martes, 31 de marzo de 2015

La controversia





TEXTO:         (MAT. 21: 23-27) Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad? 24 Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. 25 El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? 26 Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. 27 Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.

ORACIÓN:    TODA LA GLORIA PARA MI SEÑOR JESUCRISTO.

La Biblia dice que el día martes por la mañana, Jesús y sus discípulos regresaron a la ciudad de Jerusalén.

Y ese dia, al pasar por la higuera que Jesús había maldecido el lunes, los discípulos se asombraron al ver cuán rápido la higuera se había secado.

(MAR. 11.20) Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. 21 Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.

Esta maldición es simbólica de la maldición de la nación de Israel por su falta de frutos al no aceptar a Jesús como el Mesías prometido a ellos.

Y a nosotros también nos asombra que en el año 70 después de Cristo, un tiempo relativamente corto a la muerte y resurrección del Señor Jesucristo, la antigua nación de Israel fuese totalmente destruida por los romanos.

Pero la advertencia de la higuera también sirve para nosotros, amigos, hermanos.

Si no damos frutos para Jesús, si no llevamos frutos para Dios, igual nos espera la sequía, nos espera la muerte, tal como pasó con la higuera.

L.B.D. que los líderes judíos buscan a Jesús el martes y lo encuentran en el templo... y a este día se le conoce como el “día de la confrontación o de la controversia”.

El evangelio de Mateo ofrece el más largo informe del día martes, desde el cap. 21:23 hasta el cap. 26:25.

Pero los sucesos del martes podemos resumirlos de esta manera:

PRIMERO)  LOS LÍDERES JUDÍOS CUESTIONAN LA AUTORIDAD DE JESÚS (MATEO 21:23–27) Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad? 24 Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. 25 El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? 26 Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. 27 Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.

SEGUNDO)  JESÚS PREDICA EL MARTES SOBRE TRES PARÁBOLAS:

A.- LA PARÁBOLA DE LOS DOS HIJOS (21:28–32) Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. 29 Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. 30 Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. 32 Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.

B.- LA PARÁBOLA DE LOS LABRADORES MALVADOS (MATEO 21:33–46) Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. 35 Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. 36 Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. 37 Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 38 Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. 39 Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. 40 Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? 41 Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. 42 Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras:
    La piedra que desecharon los edificadores,
    Ha venido a ser cabeza del ángulo.
    El Señor ha hecho esto,
    Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?
43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.
44 Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. 45 Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. 46 Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta.

C.- LA PARÁBOLA DE LA FIESTA DE BODAS (MATEO 22: 1–14).  Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: 2 El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; 3 y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir. 4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. 5 Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;
6 y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. 7 Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.
8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.
9 Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. 10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. 11 Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. 12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.
13 Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

TERCERO) Los líderes judíos tratan de ponerle trampas a Jesús.

Y cada una de estas tres parábolas del Señor de Gloria compromete a los líderes judíos por no aceptarlo a Él como su Mesías Salvador.

Al contrario, ellos le rechazan abiertamente, y le hacen tres preguntas, según ellos, muy difíciles de responder:

A) LA TRAMPA ACERCA DEL PAGO DEL TRIBUTO (MATEO 22:15–22) Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. 16 Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. 17 Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? 18 Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19 Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. 20 Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? 21 Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. 22 Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron.

B) LA TRAMPA ACERCA DE LA RESURRECCIÓN (MATEO 22:23–33). Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, 24 diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano. 25 Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano. 26 De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo.
27 Y después de todos murió también la mujer. 28 En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron? 29 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.
30 Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.
31 Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: 32 Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. 33 Oyendo esto la gente, se admiraba de su doctrina.

C) LA TRAMPA ACERCA DEL GRAN MANDAMIENTO (MATEO 22:34–40). Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. 35 Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: 36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Es el martes cuando Jesús dice lo que aparece en el capítulo 23 del libro de Mateo, una denuncia muy fuerte contra los líderes judíos.

Porque siete veces el señor les dice en su cara: “¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!”

Y esto era como la sentencia del Señor hacia aquellos que pretendían hacerse pasar como hijos de Abraham por las obras... y hasta les dice que ellos son hijos de su padre el diablo.

(JUAN 8: 43-45) ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. 44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. 45 Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis.

Después que Jesús y sus discípulos dejan el templo, ya de regreso a Betania, Él se detiene en el monte de los olivos y da lo que se conoce como el discurso del olivar, en (Mateo 24).

