sábado, 5 de abril de 2008

¿Todo acaba con la muerte?


El otro día un amigo me preguntaba acerca de las promesas de Vida Eterna, y me decía: “¿Qué caso tiene hacer eso? ¿Por qué tienen que ser así las cosas? ¿No acaba todo con la muerte?"

Lo miré y pude ver la angustia retratada en sus ojos. ¿Te preocupa la muerte, no es así? le pregunté. Y él me contestó con 
un ligero movimiento de cabeza.

Pasé entonces a hablarle primero acerca de la soberanía de Dios sobre Su Creación y sus criaturas. Después le hablé de la guerra espiritual que hubo en el Cielo y que las Sagradas Escrituras nos hacen evidentes. Le hablé del despojo del primer hombre, Adán, en Edén, y cómo entró la muerte y la enfermedad al mundo. 

Le hablé del juicio que Dios citó en (Gén. 3:15); le hablé de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento, y por último le hablé de los cuatro Evangelios, que resumen justamente el cumplimiento de tales profecías.

Cerré con la vida de Jesucristo y su Ministerio de Salvación en la Tierra, y concluí con Su Resurrección, que es la piedra angular de la fe cristiana. No omití referirle que hubo hechos que confirman todo lo que dice la Biblia en el Libro de los Hechos de los Apóstoles.

Entonces él me preguntó: ¿Qué certeza puedo tener de todo esto que dices? Le respondí que la certeza no podía dársela yo, sino que nos la da el mismo Señor Jesucristo cuando se le recibe personalmente en el corazón haciendo la oración de fe. La certeza la da el Señor Jesús si nosotros le dejamos entrar y le abrimos la puerta.

Es entonces cuando Él comienza a restaurar nuestras vidas. 

Le dije que de otro modo no se puede, porque la Biblia así lo dice: la persona tiene que nacer de nuevo, es decir, necesita nacer de agua y del espíritu. Dios no echa su Vino Nuevo en odres viejos, sino en odres nuevos.  Y cuando se hace esto, Dios comienza a obrar en nuestro espíritu y empieza a trabajar espiritualmente con nosotros de corazón a corazón.

Mi amigo estaba quebrantado. Ahí mismo se atrevió a abrirle la puerta a Jesús y ahí mismo recibió al Señor Todopoderoso en su corazón.

Doy gracias a Dios por estas cosas que Él hace. Es así como Dios nos regala la Vida Eterna después de la muerte.

Muchas personas creen que todo comienza al nacer y acaba al morir. Pero lo cierto es que el asunto apenas comienza con la muerte. No nos dejemos engañar. Hay una promesa de Vida Eterna para todo el que cree; Dios no nos la puso tan difícil.

Pero a veces nos parece increíble, y otras nos parece algo imposible. Es la estratagema del enemigo para que no pases de muerte a vida. Él no quiere que tú te salves.
No obstante Dios dice: hoy es el día.

La Biblia dice en (Romanos 10:8-11) lo siguiente: 

Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

Y Dios nunca nos engañaría. Engaña el hombre, se engaña el hombre... pero Dios siempre es veraz en su amor por tí y por mí.

Recibe hoy a Jesús en tu corazón y sabrás que las Sagradas Escrituras no mienten.

Solamente dile: 

Señor y Padre celestial: Me arrepiento de todos mis pecados. Te pido perdón porque te he ofendido todos los días de mi vida. Límpiame y lávame con la preciosa Sangre que Jesús derramó por mí en la Cruz del Calvario. Entra en mi corazón y cámbiame. Le abro la puerta de mi corazón a tu Hijo Jesucristo, mi Señor y Salvador. Transfórmame a partir de hoy y hazme la persona que tú quieres que sea. Escribe mi nombre en el Libro de la Vida. Gracias por regalarme la Vida Eterna. En el nombre bendito de Jesús. Amén.

Disfruta este día. Si oraste, eres salvo por toda la eternidad.


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