jueves, 26 de febrero de 2015

El firme fundamento





A menudo, la vida cristiana es comparada a una labranza, o a un edificio.

En ambos, su edificación empieza siempre desde abajo.

En la labranza, la semilla debe ser primero enterrada, morir, nacer y enraizar, para después dar fruto (1 Cor. 15.36).

Y así también el edificio. Se empieza por el cimiento, edificando luego hacia arriba.

Estas figuras muestran claramente cómo ha de ser el crecimiento en la vida cristiana. Primero tenemos que morir y ser sepultados, para que la vida de la resurrección, la vida del Señor Jesús, brote para dar mucho fruto.

En la edificación de la vida cristiana es necesaria la operación de la cruz, la muerte de las obras de la carne por medio del Espíritu, el vaciamiento del yo, el quebrantamiento del hombre de carne.

El hombre interior, el espiritual, debe crecer primero hacia abajo, ser fortalecido, arraigado y confirmado, para después crecer hacia arriba, a partir de la piedra angular que es el Señor Jesucristo.

Este proceso de edificación no es visto por los que están fuera. Sólo después que esté bien fundada, arraigada, empieza la edificación hacia arriba, y sólo entonces empieza a ser notada por otros… y tan sólo ahí la vida del Señor aparece.

Primero la muerte opera en nosotros, para luego manifestar la vida (2 Cor. 4.12).

Cuanto más arraigados y más fundamentados en Jesús, más fuerte y aparente se va a desarrollar el crecimiento, principalmente si ellos están establecidos en suelo pedregoso o sobre la roca (Mat. 7.24).

El Señor conoce nuestra situación y sabe sobre cuál fundamento estamos; sabe cuál es el tipo de raíz que tenemos y cómo estamos arraigados; si ella es profunda o superficial, si está en Cristo o en cualquiera otra cosa.

Muchos quieren la edificación, pero pocos quieren pasar por el trato para alcanzar profundidad en la vida cristiana.

Prefieren una vida rasa, sin sufrimientos.

Que el Señor nos ayude a comprender esto; que recibamos con gracia la edificación que empieza en la base, dolorosa la mayoría de las veces, para que ella crezca sobre bases sólidas, y la gloria de Cristo resplandezca.

¡Dios te bendiga!





Aguasvivas.cl

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