Y el señor Jesús les dice a sus discípulos más parábolas en el capítulo 25, acerca de su regreso y el fin del mundo.

Finalmente, vemos a Jesús terminando el martes con estas observaciones para sus discípulos.

(MATEO 26: 1–2) Cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos: 2 Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado.

El martes es el duodécimo día del mes de abib… de manera que pronto sería el inicio de la fiesta de la pascua.

(ÉXODO 12:6-7) DICE: Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. 7 Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer.

Así que fue el martes cuando los líderes judíos se reunieron para conspirar acerca de cómo podrían matar a Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

La Biblia nos relata esto en (MATEO 26:3–5) Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, 4 y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle. 5 Pero decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo.

En esta reunión los líderes judíos se dan cuenta que ellos tendrán que arrestar a Jesús rápidamente.

Es así como Dios padre preparaba también su obra magna de salvación para los hombres, sin que nadie lo supiera, ni siquiera Satanás.

Porque no sólo los judíos fueron confrontados aquí, sino también el enemigo, nuestro enemigo, que habría de ser juzgado en la cruz del calvario.

Y ahí mismo, en esa cruz, nosotros los creyentes recibimos la salvación, hermanos. Por eso le damos toda la gloria al Señor Jesucristo por todo lo que hizo por nosotros.

Vamos a dar gracias a Dios por esta palabra.

En el nombre bendito de Jesús.


Amén.

jueves, 26 de marzo de 2015

La Palabra






TEMA:    LA PALABRA

TEXTO:  (PRO. 15:4) La lengua apacible es árbol de vida; Mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu.

ORACIÓN:    TODA LA GLORIA PARA  MI SEÑOR JESUCRISTO.

¿Cuántos sabemos que las palabras de una persona pueden generar bienestar, o pueden producir maldad?

Porque las palabras violentas y amargas de una persona necia dan aflicción de espíritu.

Pero, ¡qué gratas son para nuestro espíritu las palabras sabias, las palabras buenas!

La Biblia dice aquí: “la lengua apacible es árbol de vida; mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu.

Y hay otro texto en (Pro. 10:21) que dice: los labios del justo apacientan a muchos.

¿Qué ocurre cuando usted le habla a alguien de Cristo? Le está apacentando con la Palabra de Dios, con la verdad divina.

Hermanos: ¡Qué maravillosa atracción y poder hay en la palabra de nuestro Señor Jesucristo!

Por eso al señor Jesús le vemos en el evangelio de Juan como el Verbo Eterno de Dios, o sea, como la palabra divina.

Porque Cristo es la Palabra que da a conocer los pensamientos de Dios.

¡Y qué sublime atracción tiene su palabra, que cuando la leemos, algo sucede en nuestro interior!

Verdaderamente sus palabras, como Él dijo, son Espíritu y son Vida.

(Juan 6:63) El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

¿Sabe lo que dijeron los hijos de Coré, inspirados por el Espíritu Santo, siglos antes de que Cristo viniera al mundo?

Vaya al (Sal. 45:2) eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios…

Vamos a leer (Luc. 4:22) Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?

Por eso las multitudes acudían de todos lados para oírle, y ellos se olvidaban incluso de comer… ¿Cuál fue su palabra?... ¿Cuál fue el mensaje del señor Jesucristo?

Hermanos: Su palabra es el evangelio que hoy tenemos… sus palabras son las buenas nuevas de Dios, las buenas noticias de salvación.

Por eso aquella mujer pecadora que querían apedrear recibió palabras de perdón… y la viuda de Naín escuchó palabras de consuelo… y la mujer samaritana oyó palabras de salvación.

¿Cuántos oyeron esas maravillosas palabras: “Levántate, tus pecados te son perdonados”… o “tu fe te ha salvado”?

¿Cuántos que estaban enfermos, necesitados de sanidad, necesitados de perdón y consuelo, oyeron  de labios del Señor Jesús, un: “quiero, sé limpio”… y así quedaban sanos y salvos?

¿A cuántos leprosos sanó y les perdonó sus pecados el Señor?...

Oh, Cristo es tan bueno y tan misericordioso… por eso su atención estaba centrada en los pequeños, y a los niños los ponía como ejemplo de salvación.

(Mat. 18: 3-5) y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.

