lunes, 24 de marzo de 2008

El Altísimo y Su Gloria


¿Extendiste tú con él los cielos,
Firmes como un espejo fundido?
Muéstranos qué le hemos de decir;
Porque nosotros no podemos ordenar las ideas a causa de las tinieblas.
¿Será preciso contarle cuando yo hablare?
Por más que el hombre razone, quedará como abismado.

Mas ahora ya no se puede mirar la luz esplendente en los cielos,
Luego que pasa el viento y los limpia,
Viniendo de la parte del norte la dorada claridad.
En Dios hay una majestad terrible.
El es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder;
Y en juicio y en multitud de justicia no afligirá.
Lo temerán por tanto los hombres;
El no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser sabio.”

[Job 37: 18-24]

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