se derrama por causa de la violencia del hombre por toda la tierra es brutalmente irracional.

La gente ya no vive en paz.  Ya no tienen paz interior.

Hay algo que les hace sentir miedo en su corazón. Lo sienten en lo más profundo. No duermen bien, y cuando se levantan, están alterados y temerosos, como si algo inexplicable fuese a suceder de repente, sin esperarlo. Pero no saben qué es.

Todo esto es algo que mucha gente no puede entender, o no lo quiere creer si alguien se lo dijese.

A pesar de que el mundo aún sigue dando vueltas y la gente sigue en su rutina, y muchos beben, y muchos bailan, y otros se casan y se dan en casamiento, y muchos otros blasfeman, ya nada es igual en esta Tierra.

El tiempo del fin está cerca. Y la Biblia habla precisamente de esto.

(1 Tim. 3: 1-5) También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.

¿Es todo esto cierto en la actualidad? ¡Por supuesto que sí!

Y la Palabra de Dios dice algo muy importante en este texto; nos dice que esto ocurriría en los postreros días, es decir, en los últimos días de este mundo.

Jesucristo, el Hijo de Dios nos advierte también lo mismo.

(Luc. 17: 24-37) 24 Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día. 25 Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación. 26 Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. 27 Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. 28 Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; 29 mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. 30 Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste. 31 En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. 32 Acordaos de la mujer de Lot. 33 Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo el que la pierda, la salvará. 34 Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. 35 Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. 36 Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado. 37 Y respondiendo, le dijeron: ¿Dónde, Señor? Él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas.

El Señor Dios siempre ha advertido al hombre acerca de lo que viene, para que se salve. 

El Señor Jesucristo habló claramente acerca de las señales antes del fin. Eso podemos leerlo en su Palabra.

(Luc. 21: 25-33) Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; 26 desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. 27 Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. 28 Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. 29 También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. 30 Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca. 31 Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. 32 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. 33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Hoy que hemos visto ya tantas señales en el mundo, en nuestro tiempo, es hora de reaccionar.

Si tú que estás leyendo esto, aún no has recibido al Señor Jesucristo como tu Salvador, no esperes más. En cualquier momento puede venir el desastre, y ya no habrá ocasión de hacerlo, ni siquiera de intentarlo.

Recíbelo ahora mismo; no esperes más.

Te invito a hacer la oración de fe al Padre Eterno, para que alcances misericordia por la fe, venga lo que venga, pase lo que pase.

(Rom. 10: 8-11) Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: 9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

Entonces, suceda lo que suceda, no importa qué sea, tú no serás avergonzado, sino que serás guardado. Lo dice Dios, y es imposible que Dios mienta.

Tan sólo créelo. eleva tu oración al Padre ahora mismo. No esperes más.

El Señor Jesucristo por eso mismo vino al mundo. Él vino para salvarte del desastre. Él vino para darte vida eterna.

¿A qué estás esperando? Eleva ya la oración y sálvate.

Altísimo Padre Santo.

Reconozco que soy un pecador y que te he ofendido. Me arrepiento de todos mis pecados. Renuncio a mi justicia propia y te entrego hoy mi corazón. Cambia mi vida Señor. Le abro la puerta a Jesucristo, tu Hijo amado, que murió y resucitó de los muertos para salvarme. Límpiame y lávame con la Sangre preciosa que Jesucristo derramó por mí en la cruz del calvario. Cámbiame y hazme la persona que Tú quieres que sea de hoy en adelante. Gracias por escribir mi nombre en el libro de la Vida, y gracias por regalarme la vida eterna.

En el nombre de tu Hijo amado Jesucristo.

Amén.


1 comentario:

  1. He hecho la oración, creo en la biblia, muchas gracias.

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