Amados, el señor es tan grande en sus palabras… él nos enseña que es mejor el que sirve, no el que manda…

Fíjate que en el mundo es al revés… por eso Dios nos confronta con lo que a veces nosotros consideramos que es, y en realidad no es.

Cristo en su palabra nos muestra que el más pequeño es verdaderamente grande… y que a los pequeños no se les debe hacer tropezar.

Y Él nos enseña que si se alejan, hay que recuperarlos… y su palabra nos enseña que si algunos nos ofenden, hay que perdonarlos, y que si se acercan a nosotros, hay que recibirlos.

(Mat. 5: 38-45) Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

Fue la palabra de Jesús la que sacó a luz la hipocresía de los religiosos, que alababan el formalismo farisaico, pero habían dejado de lado la justicia y el amor hacia los demás. 

(Mat. 9: 13) id, pues, y aprended lo que significa: misericordia quiero, y no sacrificio. porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.

Porque los sacrificios pueden llegar a ser un ritual externo, muy bonito y reconocido por la gente, pero puede estar vacío de toda piedad y misericordia.

Pero la compasión genuina toca lo más profundo del corazón…

Por eso la Palabra del Señor nos enseña todas estas grandes verdades… ¡Qué palabras del Verbo de Dios, qué Palabras de Cristo el Señor!

Es Cristo quien nos enseña que el juicio debe estar en manos de Dios, porque Dios es el único capaz de hacer un juicio justo.

Pero también nos enseña que la misericordia triunfa sobre el juicio.

(Sant. 2: 13) Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.

El Señor Jesús dice que no son declarados justos por Dios los se justifican a sí mismos, sino los que se juzgan con honestidad delante de Dios.

(Luc. 18:10-14) Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

Y allí en la cruz, estando en su más grande debilidad, el Señor Jesús tuvo palabras de salvación y de perdón: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

Y hasta el pecador clavado junto a él, aquél hombre ladrón y malhechor, pudo oír de labios del Señor de Gloria, esa palabra de gracia y de vida eterna: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.


Cierre:

Hoy todavía el Señor Jesús sigue hablando así… Él es el mismo, Él nunca cambia.

Él sigue siendo el Verbo Eterno de Dios, y lo será por la eternidad.

Por eso hoy todavía sale de Su Boca la palabra de perdón para todo aquél que se acerca a Él en busca de socorro… para aquél que necesita ser traído… para aquél que necesita ser perdonado.

Éstas buenas nuevas de Dios son para nosotros, pero también para los que están lejanos, porque también las necesitan.

¿Qué vamos a hacer, hermanos?

Que el Señor Todopoderoso nos ayude a entender esto, y a poner por obra su misericordia hacia los demás.

Vamos a dar gracias al Señor, en el Nombre Bendito de Jesús.

Amén.


miércoles, 25 de marzo de 2015

Salvación, llamamiento y propósito





Dios no nos salvó tan solo para librarnos del infierno y llevarnos al cielo. Ese no es el propósito único de Dios.



…quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos…».
(2ª Tim. 1:9)



Nuestra salvación

El versículo que acabamos de leer tiene al menos tres conceptos muy importantes: «nos salvónos llamó con llamamiento santosegún el propósito suyo».

El autor de Hebreos dice que tenemos «una salvación tan grande»; es decir, la salvación que Dios nos ha provisto en Cristo no solo contempla una área de nuestra vida, sino todo nuestro ser.

A veces no dimensionamos la salvación que Dios nos ha dado. Nos alegramos en la salvación, es cierto; nos regocijamos y cantamos alabanzas al Señor con respecto a la salvación que hemos recibido, pero no hemos considerado todos sus alcances.

La caída del hombre causó tantos estragos, que hasta el día de hoy lidiamos con ellos, pero bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo que nos proveyó en Él un poderoso Salvador.

Nosotros estábamos muertos en delitos y pecados, no podíamos acercarnos a Dios; pero su salvación vino a nosotros y entonces nuestro espíritu fue regenerado por la obra del Espíritu, de tal manera que hoy podemos volver a tener comunión con nuestro Padre. ¡Gloria al Señor!

Salvación y llamado

Así que es necesario que Dios primero salve al hombre. Y luego, una vez que el hombre es regenerado, viene el llamamiento del Señor.

Dios no podría llamarnos a realizar algún servicio sin habernos salvado previamente. Por tanto, para todos los que han sido y están siendo salvados por el Señor, hay ahora un llamado de parte de Dios.

