martes, 17 de marzo de 2015

Venciendo la culpa





A veces, quizás inconscientemente, nos sentimos inseguros y afligidos a causa del mal oculto de la culpa… y entonces perdemos nuestra osadía y nos quedamos mirando al pecado, y no avanzamos.

Pero amados, el problema no es el pecado, sino la culpa.

Satanás el maligno pone un peso de culpa en nuestra mente. Sus dardos acusadores apuntan siempre allí.

Y esa culpa siempre provoca dudas, como si tú no confiases que Dios ya te perdonó.

Pero Dios ya nos perdonó, y su perdón es para siempre… su perdón es perfecto en Cristo Jesús, y es por lo tanto un perdón total e incondicional.  Eso es maravilloso.

La Palabra de Dios dice que nuestros pecados han sido perdonados; hemos sido liberados de nuestra culpa.

(Juan 3:18a) El que en él cree, no es condenado…

Y yo sé que tú has creído en el Unigénito Hijo de Dios.

Cuando Dios dice que Él ha enviado nuestros pecados al mar del olvido, es porque así ha sido.

(Miqueas 7: 18-19) ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.

Cuando Dios dice que él no se acordará nunca más de nuestros pecados, es porque así ha sido.

(Hebreos 10:17-23) Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado. Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,  por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,  acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

Fíjate: No es que Dios tenga problemas de memoria, sino que él nunca más nos cobrará una deuda que Cristo ya pagó en la Cruz del Calvario con su preciosa Sangre.

Entonces podemos entrar y regocijarnos, porque los cielos están abiertos sobre ti.

Podemos acercarnos a Dios y hablar con él cara a cara.

¡Gracias a Dios por Cristo Jesús!

Amén.

  

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