jueves, 3 de abril de 2014

Jesús, Señor Nuestro



«Jesús, Señor nuestro»
(Romanos 4:24).


EL NOMBRE BENDITO DE JESÚS, EL HIJO DE DIOS, ES  SOBRE TODO PRINCIPADO Y AUTORIDAD Y PODER Y SEÑORÍO, Y SOBRE TODO NOMBRE QUE SE NOMBRA, NO SÓLO EN ESTE SIGLO, SINO TAMBIÉN EN EL VENIDERO. (EFE. 1:21)

Y ESTE NOMBRE: JESÚS, SEÑOR NUESTRO, MUESTRA UN GRAN CONTRASTE CON LA ENCARNACIÓN Y HUMILLACIÓN EN EL PESEBRE.

Y AUNQUE EN POBREZA, EN VERGÜENZA Y MUERTE; JESÚS ERA Y SIGUE SIENDO, SIN EMBARGO, SEÑOR.

DEBE SER EL GRAN ANHELO DE CADA UNO DE NOSOTROS SEGUIR AL SEÑOR PLENAMENTE: EN EL CURSO DE NUESTRA OBEDIENCIA A LA VOLUNTAD DE DIOS Y DE NUESTRO SERVICIO A SU HONOR; UNIVERSALMENTE, SIN DIVISIÓN; RECTAMENTE, SIN SEPARARNOS; GOZOSAMENTE, SIN DISPUTAR; Y CONSTANTEMENTE, SIN TIBIEZA... ESTO ES SEGUIRLE PLENAMENTE.

VEREMOS ALGO SOBRE ESTE TEXTO ROGANDO AL SEÑOR QUE UNJA CON ACEITE FRESCO SU PALABRA, EN EL PRECIOSO NOMBRE DE CRISTO.

I. SU TIERNA CONDESCENDENCIA ENNOBLECE EL TÍTULO.

NOSOTROS LE RECONOCEMOS COMO SEÑOR MÁS PLENAMENTE Y SIN RESERVAS PORQUE NOS AMÓ, DIO SU VIDA Y SE DIO A SÍ MISMO POR NOSOTROS.

EN TODOS LOS PRIVILEGIOS QUE NOS HA CONCEDIDO ÉL ES SEÑOR DE NUESTRA SALVACIÓN.

Y NOSOTROS HEMOS RECIBIDO A CRISTO JESÚS EL SEÑOR (COL. 2:6)  Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él.

CON REFERENCIA A LA IGLESIA LE HALLAMOS COMO CABEZA DE LA IGLESIA, A QUIEN TODO ESTÁ SUJETO (EFE. 5:23)  porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.

EN LA OBRA DE NUESTRA VIDA, JESÚS ES SEÑOR, Y VIVIMOS PARA EL SEÑOR (ROM. 14:8)  Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.

GLORIFICAMOS A DIOS EN SU NOMBRE, Y LE GLORIFICAMOS
EN LA RESURRECCIÓN DE JESÚS, QUE ES EL PRIMOGÉNITO ENTRE LOS MUERTOS (COL. 1:18) y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.

GLORIFICAMOS A DIOS EN SU ADVENIMIENTO… PORQUE SU APARICIÓN ES EL PRINCIPAL MOTIVO DE GLORIA (TITO 2:13) aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.

EL SEÑOR JESÚS, EN LA GLORIA ETERNA, SERÁ ADORADO PARA SIEMPRE (APO. 5:12-13) que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. 13 Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

II. NUESTROS CORAZONES SABEN QUE EL SEÑOR JESÚS ES NUESTRO SALVADOR

1. POR ESO NOS RENDIMOS SÓLO A ÉL.

MOISÉS ERA UN SIERVO… PERO JESÚS ES SEÑOR, MAESTRO Y CRISTO DE TODOS.

(MAT. 23:8-10) que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.
13 Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

2. NOS DAMOS A JESÚS SIN RESERVAS… DESEAMOS QUE NUESTRA OBEDIENCIA SEA PERFECTA.

3. LE RECONOCEMOS EN LA ADMINISTRACIÓN DE TODOS LOS ASUNTOS EN LA IGLESIA Y EN LA PROVIDENCIA PARTICULAR SOBRE NUESTRAS VIDAS.

III. HALLAMOS DULZURA EN LA PALABRA «SEÑOR NUESTRO».

PORQUE NOS HACE RECORDAR NUESTRA RELACIÓN PERSONAL CON EL SEÑOR.

CADA CREYENTE USA ESTE TÍTULO EN SINGULAR Y LE LLAMA DE CORAZÓN: «MI SEÑOR

DAVID DIJO: «JEHOVÁ DIJO A MI SEÑOR

ELISABET EXCLAMÓ: «LA MADRE DE MI SEÑOR

MAGDALENA DIJO: «SE HAN LLEVADO A MI SEÑOR.»

TOMÁS DIJO CUANDO LE VIÓ RESUCITADO: «SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO.»

EL APÓSTOL PABLO ESCRIBIÓ: «EL CONOCIMIENTO DE CRISTO JESÚS MI SEÑOR

5. NUESTRO ANHELO DE HACERLE SEÑOR SUPRIME TODA EXALTACIÓN PROPIA.

6.NUESTRO GOZO COMÚN EN JESÚS COMO SEÑOR ES UNA EVIDENCIA DE LA GRACIA Y HACE SENTIRNOS UNIDOS EL UNO CON EL OTRO. (1 COR. 12:3) Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.

UN DISCÍPULO DE CRISTO ES AQUEL QUE SE DA A SÍ MISMO PLENAMENTE A LA DISPOSICIÓN DE CRISTO: PARA APRENDER LO QUE ÉL ENSEÑA; CREER LO QUE ÉL REVELA; HACER LO QUE ÉL MANDA; EVITAR LO QUE PROHÍBE; SUFRIR LO QUE ÉL PERMITE POR SU CAUSA, CON LA ESPERANZA DE LA RECOMPENSA QUE NOS HA SIDO PROMETIDA.

TAL ES UN DISCÍPULO DE CRISTO.

¡DIOS TE BENDIGA!


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