Él nos salvó, y allí nada tuvimos que hacer nosotros. La salvación de Dios le corresponde sólo a Él.

Nosotros podemos decir ahora: «¿Señor, por qué me salvaste a mí?». Pero esto es un asunto de Soberanía del Señor. Punto.

Damos gracias a Dios porque tuvo misericordia de nosotros y nos salvó. Pero el llamamiento es distinto. En este llamamiento, Dios espera de nosotros una respuesta; es una interpelación  de Dios.

Naturaleza de nuestro llamamiento

El versículo que estamos estudiando dice: «…quien nos salvó y llamó».

Es interesante la acotación que hace aquí el Espíritu, porque no es cualquier llamamiento. Dice que nos llamó con «llamamiento santo».

Así que es importante destacar que la esencia del llamado radica en la santidad de Dios.

Hoy existen muchas instituciones y organismos que convocan a participar en sus nobles tareas; pero, nosotros no hemos sido llamados a participar de alguna ONG, sino en la iglesia, en la casa del Dios viviente, en la habitación de Dios donde Él mora, donde Él quiere sentirse cómodo.

Entonces, este es un llamamiento serio; por tanto tenemos que asumirlo con responsabilidad, con compromiso.

Nosotros no vamos a responder frente a un hombre con respecto del llamado que tenemos, sino delante de Aquel que nos llamó, es decir, delante de Dios mismo.

El peligro de relativizar

Tiempo atrás, tocante a la carta a los Hebreos, se nos decía que juntamente con la exhortación va la enseñanza, pero que también junto a la exhortación hay asociado un peligro. Y el peligro asociado con respecto a nuestra salvación es que «descuidemos una salvación tan grande».

Quisiera tomar eso mismo para aplicarlo al llamamiento. El riesgo es el mismo. Podemos relativizar nuestro llamamiento, creyendo que no es tan importante. Pero el llamamiento que está sobre nosotros es un llamamiento santo, serio.

Es cierto, tendremos pruebas, aflicciones, situaciones complejas en la vida, tal vez nos queramos alejar de la comunión; pero, hermano, recuerda, el que te llamó es Dios mismo, y a Él tendremos que responder por su llamado.

El riesgo de relativizar nuestro llamado consiste en creer que son otros los que tienen un llamado a servir, y no cada uno de nosotros. Pero Dios nos ha llamado para que, en medio de esta convulsionada sociedad, seamos la iglesia del Dios vivo, columna y baluarte de la verdad.

No relativicemos lo que somos; esto es lo que somos, este es el lugar que pisamos, la casa de Dios, donde el cielo se encuentra con la tierra.

Y qué maravilloso es eso.

Este un lugar especial, de manera que no podemos comportarnos livianamente, como si quien nos llamó fuese una persona cualquiera.

Debemos andar como es digno de la vocación con que fuimos llamados. Pero si este llamado de Dios no ha sido revelado, impregnado por el Espíritu Santo en nuestro corazón, nada ocurrirá con nosotros, no vamos a crecer.

Podremos tener muchas actividades religiosas, rutinarias, pero no maduraremos nunca. Cuando hay revelación y compromiso, entonces sí hay fruto para Dios.

¿Cómo se puede relativizar nuestro llamado? Nosotros vivimos en un mundo donde la relatividad está de moda. El relativismo es hoy el paradigma bajo el cual toda la sociedad se construye, según el cual, lo bueno no es tan bueno y lo malo no es tan malo.

Entonces, nuestras normas morales se van a amoldar a esa realidad, a esa contingencia. Así es el mundo, y nosotros caeremos en aquellos riegos si no estamos cimentados en la fe y si esta palabra no está revelada al corazón.

El lenguaje de Asdod

En (Nehemías 13:23-24) hay algo interesante que el profeta denuncia. Él dice: «Vi asimismo en aquellos días a judíos que habían tomado mujeres de Asdod, amonitas, y moabitas; y la mitad de sus hijos hablaban la lengua de Asdod, porque no sabían hablar judaico, sino que hablaban conforme a la lengua de cada pueblo».

Aquí hay algo de suma importancia que es digno de considerar. El pueblo de Israel cometió el pecado de relacionarse con mujeres extranjeras y casarse con ellas, de tal manera que sus hijos olvidaron su idioma nativo, y la mitad de ellos hablaba una lengua extraña; o sea, había una mezcla de lenguaje.

