martes, 1 de julio de 2008

Un testimonio aterrante



La Biblia dice en Daniel capítulo 4 que Nabucodonosor, rey de Babilonia, tuvo un sueño que le turbó, de modo que mandó llamar al profeta Daniel para que le interpretase su sueño.
El profeta Daniel le dijo al rey que le sucedería lo siguiente por causa de su orgullo:


“Esta es, oh rey, la interpretación: Es un decreto del Altísimo que ha caído sobre mi señor el rey. A ti te echarán de entre los hombres, y junto con los animales del campo estará tu morada. Te darán de comer hierba, como a los bueyes, y serás mojado con el rocío del cielo. Siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo es Señor del reino de los hombres y que lo da a quien quiere. Y lo que dijeron, que dejasen en la tierra el tronco de las raíces del árbol, significa que tu reino continuará firme después que tú reconozcas que el señorío es de los cielos”.
(Daniel 4:24-26)

Un año después, cuando Nabucodonosor estaba paseando por su palacio real el sueño se convirtió en realidad: La Biblia dice en Daniel 4:30 que el rey habló con gran orgullo diciendo:

“¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué como residencia real, con la fuerza de mi poder y para gloria de mi majestad? Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando descendió una voz del cielo: “A ti se te dice, oh rey Nabucodonosor, que el reino ha sido quitado de ti….con los animales del campo será tu morada. Te darán de comer hierba como a los bueyes. Siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo es Señor del reino de los hombres y que lo da a quien quiere.”

En la misma hora se cumplió la palabra acerca de Nabucodonosor.

Ahora bien, lo interesante de todo esto es que una cita semejante a la de Nabucodonosor se ha encontrado, aparte de la Biblia, que es casi idéntica a esta afirmación de Daniel 4:30.

La inscripción conocida como la inscripción de La Casa del Este de la India deja constancia de las actividades de construcción de Nabucodonosor en Babilonia y afirma lo siguiente:
“Mi nombre será recordado a lo largo de toda la historia durante todas las épocas debido a que convertí Babilonia y Esagila en una poderosa fortaleza.”
La grandeza de Babilonia también fue mencionada por el historiador griego Heródoto, que visitó Babilonia noventa años después del reinado de Nabucodonosor.

En sus escritos dice que se sintió turbado y asombrado por la enorme cantidad de oro que había en Babilonia. Dijo que todas las paredes de Babilonia estaban cubiertas de una capa de oro.

Nabucodonosor estaba convencido de que había sido su propia mano la que había creado una ciudad tan magnífica y que él mismo gobernaba de manera suprema, pero Dios hizo que este poderoso gobernante se volviese loco durante siete estaciones con el propósito de enseñarle una lección, a fin de que supiese que es Dios el Señor el que reina y Gobierna el Universo.

Los documentos reales babilónicos relacionados con Nabucodonosor mismo, muestran las siete estaciones que transcurrieron como el tiempo en que estuvo loco:

“Durante cuatro años mi reino no me dio el menor gozo. Durante ese tiempo, no di orden de que se construyese ni un solo edificio importante y en Babilonia misma, no se erigió ningún edificio para rendir tributo a mi nombre o para darme gloria. No canté alabanzas a Merodac, mi dios, ni presenté sacrificios ante su mesa de las ofrendas ni limpié ninguno de los canales.”

Hay que hacer notar que en Babilonia contaban solo dos estaciones, el verano y el invierno. Por lo tanto (siete estaciones) equivalen a tres años y medio, y Nabucodonosor afirmó que no se deleitó en su reino durante cuatro años. ¡Impresionante!

Nabucodonosor aprendió por fin a humillarse ante Dios, como su padre, Nabopolasar, había aprendido a hacerlo antes de él. Nabopolasar, hablando acerca de sus humildes orígenes, escribió:

“En cuanto a mis orígenes, nací siendo hijo de un don nadie . . . En mi opinión, fui considerado como el menos deseable de todos los hombres, no siendo considerado importante a los ojos de otros.”

Esta es la declaración más importante hecha por Nabucodonosor, Rey de Babilonia:


"Pero al cabo de los días yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo; y me fue devuelta la razón. Entonces bendije al Altísimo; alabé y glorifiqué al que vive para siempre. Porque su señorío es eterno, y su reino de generación en generación. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada. El hace según su voluntad con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra. No hay quien detenga su mano ni quien le diga: “¿Qué haces?”…Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, exalto y glorifico al Rey de los cielos, porque todas sus obras son verdad y sus caminos son justicia. El puede humillar a los que andan con soberbia.” 
(Daniel 4:34-37)





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