Noten esto, no era un lenguaje único, no era un solo idioma, estaban mezcladas la lengua de Asdod y la lengua judía. No es muy difícil extrapolar esto a nuestra realidad. ¿Qué ocurre con nosotros? ¿Qué ocurre con nuestros hijos? ¿Cuál es el lenguaje que estamos utilizando?

Es un lenguaje mezclado, un lenguaje que tiene trazas de espiritualidad y que sabemos aplicarlas y adecuarlas en cada contexto. Por tanto, cuando estamos con los hermanos, hablamos de esta forma, porque así se acostumbra a hablar o a orar aquí,  con este tono de voz, con estas maneras.

Pero, ¿qué pasa en la parte exterior? ¿Qué pasa en la universidad? Jóvenes, ¿qué hablamos con los compañeros? ¿Qué lenguaje utilizamos allí? ¿Qué hablamos, de qué nos reímos? Pareciera ser que allí nos olvidamos de quiénes somos, pareciera que olvidamos que tenemos un llamamiento santo sobre nosotros.

Cuando relativizamos nuestro llamamiento, una de las cosas que ocurren es que nuestro lenguaje se mezcla. ¿Sabe cuál es el  idioma que debemos hablar siempre? El lenguaje de Dios. Su palabra es nuestra palabra, su voz es nuestra voz.

No tenemos otro idioma, hablemos como Él habla, donde sea, con quien sea, con los amigos, con nuestra familia, en todo lugar. Que no haya mezcla en nuestro corazón.

El lenguaje representa también la identidad de un pueblo. En Europa hay muchos países muy cercanos unos de otros; sin embargo, cada cual tiene su propio idioma y eso lo hace diferente de sus vecinos; le da una identidad. Una nación con un idioma mezclado, tiene un grave problema de identidad.

Nosotros somos del reino celestial, somos de Dios, somos la embajada de este reino aquí en la tierra. El Señor nos libre del lenguaje de Asdod, para que podamos hablar solamente el lenguaje de Jesucristo.

Llamamiento con propósito

Volviendo a Timoteo, tenemos un llamamiento santo, y esto es algo muy serio. Ahora, unimos esos dos conceptos, salvación y llamamiento, y nos preguntamos: ¿Para qué Dios nos salvó? ¿Cuál es el propósito de nuestra salvación? ¿Cuál es el propósito de nuestro llamado?

Vamos a decirlo primero en negativo: Dios no nos salvó tan solo para librarnos del infierno y llevarnos al cielo. Ese no es el propósito final de Dios.

Entonces, ¿Para qué nos salvó Dios?

Algunos podrían decir: «Hermanos, Dios nos salvó  para predicar a Cristo, para evangelizar, para hablarles a otros acerca del Señor». Y sí, tenemos que predicar, tenemos que hablar; pero ese no es el propósito final de Dios, no es su objetivo último.

No confundamos ese propósito con la gran comisión; la gran comisión es una tarea, pero no es el objetivo final. Entonces, ¿cuál es el propósito por el cual Dios nos salvó y nos llamó?

Comunión con su Hijo

Vamos a (1 Corintios 1:9): «Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor».

Entonces, ¿fuimos llamados a salir a hacer cosas?

En primera instancia, no. Dios nos llama, primero, a tener comunión con su Hijo. Para eso él proveyó una tan grande salvación, porque él deseaba en su corazón tener comunión con nosotros.

Un versículo muy interesante de Apocalipsis referente a Laodicea suele ser mal interpretado, especialmente cuando lo relacionamos con aquellos que aún no creen en el Señor. «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo» (Apoc. 3:20).

Sin embargo, esta carta fue escrita a los hermanos en Laodicea.

Los destinatarios no eran incrédulos, sino creyentes en el Señor. Pero algo ocurría con ellos, que aún siendo creyentes, el Señor permanecía fuera.

Eso tiene que ver con el propósito por el cual Dios nos salvó. ¿Qué pasó con Laodicea, entonces?

Ellos no entendían que el propósito de Dios para con ellos no consistía en que hicieran obras, ni en que disfrutaran de bonanza económica, o de un activismo febril; sino en que Dios quería tener comunión con ellos, porque para eso los había salvado.

Cristo habitando

Veamos un segundo aspecto, en (Efesios 3:14-17): «Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones».

¿Cuál es el ruego de Pablo aquí? El apóstol no está orando por los inconversos, sino por la iglesia en Éfeso, y ¿cuál es el motivo de su oración? Él ruega al Padre para ellos sean fortalecidos en el hombre interior por su Espíritu. ¿Para qué? «…para que Cristo habite por la fe».

La primera carta en Apocalipsis es a la iglesia en Éfeso. Y el Señor da buen testimonio de ella. Ellos amaban a los hermanos, hacían muchas cosas loables; pero hay algo que el Espíritu tenía en contra. ¿Qué era? «Has perdido tu primer amor». Eso es, has perdido el amor al primero que debe estar en tu corazón.

Es interesante que esta oración de Pablo por la iglesia en Éfeso también se encuentre en el mismo sentir: «…para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones».

Nosotros podríamos decir: «Pero Cristo ya habita en mi corazón, hermano. Hace tantos años que creo en el Señor, que confesé su nombre. Por lo tanto, él ya habita en mi corazón».

Pero cuando Pablo escribe esta carta, Éfeso es una iglesia que ya lleva años caminando. Ellos ya habían vivido muchas cosas. Eran hermanos en los cuales la fe estaba presente, que se reunían todos los días, que estaban haciendo actividades para el Señor, estaban predicando la palabra.

Residencia permanente

¿Cómo, entonces, el Apóstol Pablo ora para que, en ellos, habite Cristo por la fe? Aquí no se está refiriendo a la salvación.

Pablo no está orando para que sean salvos, porque ya lo son. Entonces, hermanos, este habitar de Cristo va mucho más allá de la salvación.

Habitar no es estar un tiempo de paso en algún lugar y luego marcharse. Habitar es hacer de un lugar su residencia permanente. Este era el ruego de Pablo, que el Señor morara en el corazón de ellos de forma permanente. ¿Por qué enfatizamos este punto? Porque a veces nosotros vivimos creyendo en el Señor, pero no con Cristo habitando en nuestro corazón.

Usted me dirá: «Hermano, ¿pero se puede vivir así? Sí, se puede vivir creyendo en el Señor sin que él necesariamente esté habitando en nuestro corazón.

Que habite Cristo en nosotros, significa que podemos vivir una vida cristiana en real dependencia del Señor.

Así como hay una diferencia entre un creyente y un no creyente, así también hay una diferencia enorme entre un creyente común y uno en el cual Cristo habita por la fe en su corazón.

Cristo vive en mí

El corazón representa toda nuestra personalidad. Nosotros lo dividimos en voluntad, sentimientos, emociones; pero, en el fondo, nuestro corazón es nuestra personalidad, todo lo que somos.

Cuando Cristo habite por la fe en el corazón, entonces él va a vivir por usted; entonces él va a tomar las decisiones y no usted, porque él va estar habitando en el corazón.

Hermanos, es tan importante que comprendamos este asunto por revelación. Esto constituye el punto más álgido de nuestra carrera cristiana. De las revelaciones que Pablo tuvo, ésta fue la mayor: que Cristo llegase a habitar en nosotros. Eso es lo que Dios quiere. No quiere estar al lado como un orientador, no. Él no quiere solo influenciarnos; él quiere vivir en nosotros, quiere dirigirlo todo.

Por eso, Pablo dice: «Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí». Ese es el fin. Dios nos salvó para que Cristo habitara en nuestros corazones. Ese es el propósito de nuestra salvación. Dios nos salvó para que Cristo sea el dueño de nuestro corazón, para que él gobierne toda nuestra vida.

Dejemos que él haga morada en nosotros. Espiritualmente, esto es así, pero muchas veces nosotros ponemos trabas al Señor y no se lo permitimos. Tenemos nuestros cuartos secretos en el corazón, donde Dios no tiene cabida, cerramos las puertas de algunas habitaciones y allí él no entra, no está habitando como él quiere hacerlo; no está haciendo uso de su habitación como quiere, porque nosotros lo restringimos, porque no le dejamos libertad para que gobierne toda su casa.

¿Biografía o experiencia real?

Cuando decimos que el propósito de Dios es que tengamos comunión con su Hijo y que él habite en nuestro corazón, lo podemos asemejar a esto: usted puede leer la biografía de un personaje y una vez concluida la lectura puede llegar a creer que usted conoce a esa persona, porque conoce la información esencial de la vida de ella.

A veces tratamos al Señor como si fuese un personaje común, nos conformamos con leer su biografía, en los evangelios, en las epístolas, y si alguien nos pregunta acerca de la vida de Jesús, podríamos señalar algunos aspectos, y podríamos hablar acerca de él e incluso dar detalles que otros no perciben.

Cuando alguien lee una biografía, cree conocer a la persona, pero si llegase a tener un encuentro con la persona real, quedaría completamente sorprendido, porque descubriría muchos detalles imposibles de describir en una mera biografía escrita.

Aún no es suficiente

Amados, no creamos que ya conocemos plenamente al Señor o que ya es suficiente con la revelación que tenemos.

Demos gracias por todo lo que hemos recibido de Él, pero nos va a faltar eternidad para contemplar y conocer a Aquel que es el verdadero. No seamos osados en creer que ya le conocemos.

Hemos leído los evangelios, se nos han abierto las Escrituras y hemos visto detalles de la vida de Jesús. Es bueno hacerlo, pero eso no es base suficiente para decir que le conocemos.

¿Cuánto conocemos a aquel que nos salvó y que nos llamó? ¿Cuánta comunión hemos tenido con él? ¿Tenemos intimidad con él?

Lo más maravilloso de todo esto es que Dios quiere manifestarse a nosotros.

Él es el primer interesado en que tú le conozcas. Él quiere revelarse. Pablo dice: «Agradó  a Dios revelar a su Hijo en mí». Eso es revelación, no solo lectura intelectual de las Escrituras.

Tengamos experiencias con él, comunión real, intimidad con él.

Amados hermanos, para esto Dios nos salvó, para esto Él nos llamó: para tener comunión con nosotros, pero también para habitar en nosotros, para hacer de nosotros su permanente habitación.

¡Dios les bendiga!




Aguasvivas.cl


lunes, 23 de marzo de 2015

La Tierra Prometida





El Antiguo Testamento es una rica veta de oro para los estudiosos del Nuevo Testamento.

Allí están representados simbólica y tipológicamente los principales hechos y realidades espirituales, con una gran variedad de significados.

Y de todos los símbolos y tipos, la Tierra de Canaán es una de las principales... ¿Qué representa?

La Tierra Prometida es Cristo, para ser recibido en posesión y para ser disfrutado.

Cada palmo de esa Buena Tierra espera por nosotros para que pongamos sobre ella nuestro pie y la hagamos nuestra (Deut. 11:24).

Porque las riquezas de Canaán son inefables. Y (Deut. 8:7-10) nos da una bella descripción.

Cada vertiente, cada flor, cada árbol. Cada surco es objeto de la mirada atenta de Dios (Deut. 11:12).

¡Oh, de verdad, Cristo es precioso!

Con razón, el salmista afirmaba: "Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos; es hermosa la heredad que me ha tocado" (Sal. 16:5-6).

Y el apóstol Pablo decía: "(Cristo) En quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento" (Col. 2:3).

Cristo es la Buena Tierra que esconde tesoros.

Israel no conquistó, por pereza o por cobardía, toda la tierra que Dios le dio. Mas que no ocurra así con nosotros respecto a Cristo.

Porque cada vericueto, cada brizna de hierba, cada metro cuadrado (por decirlo así) esconde algún tesoro que espera por nosotros.

Ellos no están a la vista, para que no los pisoteen los cerdos. ¡Están escondidos, pero no tanto como para que no puedan ser halladas, si lo pedimos al Padre!

Cristo es el Don de Dios, precioso y perfecto. Más que el Edén de Adán, más que el Canaán de Israel (las cuales son sólo figura y sombra) es el Cristo de Dios para aquellos a quienes ha sido revelado.

Así que, ¡adelante, cristianos! ¡A tomar posesión de la Tierra!

Vemos que a cada cristiano le es dada una porción de Cristo. Ningún cristiano particular puede conocerle y disfrutarle enteramente. Tampoco puede expresarle completamente.

Pero una porción es suficiente para el regocijo de cada uno.

Y al juntarnos todos en amor y al compartir lo que de Cristo hemos recibido, vemos a Cristo completo, expresando todas sus inefables gracias en el cuerpo que es la iglesia. ¡Y entonces toda la heredad viene a ser nuestra y es disfrutada en comunión!

En Canaán, en Cristo, está el reposo del cristiano. Está el reposar de los ataques de los enemigos, y de Amalec, que es, por fin, destruido (Deut. 25:19).

Cristo es también el reposo de las obras de la Ley. La carne y sus obras quedan atrás. Ahora entramos al régimen del Espíritu Santo.

En Cristo está la plenitud y la riqueza. En Cristo, y sólo en Él está la perfección… todo en Él es deleitoso.

¡En Cristo somos hallados perfectos!

¡Nada menos que eso ha preparado Dios para todos los que le aman!

¡Dios te bendiga!





Aguasvivas.cl



jueves, 19 de marzo de 2015

El espíritu de violencia





El mensaje del evangelio de Jesucristo es un mensaje de salvación, de amor, y de paz. 

De la boca del Señor de Gloria siempre salen palabras que transforman la manera de ver la vida y la eternidad.

Sin embargo, el espíritu del hombre alberga el odio y la violencia, y no entiende fácilmente otro lenguaje. Por eso, el Señor Jesús hubo de luchar contra este espíritu en el propio corazón de sus discípulos reiterándoles su enseñanza, y esperándolos hasta que la aprendieran.

Dos de sus discípulos eran especialmente violentos: Juan y Jacobo. No por nada el Señor les apellidó “Boanerges”, que significa Hijos del trueno.

La nota que ellos normalmente pulsaban era de encono y violencia, nunca acordes con el espíritu de su Maestro.

Pero el Señor Jesucristo no los desechó por eso. Antes bien, Él los escogió quizá, en parte, para demostrar cómo Él puede transformar con su poder a hombres de esa clase.

El momento culminante de este proceso de aprendizaje lo tuvieron ellos cuando subían a Jerusalén, en las proximidades de la última Pascua.

El Señor Jesús iba a ser entregado dentro de poco. Y por supuesto, Él sabía lo que le esperaba… la cruz estaba ya delante de él, y su espíritu quebrantado se disponía a entregarse a la muerte por todos nosotros.

Pero vemos en la Biblia que no ocurría lo mismo con sus discípulos.

Ellos iban dispuestos a “defender a su Maestro”, aunque ignorasen que en tal batalla no tenían armas con qué vencer.

Esta vez la violencia del corazón de ellos se manifestó en una aldea samaritana que se negó a recibirlos.

Los discípulos habían sido enviados por el Señor a esa aldea para que les hiciesen preparativos. Pero los aldeanos no les recibieron, porque "su aspecto era como de ir a Jerusalén" (Luc. 9:53).

La excusa es para nosotros un tanto extraña, pero tiene que ver con la odiosidad ancestral que había entre judíos y samaritanos. "Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?".

Aquí tenemos a los boanerges, a los hijos del trueno, y su modelo inspirador de sus palabras, que no era precisamente la Palabra del Señor Jesús, sino la actitud de Elías, el austero y duro profeta de Israel.

Y así como había hecho Elías con los soldados de Ocozías, igual querían hacer ellos con los samaritanos de aquella aldea.

Por eso es que el Señor les reprende: "Vosotros no sabéis de qué espíritu sois".

Cabe una pregunta: ¿De quién eran ellos discípulos, de Jesús o de Elías?

¿En qué lado de la historia se encontraban, en el Antiguo o en el Nuevo Pacto?

¿Qué espíritu aleteaba en ellos, el del Sinaí o el del Gólgota?

¿Eran ellos cual leones, o cual corderos?

El Señor agrega: "Porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea".

Vemos que el principio que subyace en esta negativa del Señor es salvar, no perder.

Y para Cristo siempre es eso: Salvación, no condenación. Amor, no odio. Paz, no violencia.

De modo que los discípulos habrían de tener muy claro en su corazón cuál sería el norte de su vida, cuál sería la inspiración de sus palabras.

¿Qué hacer con los que nos menosprecian?  ¿Excomulgarlos? ¿Condenarlos? ¿Dejar caer sobre ellos las penas del infierno?

No, amados, sino buscar su bien… salvarlos.

Por lo demás, es en el menosprecio que recibimos de los demás donde se prueban la humildad y la mansedumbre a que hemos arribado.

¡Bendiciones para todos!





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